El revoltijo de los Migueles

Luis Rocha Urtecho

Luis Rocha Urtecho

Por Luis Rocha Urtecho / Escritor y poeta

Estoy esperando la aparición pública de un libro “editado” por don Miguel d’Escoto.  Su verdadero propósito, no será un misterio para los lectores, que encontrarán inaceptable que ese libro: “CARLOS GARCÍA. La naturaleza redimida.”, cuya autoría asumen Francisco Arellano Oviedo y Julio Valle-Castillo, con la surrealista dedicatoria de “A Daniel Ortega Saavedra; comandante presidente de Nicaragua, quien con tanto amor patrio y abnegación ha liderado la Revolución Popular Sandinista y devuelto al pueblo nicaragüense la alegría y la esperanza”, ocupe de mampuesta el arte del estupendo pintor Carlos García, con semejante apología contra la dignidad de los nicaragüenses, quienes no podrán dejar de pensar si la “naturaleza redimida” será la que nos dejará el Canal Interoceánico.

Este comienzo del libro, con tan comprometedora dedicatoria, de por sí resulta denigrante para el arte en general, y para la extraordinaria e histórica labor pictórica de todos los pintores nicaragüenses, incluyendo desde luego a los primitivistas. Las alabanzas de don Miguel a Carlos García en su presentación, pierden legitimidad cuando el muy “afortunado” Brockman, se dedica a calumniar e intenta denigrar a su “desafortunado hermano Ernesto Cardenal”. El párrafo que le endilga a su “desafortunado hermano”, es digno de Caín:

“Carlos García es uno de los maravillosos pintores, creo que el más maravilloso, que resultó de un proyecto iniciado por Ernesto Cardenal en Solentiname. El leer el nombre de Cardenal vinculado a Carlos García puede sorprender a muchos, especialmente de nuestra juventud. A ellos les digo, independientemente de la extrema negatividad, odio y arrogancia que trasmite Ernesto Cardenal y que, lamentablemente, es lo único que nuestra juventud ha visto en él, hace 40 años no era así… Era muy apreciado por todos los revolucionarios y, después del triunfo, por el gobierno sandinista cuyo apoyo, al nombrarlo ministro de cultura, fue vital para su estatus y trascendencia. Al contrario de lo que hoy sucede, su discurso era detestado por el imperio y sus secuaces vende patria. Hoy es la vedette de ambos. Esa es la triste y penosa realidad sobre nuestro querido y desafortunado hermano Ernesto Cardenal”.

Al contrario de lo que dice don Miguel, el “estatus y trascendencia” del Ministerio de Cultura, fue debido a la entrega auténticamente cristiana y por ello mismo revolucionaria que de su propio peculio cultural, moral y ético, hizo Ernesto Cardenal a Nicaragua, mientras otros iniciaban el peculado del que hoy siguen beneficiándose. Esta circunstancia   motivó la afirmación categórica y tapa lenguaraces (cuando recibió el doctorado honoris causa junto con Ernesto de parte de la Universidad Veracruzana, 2009), del escritor Eduardo Galeano: “Mil gracias, pues, porque es esta Universidad la que me brinda la ofrenda que con alegría recibo. Y con doble alegría, porque comparto el doctorado con mi hermano Ernesto Cardenal. Ernesto ha sido y sigue siendo la voz de la revolución sandinista, que tanto nos ayudó a creer y a querer, cuando era revolución y era sandinista y era una esperanza universal.”

Ese fue el tiempo –que talvez tampoco recuerde “nuestra juventud”- cuando se usufructuó la mansa figura de Monseñor José Arias Caldera, hasta la saciedad, y a quien ya anciano y abandonado por los “correligionarios” que hoy gobiernan, don Miguel Obando, antaño enemigo de don Miguel d’Escoto, desterró de su parroquia, lo envió a vivir su dolor hasta la muerte, y quien por no tener dónde, fue enterrado en el mausoleo de los jesuitas en Managua. Hoy los Migueles, el que pisoteó al Monseñor de los pobres, y el que le dijo a Zoila América que cargara con su cruz, viven, y es bueno que lo sepa nuestra juventud, en un solo revoltijo.

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