El “sandinismo” orteguista: Una estafa política, social y económica

¿Fue la llamada Revolución Popular Sandinista una verdadera revolución?

Por Roberto Escobedo Caicedo

Todos los años, la mafia del secretario general del FSLN, celebra con bombos y platillos, cada 19 de julio, para mantener viva en las masas la idea de que están construyendo una nueva sociedad, alimentando la falacia de que las inversiones en programas sociales están promoviendo la ascensión social. Pero la realidad es que esas masas se encuentran cada día peor y los falsos programas sociales no hacen más que fomentar la vagancia y promover la idea que el gobierno debe hacerse cargo de cubrir todas sus necesidades. La reducción de los índices de pobreza extrema y del desempleo generalizado publicados por el gobierno son una farsa, porque cada día aumenta el número de indigentes en el país, mientras otras -la mayoría-, procuran emigrar a otros países buscando trabajo para mantener a sus dependientes.

Desde antes de producirse el triunfo de la Robolución Popular Sandinista, gracias a los buenos deseos de Mr. Jimmy Carter, Presidente en ese entonces de los Estados Unidos y de la social democracia europea, que brindó todo su apoyo económico y propagandístico a los falsos revolucionarios, gracias a las gestiones del político venezolano, Carlos Andrés Pérez, existían suficientes elementos de juicio para llegar a la conclusión que el Programa de Gobierno del FSLN no era más que la implantación de una férrea dictadura marxista-leninista. Lo disfrazaron para contar con el apoyo económico del capital conservador, prometiendo que la Nueva Nicaragua estaría organizada en torno a tres principios fundamentales: el pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento con ninguno de los bloques político- militares que se desputaban la hegemonía mundial.

La complicidad del gran capital nicaragüense, puesta de manifiesto en los órganos de terror del FSLN, fue encomendada a Violeta Barrios de Chamorro y Alfonso Robelo Callejas, los que fueron miembros propietarios de la primera Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, régimen títere de los nueve Comandantes Copas (CC) de la Robolución Popular Sandinista. Como cómplices de los criminales y ladrones sandinistas, firmaron los decretos más represivos que gobierno alguno haya impuesto al pueblo nicaragüense, como lo fueron los decretos de confiscación de las propiedades de los llamados somocistas y sospechosos de serlo; la ley de los tribunales especiales de justicia o tribunales populares sandinistas, donde más de 20 mil ciudadanos fueron condenados en medio de la mayor indefensión a 30 años de privación de libertad; la ley de los ausentes y cientos de otras barbaridades que pretendieron justificar la comisión de crímenes de lesa humanidad
y el genocidio de ciertas minorías étnicas, como los miskitos de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Cuando se dieron las llamadas Pláticas de Paz de Sapoá entre los miembros del Directorio Político de la Resistencia Nicaragüense y los plenipotenciarios sandinistas, inicio del proceso de traición a los heroicos “Paladines de la Libertad”, para que se desarmaran unilateralmente, dejando intacto todos los aparatos de terror del sandino-comunismo, perversamente, capitalistas pro-sandinistas y sandino-comunistas se pusieron de acuerdo, para que nunca en Nicaragua se nombrara una Comisión de la Verdad, encargada de poner al descubierto todos los crímenes, robos, genocidios y violaciones de los derechos humanos de los nicaragüenses, cometidos en un 95% por los sandino-comunistas y y el 5% por los efectivos contrarrevolucionarios. Para implementar esa política de que los sandino-comunistas disfrutaran de plena impunidad por todos sus abusos, es que tanto capitalistas pro-sandinistas y sandino-comunistas se pusieron de acuerdo para que un cómplice
calificado de todos ellos, Violeta Barrios de Chamorro, fuera la futura Presidente Nominal de Nicaragua, siendo el verdadero Presidente de Facto, su yerno, el corrupto Antonio Lacayo Oyanguren.

¿Qué es una revolución? Los politólogos la definen como un cambio o transformación radical respecto al pasado inmediato, el que puede producirse simultáneamente en distintos aspectos, como el social, económico, cultural, religioso, etc. Casi siempre esos cambios son violentos, estando en muchos casos precedidos de enfrentamientos armados entre quienes desean mantener el status quo y los que se proponen cambiarlo, que es la característica principal de la ruptura del viejo orden. Nacen como consecuencia de procesos históricos, casi siempre irreversibles y de construcciones colectivas.

Las ciencias de la historia establecen tres grandes tipos de revoluciones: política, social y económica, existiendo casos en que un movimiento revolucionario triunfante involucra dos o tres de esas características.

La revolución política es aquella donde se reemplaza en su totalidad el gobierno que ha perdido el poder, modificando la totalidad del sistema político, pero manteniendo inalterables las relaciones de propiedad.

Las revoluciones sociales son una transformación del conjunto de las relaciones e interacciones sociales cotidianas dentro de un espacio territorial liberado. Estas sí que alteran substancialmente las relaciones de propiedad y trascienden las que son meramente políticas.

Las revoluciones económicas representan el cambio drástico de las condiciones de producción, distribución y consumo de los bienes y servicios, afectando a todos los habitantes de un país.

No se puede negar que al principio, la Robolución Popular Sandinista, fue una verdadera revolución. Realizó los cambios políticos que los nueve CC estimaron oportunos para convertir nuestro país en un satélite del bloque soviético. Desataron el terror indiscriminado contra los señalados de somocistas y sospechosos de serlo, incurriendo de esta manera en crímenes de lesa humanidad, genocidios y crímenes de lesa patria. Al final, el terror se extendió a todos los que no eran sandinistas, lo que provocó el éxodo masivo de compatriotas a otros países, principalmente los Estados Unidos.

Contando con la complicidad manifiesta y pública de los dos representantes orgánicos de la burguesía vendepatria en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, Violeta Barrios de Chamorro y Alfonso Robelo Callejas, impusieron al comienzo un programa de confiscaciones selectivas, el que luego fue extendido a todos los sectores de la población, echando “manu militari” a sus legítimos propietarios para recompensar con esos bienes a sus verdugos más calificados.

La Robolución Popular Sandinista incorporó también los cambios sociales y de consumo, principalmente, pasando de una economía de mercado al racionamiento de todos los productos de la alimentación básica, lo que favoreció el mercado negro de todos los productos racionados, negocio manejado por los nueve Comandantes Copas de la Robolución Popular Sandinista, esposas o amantes de turno.

Pero todos esos cambios políticos, sociales y económicos que implantaron por la ruta del terror los nueve Comandantes Copas de la Robolución Popular Sandinista, no fueron más que distorsiones y aberraciones de cambios legítimos que favorecieran a los sectores populares y mayoritarios del pueblo nicaragüense, por lo que muy pronto perdieron el apoyo que recibieron al comienzo de parte de todos los incautos y oportunistas que creyeron que los “muchachos” les regalarían casas, automóviles, servicios gratuitos de energía eléctrica, agua potable y teléfono.

Tanto abuso generó la contrarrevolución, por lo que para no arriegar a sus “robolucionarios”, implantaron el servicio militar obligatorio, lo que les generó mayor repudio, puesto que nadie en su sano jucio estaba dispuesto a empuñar un fusil, defendiendo los intereses geopolíticos y geoestratégicos del bloque soviético en la región centroamericana, así como los privilegios de que disfrutaban los llamados dirigentes de la robolución y todos los que formaban parte de la élite de falsos revolucionarios, pero verdaderos robolucionarios.

Desgraciadamente, los voluntarios que nutrieron las filas de las Fuerzas de Tareas de la Resistencia Nicaragüense, fueron traicionados desde un comienzo, tanto por los dirigentes políticos y militares impuestos por los Estados Unidos, como por los fines limitados que se habían impuesto los patrocinadores financieros de la contrarrevolución. Evitar que El Salvador cayera en manos de los terroristas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y que los sandinistas realizaran unas cuantas reformas cosméticas para conservar el verdadero poder, las armas y poder de fuego de todos sus aparatos de terror, intimidación y chantaje. Ese tipo de democracia no es más que otra farsa, tal y como lo estamos viendo.

Resumiendo, en sus comienzos la revolución popular sandinista tuvo todos los atributos políticos, sociales y económicos de una verdadera revolución. Pero la suma de sus abusos, crímenes de lesa humanidad y de lesa patria; genocidios, como las Navidades Rojas, diseñadas para el exterminio metódico y sistemático de la etnia miskita de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN); la destrucción del aparato productivo nacional; haber lanzado al exilio forzado a más de 500 mil compatriotas; el robo de las propiedades de quienes consideraban sus enemigos políticos o que no simpatizaban con tales canalladas; fomentar la lucha entre hermanos, enfrentado a nicaragüenses contra otros nicaragüenses en fratricida guerra civil y el no cumplimiento de todas las promesas hechas al pueblo nicaragüense, tuvieron como consecuencia que degenerara en que sus militantes constituían la tropa de ocupación de su propio país, lo que todavía se mantiene.

Para finalizar, la robolución popular sandinista pasó de ser una revolución marxista de tendencia leninista, convirtiéndose en su antítesis, un régimen fascista, en estrecha alianza con quienes antes llamaban burguesía vendepatria. El sandinismo degeneró en el culto a la personalidad de quien no tiene ningún rasgo sobresaliente que se le puede admirar, Daniel Ortega Saavedra. El orteguismo es ahora el verdadero sandinismo, lo que constituye una verdadera estafa política, social y económica.

De tal manera que no hay nada que celebrar el 19 de julio de cada año. Lo que cabe es repudiar a todos los dirigentes orteguistas y a sus aparatos de terror que se mantienen intactos, así como sus estrechos nexos con los cárteles de la droga. Ya existen fuertes indicios que la Nicaragua orteguista se convertirá en un nuevo satélite de los imperialismos ruso y chino, ante la total indiferencia de los Estados Unidos.

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