El neo marxismo

Por Sergio Boffelli / Periodista

En 1989, la inminente disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) dejaba en orfandad ideológica y financiera a gobiernos y agrupaciones marxistas. El dictador cubano Fidel Castro impulsó el rescate latinoamericano con el Encuentro de Organizaciones y Partidos de Izquierda Anti Imperialistas (1990), que rápidamente cambiaría nombre a Foro de Sao Pablo. Reagruparse, reinventarse, les resultaba urgente.

Desde entonces la batalla ideológica es distinta. Perdidas las banderas de lucha de clases, el marxismo desnudo corrió a fabricarse nuevas o apropiarse de ajenas. A partir de posteriores encuentros, y fallas de gobiernos democráticos, fue encontrando rutas para sobrevivir, cambiar caretas y expandirse. Así llegaría al poder Hugo Chávez en Venezuela, 1999; Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil en 2002, tras fracasos en 1989, 1994 y 1998; Evo Morales en Bolivia desde 2005; Rafael Correa en Ecuador, de 2006 a 2017; Daniel Ortega en Nicaragua a partir de 2006, luego de perder en 1990, 1996 y 2001. La descomunal alza del petróleo permitió a Chávez financiar a manos llenas el llamado Socialismo del Siglo XXI, dando paso al feroz capitalismo autoritario.

Sin embargo, compañeros de andanzas alegando diferencias en enfoque y estilos, tomaron otros caminos para reciclarse. En Nicaragua, entre cientos de organizaciones que surgieron desde los noventa (oenegés, fundaciones, asociaciones, coordinadoras, comisiones, redes, movimientos, federaciones, etc.), crearon las suyas con fraseología democrática identificándose con liberales estadounidenses, europeos, y organizaciones internacionales proveedoras de fondos. Así iniciaron la embestida a creencias y tradiciones de nicaragüenses, apuntando mensajes a jóvenes y mujeres, empujando el aborto provocado, ideología de género, matrimonio entre mismo sexo, etc.

Esto es, de acuerdo con Nicolás Márquez y Agustín Laje, autores de El Libro Negro de la Nueva Izquierda, el neo marxismo. Laje expuso a ACI Prensa el 18 de abril 2017 que el comunismo busca asideros tras perder sus paradigmas clásicos, pues “lo que Marx entendía es que la revolución del obrero venía en el capitalismo avanzado y no en un orden feudal como ocurrió en Rusia. Allí se crea un quiebre en el paradigma teórico y filosófico…” y además la clase obrera empezó a ser “absorbida por el sistema al cual supuestamente se tenía que oponer”, dándole el capitalismo un sentido económico que no tenía. “Marx decía que los obreros ‘no tienen nada más que perder que sus propias cadenas’, sin embargo, hoy estos tienen para perder su automóvil, casa, celular, su televisor, wifi, etcétera”.

De ahí la imperiosa necesidad de crear y reclutar nuevos “revolucionarios”, a través de la llamada ideología de género que Laje sostiene acertadamente es “un sistema de ideas que le da cohesión a un grupo político”, pasando “de una lucha de clases a una lucha por la cultura”.

Si transformar la familia como base de la sociedad (y creencias religiosas como supuesto obstáculo) son el blanco, y a pesar de contar con amigable cobertura mediática, sus resultados son pobres. En encuesta Cid Gallup, septiembre de este año, 86 por ciento de nicaragüenses rechaza la legalización del aborto provocado y entre mujeres alcanza el 87 por ciento. En mayo 2015 Borge & Asociados revelaba que 79 por ciento no aprueba matrimonios entre mismo sexo.

Los reiterados señalamientos del papa Francisco son poco destacados en el país. Para referencia, como dijo a los obispos de Polonia en 2016, “…hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas —lo digo claramente con nombre y apellido— ¡es la ideología de género!”

Es un tema para mucho más. Este artículo, apenas un trocito de hielo en la punta del iceberg.

Reproducido con autorización del autor.

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