El legado de Bolivar

silvio_avilez_gallo_bloquePor Silvio Avilez Gallo

El 24 de julio de 1783 vino al mundo el polifacético Simón Bolívar y Palacios en Caracas (Venezuela), en ese entonces parte del Virreinato de Santa Fe o Nueva Granada, que comprendía las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador y Venezuela. Fue un destacado político y militar que contribuyó decisivamente a la liberación de varias provincias del imperio español. Una vez emancipada Nueva Granada, que rebautizó con el nombre de República de la Gran Colombia,  su genio militar supo comprender que una vez  consolidada la independencia americana, el destino auguraba a las nuevas repúblicas un futuro de gloria y esplendor, siempre que supieran mantenerse unidas y respetaran los principios de la democracia como forma de gobierno.

Bolívar no sólo luchó por liberar a su patria, sino que puso su espada al servicio de otros países americanos, como Perú (que entonces comprendía la actual Bolivia o Alto Perú), Chile, Argentina y su influencia también se extendió a Centroamérica, México y algunos estados del Caribe. La historia de América registra las batallas de Pichincha, Junín, Ayacucho, la proeza increíble del cruce de la Crdillera de Los Andes desde Argentina a Chile al frente del Ejército Libertador.  Luchó denodadamente por sembrar la semilla de la unidad de los pueblos americanos y con tal intención convocó a los recién liberados países al Congreso Anfictiónico de Panamá (entonces parte de Colombia) en 1826, en el que Centoamérica estuvo representada. Su proyecto de una confederación que incluyera a todos  los países libres de lo que más tarde se conocería como América Latina quedó truncado cuatro años después con su prematura desaparición el 17 de diciembre de 1830 en la ciudad de Santa Marta (Colombia) cuando apenas contaba  47 años. Su legado es imperecedero. Bolívar es el símbolo por excelencia de la libertad y la democracia americanas.

Hoy, a 231 años de su natalicio, vemos con inmensa tristeza cómo los enemigos de esa libertad y democracia han profanado y desvirtuado su nombre y se proclaman los herederos de una espuria “revolución bolivariana” precisamente en su Venezuela natal, cuyo fundador el coronel Hugo Chávez Frías, ya fallecido, se proclamó hijo dilecto del Libertador, al frente de un trasnochado “socialismo del siglo XXI”.  Su sucesor, Nicolás Maduro, designado a dedo in articulo mortis por el neodictador, ha convertido a la otrora opulenta Venezuela en la cenicienta de América, con un gobierno totalitario que es la antìtesis de la democracia, donde se irrespeta la libertad en todas sus formas, donde se conculcan los derechos humanos y se niega a los ciudadanos las más elementales garantías.

Por desgracia, el virus del socialismo del siglo XXI ha contagiado a no pocos países de nuestra América, que han sucumbido bajo el poder de los petrodólares del novel dictador Maduro, que en su frenética cruzada totalitaria se ha embarcado en una peligrosa campaña para hacer desaparecer el grandioso legado del Libertador Bolívar. Los auténticos demócratas del continente americano no debemos permitir que la obsesión enfermiza de los neosocialistas empañe la gloria del gran Simón Bolívar y adultere la herencia democrática que nos dejó.

Managua 24 de julio de 2014

Simón Bolívar, hoy secuestrado por los carteles político - económicos "bolivarianos", que, de manera abierta o encubierta, se apropian del poder para beneficio propio en América Latina.

A SIMÓN BOLÍVAR

No pudo el cruel rapaz roer la entraña

del nuevo Prometeo de los Andes,

de América el mayor, entre los grandes,

sagaz realizador de tanta hazaña.

Ninguna patria fue para él extraña,

nadie pudo emular su audaz desplante,

nadie tuvo del genio su talante

ni tuvo la intuición de un gran mañana.

 

Si excelsa fue la espada prepotente

del gran Libertador Simón Bolívar,

más noble fue su gesta trascendente:

 

Atlante de una América naciente,

bebió con humildad todo el acíbar

en pago por legar un continente.

Silvio Avilez Gallo

Santiago de Chile, 1990

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