El ocaso de la ALBA

Los clubes del fracaso

Los clubes del fracaso

Por Silvio Avilez Gallo

Ocaso y alba son términos excluyentes y antagónicos, ya que la presencia del uno implica normalmente la ausencia del otro, excepto durante el breve lapso que precede el tránsito de la oscuridad a la claridad. No cabe duda que en la naturaleza, la transición de las tinieblas a la luz o viceversa ofrece un espectáculo de rara belleza.

Pero si eso sucede ante fenómenos naturales, no podemos decir lo mismo cuando el término alba se usa en sentido figurado para referirse a un organismo de carácter político. Veamos.

Con la llegada al poder del ahora fenecido presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez Frías, se inició en la patria del Libertador Simón Bolívar una serie de transformaciones y cambios radicales que vinieron a desestabilizar la armonía y la unidad de los países latinoamericanos.  El propio Chávez fue víctima de su propia medicina, al haber sido objeto  de una intentona de golpe de Estado militar en 2002 y por escasas 24 horas se vio relegado a la llanura, pero con la ayuda de incondicionales y de gobiernos afines y amigos logró hábilmente recuperar el poder y poner en marcha el sueño de una resurrección del fracasado marxismo-leninismo, con el llamativo nombre de “Socialismo del Siglo XXI”, que supuestamente llevaría a una prosperidad nunca antes vista a la propia Venezuela y a los países hermanos del continente americano.

Con ese ideal, refundó la nueva “República Bolivariana de Venezuela” y estableció la novedosa Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América o ALBA. El “leit Motiv” de esta revolución sería la lucha a muerte contra el “imperio”, vale decir los Estados Unidos de América (EE.UU.)  De esta manera surgió el nuevo club exclusivo de los “albanistas” liderado por Venezuela e integrado por Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y los países caribeños de Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas y Surinam. Venezuela, gracias a su petróleo, se convirtió en el cordón umbilical de Cuba, postrada por más de 50 años de castro-comunismo, país al que exportó diariamente, durante muchos años, más de 100.000 barriles de petróleo. Igual cosa sucedió con el resto del club albanista.

La muerte de Chávez, acaecida oficialmente en marzo de 2013, vino a cambiar radicalmente la situación de Venezuela y su proyecto de la ALBA.

No obstante que el líder viajó a Cuba en diciembre de 2012 y permaneció en ese país a fin de recibir tratamiento para su dolencia terminal, se inició en Caracas una encubierta lucha de poder entre Diosdado Cabello, presidente del poder legislativo, y Nicolás Maduro, designado in extremis delfín del moribundo dictador, que finalmente ganó la presidencia en elecciones bastante cuestionadas. Mientras tanto, la situación de Venezuela se deterioró cada vez más y la cacareada prosperidad nunca llegó. Antes bien, los venezolanos han debido soportar una serie de privaciones, agravadas por la carestía de bienes y productos de primera necesidad, al punto que el régimen madurista debió recurrir a la importación masiva de alimentos provenientes de sus socios de la ALBA, entre ellos Nicaragua.

Esta situación se complicó más aún con la efervescencia política de opositores y la dura represión a los principales cabecillas antichavistas. Por si fuera poco, el derrumbe continuo desde hace varios meses de los precios del crudo en todo el mundo ha venido a complicar más aún la continuación de Maduro en el poder, quien debe hacer frente a rivalidades de enemigos internos de su propio partido y de los militares, así como a la creciente hostilidad internacional, especialmente de los EE.UU., lo que no augura nada bueno para el futuro de Venezuela.

En estas circunstancias, el futuro de la ALBA y sus asociados se vislumbra sombrío, ya que las tensiones y dificultades internas en la patria del Libertador han obligado al gobierno venezolano a recortar las cuotas de abastecimiento de combustibles a sus amigos albanistas. El desplome sostenido y prolongado de los precios del petróleo, principal sostén de la economía venezolana, repercutirá negativamente en los planes de desarrollo de los socios de Venezuela, particularmente los más débiles como Nicaragua. La tan pregonada neo revolución soñada por Chávez y su Socialismo del Siglo XXI se encaminan ineludiblemente hacia el previsible ocaso.

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