El mensaje y el mensajero | Nicaragua

ataque_a_pedradas_contra_campesinosPor Fidelina Suárez

El contenido del mensaje llegó hace rato. No es nada nuevo que en Nicaragua comienza a sentirse una especie de asfixia, de agotamiento de la sociedad, de desesperanza y de desilusión después de escuchar 50 mil promesas de un país mejor.

Venimos arrastrando una pesada carga desde la dictadura de los Somoza, salimos de esa tiranía, nos dijeron que “mañana hijo mío todo será distinto” pero han pasado décadas y décadas de esperar por esa tierra prometida. Ya no sólo espera mi generación, sino la segunda y viene la tercera, sin que hayamos logrado encontrar el equilibrio entre bonanza y paz para todos, no solo para la cúpula que gobierna.

Si recorremos Managua de noche o en los días de pago pareciera que aquí no pasa nada. Los jóvenes se divierten en las discotecas, otros están en las comidas rápidas de los centros comerciales o en el cine, pero allá adentro subyace la inconformidad o el deseo oculto de cumplir sus sueños como tener una casa, cambiar de trabajo o estudiar una maestría.

No es nada del otro mundo, diríamos. Sí lo es en Nicaragua donde el joven que tiene un trabajo mal pagado y explotado, no tiene la menor esperanza de conseguir otro, donde el grupo de los menos favorecidos, no se atreve a contraer una deuda con los bancos para comprar una casa porque no sabe hasta cuando durará su vida laboral.

Cumplir simples expectativas de vida se ha convertido en un problema para una parte de la población porque no debemos olvidar que el país está partido en dos: los que están amparados por el poder y logran cosas que la otra parte no puede.

Son los empleados de los poderes del Estado que tienen salarios de 2 o 3 mil dólares, asignación de vehículos, bonos o cualquier otra extra que los hace diferente de la otra mitad que espera con ansias los 15 y los 30 de cada mes para medio comprar su canasta básica.

Conozco gente que tiene varios años de no trabajar, incluso con buena calificación laboral pero como no pueden conseguir una carta o aval partidario como le dicen ahora, no tienen acceso a un cargo. Hace poco me encontré con un taxista joven, de unos 30 años y me confesó que es ingeniero civil, de los mejores de su promoción pero no ha podido encontrar una colocación y para poder sostenerse, decidió trabajar en el taxi de su papá.

Ni los citadinos ni los campesinos quieren eso para sus hijos. Por eso, las últimas demandas sociales son como una caldera hirviendo.  Son viejas aspiraciones y antiguos deseos y sobre todo es la frustración de tanto que te han ofrecido y no han cumplido.

Los campesinos de la marcha anticanal, probablemente tienen más valor y coraje que la gente de la ciudad y pelean por algo elemental en el ser humano, la tierra que los vio nacer o heredaron de sus antepasados.

Que genuina se ve su lucha cuando la comparamos con tanto político desprestigiado o que solo vela por sus intereses, que son precisamente los que abundan por aquí.  O los mismos empleados del gobierno en alegre carnaval, sin saber si dentro de un año estarán en la calle porque su cargo se lo darán a otro al que hay que pagarle un favor.

La marcha de los campesinos, la protesta en la mina El Limón, la violencia en el Atlántico Norte, los sucesos en Chichigalpa y el descontento que aún falta ver cuando los fondos venezolanos comiencen a escasear y se corten los bonos solidarios y otros premios que reciben algunos empleados del gobierno.

Las finanzas venezolanas se tambalean y de la misma manera se van ralentizando los fondos hacia Nicaragua.  Si en realidad, amamos a este país, no sería más sensato, abordar todos estos temas con los afectados, como un gobierno que en realidad se preocupa por sus gobernados.

Mandando motorizados, chavalos que usan las rotondas como piscinas o empleados públicos a que agredan a sus propios hermanos, sólo hace que crezca el rencor y la división entre los nicaragüenses.

El gobierno siempre esgrime la gran aceptación que reflejan las encuestas y entonces porque tanta alarma cuando se oye que hay una protesta? Y  porque tanto despliegue policial y uso de la fuerza por algo tan elemental como el derecho a disentir, que está amparado por la Constitución.

La división y la clasificación de dos categorías de ciudadanos en Nicaragua, seguirá mientras se siga repartiendo “amor” para unos y palos para los otros.  El mensaje hace rato fue dado, sólo que esta vez los mensajeros, actuaron con más fuerza, con determinación.  Ojalá en el gobierno haya una cabeza fría, sin apasionamiento partidario que los escuche.

Todo sea para no repetir la misma historia.

Trinchera de la Noticia

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