Esposa de Ortega tiene resistencias dentro del propio FSLN | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

La selección de su esposa como candidata a Vicepresidenta, explica mucho de las recientes decisiones de Ortega.

Primero, anunció que no habría observación electoral, y lo hizo con lenguaje furibundo. Inmediatamente después, en un supuesto Congreso del FSLN, en que no hubo ningún debate, la fórmula presidencial se recetó varias decisiones unánimes (¿quién iba a oponerse?), por las cuales se dejaba al absoluto criterio de Ortega decidir quiénes integrarían la lista de candidatos a diputados, y quién sería su candidato (a) a Vicepresidenta. Poco después se despojó a la oposición de la personería jurídica, dejándola sin ninguna opción electoral, para terminar destituyendo a los diputados que no se subordinaron a semejantes abusos.

En su oportunidad, en este periódico analizamos el progresivo cierre de los escasos espacios democráticos que todavía quedaban. Señalamos entonces (LP, 11 de junio, artículo “Convicción, inseguridad, arrogancia”), que las decisiones antidemocráticas de Ortega se explicaban por sus convicciones políticas contrarias al sistema democrático (por eso, recordábamos, alabó en Cuba el sistema de partido único), su arrogancia autoritaria, y su desconfianza en lo que el pueblo verdaderamente piensa.

Que Ortega haya decidido sea su esposa la candidata a Vicepresidenta, y la coloque en la línea de sucesión dinástica, refuerza esa última razón que entonces dimos porque ella, involucrada en la micro administración del gobierno, premiando y castigando, destituyendo alcaldes y concejales, removiendo ministros y ministras, haciendo y negando favores, ascendiendo y descendiendo dentro de la burocracia, ha acrecentado las resistencias que siempre tuvo aún dentro del mismo sandinismo.

Ella es más temida que amada, en la vieja fórmula que Maquiavelo recomendaba al Príncipe, pero esa sabiduría es válida en un régimen absolutista, no en una sociedad democrática, y precisamente ese rumbo absolutista se ha imprimido al país.

Que la señora tiene resistencias aún dentro del sandinismo lo ilustra el siguiente hecho. En junio de 1991, estando el FSLN en la oposición, se realizó el primer congreso de ese partido. Entonces, entre otras decisiones trascendentales, se elegiría en votación secreta a los integrantes de la Asamblea Sandinista. Ortega circuló dos listas. Una, de candidatos por quienes no recomendaba votar. Esa lista la encabezaba yo. Otra lista, encabezada por su esposa, por quienes recomendaba votar. Y ella, pese al ascendiente de Ortega dentro de la organización partidaria, no fue elegida.

Si eso ocurrió dentro del propio FSLN, y desde entonces el poder discrecional de ella se ha incrementado, y su poder de castigar y premiar se ha vuelto absoluto, dejando sobre el terreno muchos cadáveres políticos, ¿se imaginan lo que habría ocurrido en una campaña electoral con oposición, y con oposición acrecentada por el inminente riesgo de una sucesión dinástica?

En el artículo que publiqué en este periódico y que he citado, preguntaba: ¿cómo explicar las decisiones de Ortega? ¿Es que acaso, si en 2016 realizara un fraude como en las municipales de 2008 o las presidenciales de 2011, tendría más consecuencias nacionales e internacionales? Y contestaba que era improbable que un fraude tuviera mayores consecuencias que entonces.

Ahora resulta explicable, lo aparentemente inexplicable: si la fórmula vicepresidencial de Ortega tiene resistencias dentro de las propias filas del FSLN, más las tendría en la oposición, y entonces sí habrían consecuencias, y por eso, mejor, no corren el riesgo de que la oposición participe en las elecciones.

La Nicaragua Linda

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