El terrorismo no da tregua

silvio_avilez_gallo_bloquePor Silvio Avilez Gallo

El mundo todavía no sale del horror que le causó el derribo de un avión comercial de Malaysia Airlines el pasado 18 de julio, con 298 pasajeros y tripulantes, que viajaba de Amsterdam a Kuala Lumpur, el cual fue presuntamente abatido por terroristas pro rusos cuando sobrevolaba el espacio aéreo de Ucrania. Todo indica y hace sospechar que se utilizó un misil tierra-aire, de fabricación rusa, por parte de separatistas que  combaten al gobierno ucraniano y que son abastecidos de armamentos por elementos afines al Kremlin.  La condena de la inmensa mayoría de países democráticos no se hizo esperar, como tampoco la de las Naciones Unidas, cuyo Secretario General se desplazó al lugar de los hechos para recabar datos sobre este espantoso crimen contra la humanidad.

A escasas horas del abatimiento del avión malasio, Nicaragua, a su vez, fue sacudida la noche del 19 de julio con la noticia de dos atentados terroristas que se produjeron en el km 76 de la carretera panamericana norte, cuando elementos desconocidos atacaron con armas de fuego a una caravana de autobuses que transportaba a simpatizantes del FSLN, que habían asistido en Managua a las celebraciones oficiales del 35 aniversario de la revolución sandinista. Como resultado de estos ataques sorpresivos, fallecieron 5 personas y otras 18 resultaron heridas.

Si la acción criminal de terroristas pro rusos en Ucrania mereció la condena generalizada del mundo civilizado, los actos vandálicos perpetrados al amparo de la oscuridad por delincuentes armados la noche del 19 de julio en contra de civiles sandinistas desarmados son asimismo repudiables sin reservas, igual que las agresiones de que fueron objeto no hace mucho varias ciudadanas y periodistas que pretendían protestar pacíficamente frente a la sede del Consejo Supremo Electoral, quienes fueron salvajemente atacados, golpeados y despojados de sus pertenencias por grupos o turbas de motorizados afines al FSLN, con el agravante de que esta vez se hallaban presentes miembros de la Policía Nacional, que observaron impertérritos la acción vandálica sin intervenir para proteger a los ultrajados.  De la misma manera que la Primera Comisionada de la Policía Nacional, Aminta Granera, ha prometido que la institución que comanda no escatimará esfuerzos para detener y castigar a los culpables de estos cobardes y repudiables atentados, la ciudadanía espera que también se muestre diligente en este último caso para arrestar a los agresores, que han sido identificados por sus víctimas.

Estos atropellos al derecho de los ciudadanos de manifestarse pacíficamente haciendo uso de las libertades que consagra la Constitución política de la nación, constituyen una prueba de fuego para determinar la solidez de las instituciones democráticas. Más importante que el enunciado de las leyes y disposiciones que establecen los derechos ciudadanos es la aplicación práctica de estas garantías, porque ya está visto que el papel aguante todo lo que le ponen.

Las autoridades policiales se han ufanado en repetidas ocasiones que Nicaragua es el lugar más seguro de Centroamérica con base en estadísticas que así lo demuestran. Si efectivamente queremos que nuestro país siga siendo un oasis frente a la violencia indiscriminada, del gobierno —y sobre todo del poder judicial— depende que este deseo se haga realidad y no se convierta en un simple slogan publicitario. Mano dura con los delincuentes, cualesquiera  sean sus preferencias políticas o ideológicas.

Managua, 21 de julio de 2014.

 

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