Fútbol y el mundo al revés

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Con motivo de la horrorosa y dolorosa derrota -para los latinoamericanos, al menos- que la selección de Alemania propinó a la de Brasil, ha circulado en internet un mensaje lleno de sarcasmo: con el título “Si el juego hubiese sido en Nicaragua, el resultado sería el siguiente”, aparece la imagen del Presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas, con dos tarjetas dando los resultados: Brasil 7, Alemania 1. Es decir, el mundo al revés.

A mí, a mi esposa, y a la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, y a todos los que votamos en la Junta Receptora de Votos (JRV) 1540, que está en el costado este del Parque Las Palmas de Managua, nos ha tocado ver, bajo el arbitraje del actual gobierno y su Consejo Electoral, ese mundo al revés: en esa JRV, en cuatro elecciones sucesivas (las presidenciales de 2001 y 2006, y las municipales de 2004 y 2008), Ortega nunca sacó más del 34%, y en 2006, las presidenciales anteriores a que volviera al gobierno, apenas sacó el 27%, pero en 2011, ya siendo gobierno……..¡sacó el 63%!

El tema resulta pertinente porque en la semana que termina se han conocido los resultados, para Nicaragua, de uno de los sondeos periódicos de la opinión pública latinoamericana más rigurosos, técnicamente hablando, y más prestigioso en el mundo académico. Se trata del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP), coordinado por la Universidad de Vandervilt, Tennessee, Estados Unidos.

El estudio entrega, entre otros, un dato muy revelador: más de la mitad de los nicaragüenses tiene temor de hablar de política aun entre sus amigos. Y un nueve por ciento adicional dijo que dependía de las circunstancias para hablar o no de política. Es decir, “casi dos tercios de los nicaragüenses viven cierta desconfianza para hablar abiertamente sobre política”, según declaró a La Prensa (10 de junio) Kenneth Coleman, politólogo vinculado al mencionado proyecto de opinión pública.

Ese resultado, dos de cada tres nicaragüenses que tienen temor de hablar sobre política, es consistente con otro resultado recurrente de las encuestas: mientras la inmensa mayoría insiste en la persistencia de problemas económicos básicos de pobreza, desempleo y salario, cuando se les pregunta su opinión sobre Ortega y su gobierno, la opinión es mayoritariamente favorable. Esa aparente contradicción se resuelve precisamente por el temor de los nicaragüenses a confesar su verdadera opinión política, temor que ya ha sido reportado por otras firmas encuestadoras (CID Gallup).

Recientemente estuve conversando con algunos politólogos al respecto, pero no hablando de Nicaragua, sino de Panamá, en que los resultados electorales contradijeron abiertamente los pronósticos de las encuestas que daban por ganador al candidato de un gobierno que desarrolló amplios programas clientelares.

Esos politólogos me confirmaron que precisamente estaban investigando una hipótesis que he levantado en mis artículos en este periódico: como los hogares son recurrentemente asediados por funcionarios gubernamentales, que andan levantando información sobre las familias (cuántos son, cuántas mujeres, cuántos niños y niñas, de qué edad, cuántos ancianos, si tienen goteras, si el piso es de tierra, si los niños y niñas están vacunados, si desean recibir el paquete navideño, láminas de zinc, o tener acceso a comprar “frijoles solidarios, etc, etc), para supuestamente enlistarlos en programas de beneficio gubernamental, las personas se sienten absolutamente identificadas -me tienen “cuadriculado”, suelen decir- de tal forma que cuando les preguntan por sus preferencias políticas, lo menos que pueden pensar es que si confiesan la verdad se exponen a perder tal o cual beneficio, real o potencial.

Pero no se crea que ese temor existe solamente en los sectores populares. Hablemos de los empleados públicos, que están más “cuadriculados” que nadie, ¿se atreverán a confesar sus preferencias políticas cuándo son encuestados?

Pero vayamos más para arriba: los empresarios que pueden quedar excluidos de los proyectos gubernamentales, o ser asediados con la política fiscal y aduanera, o que de ocultar sus preferencias depende tal o cual fallo en los tribunales, ¿confiesan sus preferencias políticas?

Si ocultar preferencias políticas ocurre en otras partes, en que los riesgos son menores, ¿qué tal con los Gabinetes de Familia orteguistas?

El mundo al revés, como se puede ver, no está tan al revés.

Razones para creer, y para no creer en el canal

Cada vez que me preguntan sobre si el proyecto del Gran Canal por Nicaragua va en serio, contesto que casi todos los días hay una razón para creer, y otra para no creer.

No estoy hablando de si me parece o no me parece que se haga el canal. En varias ocasiones he dicho que ojalá el canal se haga, pero se haga bien: bien en términos ambientales, bien en términos ingenieriles, bien en términos económicos, y bien para el beneficio y desarrollo del país (lo que por cierto, bajo los términos de la concesión, está sometido a gran duda, por no decir que es contraria a los intereses nacionales).

De la comparecencia de Wang Jing, Ortega y sus voceros, esta semana. se desprendieron, casi para el gusto de cada quien, razones para creer y razones para no creer en el proyecto del Gran Canal.

Cuando el encargado de relaciones públicas de Wang Jing fue interrogado por Carlos Fernando Chamorro por qué si habían anunciado que a finales de 2013 presentarían a los inversionistas del Canal, medio año después aún no lo han hecho, contestó diciendo que no podía decirlo pues como los potenciales inversionistas cotizaban en la bolsa de valores, eso era un secreto. Con esta respuesta, los voceros de Wang Jing están ocultando la verdad o pecando de ignorantes, y como esto último es improbable porque de tontos no tienen un pelo, como lo demuestra la concesión que obtuvieron de Ortega, examinemos otra explicación.

La gran crisis económica que se destapó en 2008, y cuyas consecuencias aún se sienten dolorosamente en gran parte del mundo, fue atribuida precisamente al secretismo -y al amparo del secretismo, la corrupción- en los mercados internacionales de capital, especialmente de firmas que cotizan en bolsa.

Si, por ejemplo, firmas que cotizan en la bolsa de valores de New York, anuncian que están contemplando invertir en el Gran Canal de Nicaragua, que para los efectos de un proyecto de inversión de esa envergadura está cubierto de un espeso velo de misterio que alienta la incertidumbre, ¿que podría pasar? Esas firmas de inversión, que ocupan los ahorros de millones de ahorrantes -personales y empresariales- de todo el mundo, tienen que asegurar a esos ahorrantes que invierten sabia y prudentemente sus ahorros. Lo que pasaría es que, en el mejor de los casos, esas firmas perderían credibilidad y, en el peor, hasta se expondrían a una verdadera estampida de ahorrantes corriendo a retirar sus fondos.

Si la inversión en el Gran Canal luciera como algo serio y atractivo para los inversionistas, los voceros de Wang Jing no deberían dudar en mencionar las fuentes de su financiamiento en las bolsas de valores. Si no lo hacen, es porque la fuente de financiamiento en la que están pensando, o a quien piensan vender la concesión, es otra, muy probablemente el gobierno de China. Y esto en sí mismo no es ni bueno ni malo, sino como se haga, y ya no solamente en términos ambientales, técnicos y económicos, sino también geopolíticos. Pero si lo ocultan, es porque piensan que los nicaragüenses tenemos más de un pelo de tonto.

La Nicaragua Linda

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