El poder de servir | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Con el título de este artículo se presentó esta semana una biografía de Ramiro Sacasa Guerrero, a quien conocí estrechamente durante los años finales de la dictadura de Somoza, luchando hombro a hombro con Pedro Joaquín Chamorro como principales dirigentes de la Unión Democrática de Liberación (UDEL).

El libro, escrito por Melvin Sotelo, al ser más una biografía del pensamiento y posicionamiento político de una de las personas más relevantes del período que va desde inicios de los años 50 del siglo pasado, hasta el derrocamiento de la dictadura e inicios de la revolución sandinista, teniendo de trasfondo las circunstancias y otros actores de la época, contiene un sinnúmero de lecciones pertinentes para la situación actual de Nicaragua.

Ramiro rompió con el somocismo, a finales de los sesenta, siendo Presidente Anastasio Somoza Debayle, por una posición que el autor consigna como epígrafe en el propio inicio del libro: “Ni reeleción, ni herencia del poder”.

Esa posición pareciera formulada para este año electoral, y de manera particular para el orteguismo. Y a propósito del “congreso” que el FSLN tendrá este fin de semana, el pensamiento de Ramiro es como un espejo en el cual se refleja totalmente desdibujada esa organización política, a causa de su perversa privatización por Ortega y su familia: “Un partido no es una manada de siervos, dijo Sacasa Guerrero refiriéndose a la privatización que el somocismo hizo del Partido Liberal, sino una asociación voluntaria de hombres libres, con derecho a pensar, discutir y aspirar. La disciplina partidaria, agrega, no es una sumisión a un capricho, sino un cumplimiento del Estatuto o de la decisión que se toma después de amplia, legal y democrática deliberación”.

Buena parte del libro recoge la actuación de Ramiro Sacasa durante el último gobierno de Somoza García, el de su hijo Luis Somoza Debayle (1957-63) y el de René Schick (63-67), cuando las circunstancias internacionales y en cierta forma también el debate que había dentro del partido político de la dictadura  -debate que por cierto no hay en el FSLN-  condujo a que, sin soltar los principales hilos del poder, los Somoza permitieran el gobierno de Schick, que a todos se nos antojó, y en cierta forma lo fue, una transición inacabada. De esa etapa en el libro se rescatan tres rasgos del perfil político de Ramiro que ayudan a entender la otra parte del libro y de su vida: primero, su entendimiento de la política como servicio a la sociedad y no como un medio de enriquecimiento personal; segundo, su liberalismo social de hondo calado doctrinario; tercero, los esfuerzos que realizó desde dentro del somocismo para el desmantelamiento de la dictadura y el inicio de una transición democrática.

A partir de esos rasgos, no resulta casualidad histórica que haya coincidido con Pedro Joaquín Chamorro y contribuido a estructurar una sólida alianza política, lo que ocupa otra parte del libro: ambos se oponían al continuismo en el poder (gubernamental y de los partidos de oposición); ambos formaban parte del marco doctrinario del liberalismo social (Ramiro por tradición familiar, Pedro Joaquín por influencia del liberalismo social de la Revolución de México, donde estudió, y de la Doctrina Social de la Iglesia), y compartían un profundo sentido ético republicano de la política (en Nicaragua la simple honestidad sería una revolución, escribió Pedro Joaquín).

Cuando Sacasa Guerrero rompió con el Partido Liberal de Somoza, fundó el Movimiento Liberal Constitucionalista con la divisa “Por una Nicaragua para todos”. Recordé ese hecho cuando en 2011, en los preparativos de la campaña de Fabio Gadea Mantilla, el investigador venezolano que contratamos para identificar los sentimientos más profundos de los nicaragüenses, encontró que entre los propios beneficiarios de programas sociales del orteguismo, había un sentimiento de indignación por la humillación política a que los sometían para acceder a láminas de zinc, cédulas, permisos administrativos, paseos en bus a balnearios, empleos públicos, y la obligación de asistir a manifestaciones y rotondeos. El Programa de Gobierno de Fabio se tituló “Un gobierno para todos”, y recientemente en el programa televisivo de Carlos F Chamorro comparecieron ciudadanos hablando de esa odiosa discriminación  en sus barrios. Tampoco es una casualidad histórica.

Pedro Joaquín, Ramiro y Sandino, nos hablan desde el pasado para iluminar nuestro futuro.

La Nicaragua Linda

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