¿“Frijoles solidarios” o frijoles baratos?

edmundo_jarquin_lp_carlos_malespinPor Edmundo Jarquín

Según dirigentes del gremio agropecuario no hay ninguna razón para que el precio del frijol, lo más básico de lo básico de la comida popular nicaragüense, junto con el maíz, se haya duplicado de la noche a la mañana.

La libra de frijol en los mercados cuesta C$22. Casi un dólar, en circunstancias que tenemos cerca de la mitad de la población viviendo con dos dólares o menos el día. Si eso se gasta en frijol, ¿qué queda para la tortilla, el arroz, el queso, los guineos, y ya no digamos el aceite, el transporte, el agua, la electricidad, el jabón, la medicina, la ropa y tantas otras necesidades básicas?

Según los mismos dirigentes, entre los perjudicados, además de los consumidores, están los productores a quienes se les compró barato. En general, a bastante menos de C$10 la libra.

El gobierno no se ha encargado de desmentir a los dirigentes del sector agropecuario, como tampoco se ha tomado el cuidado de dar alguna explicación sobre la vertiginosa alza del precio. Primera conclusión: nadie ha dicho que exista un problema de oferta y demanda que explique semejante alza en el precio del frijol.

Si no hay problema de oferta y demanda en cuanto al frijol, semejante subida de precios solamente se explica por especulación, por el hecho de que pocos acaparadores del producto lo están reteniendo artificialmente para que el precio suba en el mercado, y así hacer enormes ganancias.

Si lo anterior es correcto, y el gobierno tendría que demostrar que no lo es, la siguiente pregunta es: ¿quiénes pueden acaparar los frijoles, y hacer que los precios suban, sin que el gobierno lo sepa? Obviamente, como en el caso de los madereros de Bosawás, gente cercana al gobierno. ¿Se imaginan a alguien, alejado de los círculos del poder orteguista, acaparando, sin que el gobierno actúe? En pequeña escala, unos cuantos sacos de frijol, puede haber un acaparador por aquí y otro por allá, pero en la enorme escala que significa que el precio se haya más que duplicado en pocos días, solamente se explica por pocos y grandes acaparadores.

Y aquí viene la segunda parte de la telenovela, en verdad drama para las familias pobres: el gobierno anunció el programa “frijol solidario”, según el cual cuadrillas salen a vender frijol en los barrios a menor precio que en el mercado. En vez de C$22, a C$16. Es decir, oportunidad para demostrar, una vez más, que el gobierno es “cristiano, socialista y solidario”. Rédito político.

Independientemente que el gobierno no tiene, ni con todos sus CPC, la capacidad de hacer que el frijol llegue a toda la población al precio rebajado -que por cierto es superior al nivel previo de la escasez artificial, y por tanto ya hay una ganancia especulativa en el precio del “frijol solidario”- la segunda conclusión es que estamos ante una doble jugada: la primera, el gobierno aparece preocupado por los pobres y sale a vender frijoles, solamente a parte de la población, a precio “solidario”; la segunda, acaparadores que hacen grandes ganancias que salen del bolsillo de los pobres, y que mientras el gobierno no diga quienes son es razonable presumir gozan de su amparo, como los madereros de Bosawás.

Pero hay otro ángulo: si el gobierno tiene capacidad de salir a vender frijoles a menor precio, es porque el gobierno tiene frijoles. ¿Por qué en vez de irlo a vender a través de sus organizaciones políticas de barrios y comarcas, no lo mete en los mercados para que el precio baje por la lógica entre oferta y demanda? Esto solamente se explica por dos razones: la necesidad de hacer propaganda política con las necesidades más básicas de la gente, y conservar el negocio de los acaparadores, pues, como dijimos antes, a C$16 la libra, ya es un precio muy alto.

Lo anterior forma parte de una vieja táctica del gobierno de Ortega: crear el problema, y después aparecer como solucionándolo. Pero sin duda muchos nicaragüenses me acompañarán en la siguiente conclusión: es preferible frijol barato, que frijol “solidario”.

Dos espejos para el CSE

El Presidente y magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) tienen, para verse, dos espejos que la realidad de los últimos días les ha puesto enfrente.
Primero, son las recientes elecciones de Costa Rica y El Salvador, y la más reciente de Panamá. En ninguna de ellas nadie ha podido alegar irregularidades mayores, y menos fraudes, como repetidamente ha ocurrido en Nicaragua.
Hace muy pocos días, el Presidente del Tribunal Electoral de Panamá, Erasmo Pinilla Castillero, durante el acto de proclamación del Presidente de la República recién electo, dijo, citando a José Ortega y Gasset en su libro “La rebelión de las masas”, algo que jamás podrá decir ninguno de los magistrados de nuestro CSE: “La salud de las democracias, cualquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle: el procedimiento electoral; todo lo demás es secundario, sin el apoyo de un auténtico sufragio, las instituciones democráticas están en el aire”.
En ese espejo, el de los tribunales electorales de los países mencionados, nuestro CSE se ve deforme, abultado y desgajado.
El otro espejo es el de la rebelión de las masas. Cuando nuestros magistrados electorales fueron a Bilwi a posesionar a las autoridades “electas” en los recientes comicios regionales del Caribe, se encontraron con una población enfurecida que les atacó a pedradas en protesta por el fraude en los mencionados comicios.
En ese espejo el CSE puede ver su futuro: hace pocos días fue Bilwi, en algún momento será toda Nicaragua.

La Nicaragua Linda

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