¿Estamos a las puertas de una nueva diáspora? | Nicaragua

"Quiero tener el consuelo, de quedar cuando me muera, cerca del fresco arroyuelo, de cuyas aguas bebiera; y así mi alma por los montes, cuando esté rayando el día, convertida en un zenzontle cantará estas melodías". Erving Krüger (De la canción "Los Zenzontles", de Erving Krüger).

“Quiero tener el consuelo, de quedar cuando me muera, cerca del fresco arroyuelo, de cuyas aguas bebiera; y así mi alma por los montes, cuando esté rayando el día, convertida en un zenzontle cantará estas melodías”. Erving Krüger (De la canción “Los Zenzontles”, de Erving Krüger).

Por José Antonio Luna / Periodista

Hace unos días el portal de noticias “Nicaragua Hoy,” de mi buen amigo y colega Alvaro Bagnarello, publicó una noticia que me hizo meditar sobre la posibilidad de una nueva diáspora de nicaragüenses.

Decía la noticia: Las autoridades de Estados Unidos concedieron asilo político a la periodista nicaragüense María Lidia Bermúdez Ordóñez, estatus que alcanza a su esposo, el también periodista Ary Neil Pantoja, ex editor de la sección política de El Nuevo Diario y ex reportero del diario La Prensa”…         

Información que me hizo  pensar en  la suerte tan diversa que le ha tocado vivir  a los nicaragüenses en estos 36  años de destierro y percatarme de   que  miles de ellos  se han hecho viejos en el exilio. Y que esta misma suerte podrían tener estos nuevos exiliados.

Y recordé las imágenes de los años 80… El comienzo de la diáspora que todavía no termina.  El éxodo de nicaragüenses a tantos países, especialmente a Costa Rica y Estados Unidos. Los sueños truncados de los adultos, las ilusiones perdidas de miles de familias. La huida en la búsqueda de la felicidad y seguridad dejándolo todo en la tierra que los vio nacer.

Después de décadas en el exilio se cierne sobre miles de nicaragüenses la amenaza  latente de morir lejos de la patria. La dura realidad de no concretar el añorado regreso como pensaron muchos.

Recordé a los  exiliados en Miami, San Francisco, Los Angeles, New York, Paris, Estocolmo, Madrid que dejaron a sus  familiares allá en la patria y manteniedo encendida la llama de la ilusión por el anhelado reencuentro, el abrazo que nunca llega y los planes del retorno. El  desterrado que quiere morir en la tierra prometida.

Pero, ¿Como regresar a un país donde se sigue persiguiendo, un país donde la libertad de prensa es mínima  y la propiedad privada es un privilegio de pocos?

Recordé  las lágrimas en las despedidas y después, en algunos casos el reencuentro y el regreso al destierro nuevamente.

Hay  nicaragüenses que han perdido las esperanzas  del regreso… son los que ya están convencidos que morirán en el exilio. Los que han perdido sus fuerzas, los sexagenarios, los octogenarios.

Como le sucedió a mi amigo y colega Oscar Leonardo MontalbánEl hombre de la mil”, quien antes de morir en el exilio ganó  un segundo lugar en el certamen de Poesía Salomón de la Selva que promovió y patrocinó el Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos (CEPI). Oscar Leonardo, maestro de vocación, brillante periodista, poeta y bohemio, como el ave Fénix, volvió a la palestra y ganó.

Oscar Leonardo, es uno de esos miles de nicaragüenses que salieron del país después del triunfo Sandinista de 1979… huyendo del ostracismo, de la censura… de la falta de libertad de prensa… de la carencia de la libre emisión y difusión del pensamiento.

Con Oscar compartí algunos años en la redacción de “Extra” en la Managua post-terremoto de 1972.

Durante el gobierno del ex presidente Enrique Bolaños, el “Viejo” Oscar Leonardo compartía su tiempo entre Miami y Managua. Le hacia falta el sol ardiente de la bulliciosa Managua. Su espíritu aventurero y libre necesitaba sentir  la brisa del Xolotlán, ver a lo lejos las Sierritas  de Managua. Comer  vigorón, el baho. Oler la tierra mojada de las lluvias de mayo. En fin volver al terruño, a su vida…sus recuerdos.

Hace doce años todo cambió para Oscar. Un asalto brutal en su casa de habitación en Managua, lo dejó en estado delicado y después de pasar unos días en el hospital  regresó a Estados Unidos muy enfermo. El polémico “hombre de la mil” no pudo materializar sus deseos de volver a Nicaragua a vivir definitivamente. Cuando regreso fue para ser enterrado en su Managua querida, había muerto en Estados Unidos en mayo de 2011 por las complicaciones que le provoco la golpiza una década antes.

Y así como Oscar, miles de hombres y mujeres que llegaron a Estados Unidos con la esperanza de volver pronto a la patria han visto pasar el tiempo… sin que ese añorado retorno se materialice. Se han envejecido soñando con el regreso. Deseando volver a recorrer los escombros de la vieja Managua. Anhelando volver a León, Granada, Masaya, Rivas. Hacer con sus familiares los viajes a Pochomil y Masachapa en Semana Santa. Ver caer la lluvia en  las llanuras de Chontales… Tomarse un café con rosquillas con el frio de Estelí, Jinotega, Ocotal.

Hace tres  décadas  cuándo viví unos meses en Miami…  leía con curiosidad  los obituarios del Diario Las Américas y The Miami Herald. Casi todas las notas luctuosas eran de  cubanos, que habían muerto en el exilio. Estos fallecidos eran parte de las grandes migraciones desde la isla en 1959, 70s y 80s.

El año pasado volví a revisar los obituarios de los periódicos, en una visita que hice a Miami. Ahora las notas luctuosas ya no son solo de cubanos sino de nicaragüenses… muchos nicas que quedaron en la tierra que los abrigó. Lo mismo está sucediendo en California, New York, Georgia, Costa Rica.

En  2013, en un vuelo de Managua a Miami oía una conversación que me conmovió. Una plática  entre un abuelo y dos nietos que venían de Nicaragua hablando de sus experiencias en la patria de Darío… y de éllos.  Me entristeció el abuelo que le hablaba a los nietos sobre Nicaragua y sus bellezas. Los dos jóvenes que habían nacido en Miami, habían ido a conocer la patria de sus padres y su abuelo. Sabían de Nicaragua solamente por la referencia de sus familiares. Los muchachos venían felices de haber visitado la tierra de sus padres. El abuelo venia triste… y como hablando para sí mismo dijo: “Me hubiera gustado morirme en Nicaragua, pero ya ven… no se pudo”. Los muchachos quizás sin entender el profundo dolor del abuelo se pusieron a reír.

La comunidad nicaragüense en el exilio ha echado raíces. Muchos han tenido éxito en los negocios, otros han sobrevivido solamente y se han adaptado a su nueva patria. Pero un gran número de estos exiliados  no pierden la esperanza de volver a Nicaragua.

Han planeado volver a su tierra ya retirados para disfrutar del calor de la patria y vivir en su vejez en la casa soleada, en la ciudad pequeña, con el canto de los gallos al amanecer.  Pero, para algunos de estos babyboomers ese sueño está en dudas. Se teme que el gobierno sandinista se radicalice.

Lo más preocupante es que está latente la amenaza de una nueva diáspora. Un nuevo éxodo de nicaragüenses en busca de nuevos horizontes. La pobreza y la posibilidad de que el gobierno Orteguista profundice el totalitarismo podría desembocar en otra enorme emigración como la de los 80s.

¿Estamos a las puertas de una nueva diáspora de nicaragüenses?

Esperemos que no suceda. Pero debemos estar preparados si se da un nuevo éxodo de mujeres y hombres con sus hijos  en busca de la libertad.

Mucho de los exiliados de los 80s, talvez  no vuelvan nunca más a Nicaragua: la suerte está echada para ellos.

Mi  esperanza es: que los hijos y nietos nacidos en el exilio no olviden a la tierra del sol de encendidos oros, que recuerden la belleza de los lagos  Xolotlán y Cocibolca y vuelvan algún día a la  Nicaragua de Rubén Darío y… también la nuestra.

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2 comentarios

  1. NICARAGUA YO SOY!
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  2. Que se vayan todos los somocistas que quieran. Esta patria será para todos o no será para ninguno, creyeron que con la victoria de Violeta Barrios el sandinismo estaba hundido y Nicaragua era otra vez de ellos, qué fracaso, Toño Luna.

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