El ébola demuestra vulnerabilidad recíproca entre países ricos y pobres

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

El Ébola: cuando anticipar, no es prevenir

La Asamblea General de las Naciones Unidas de 2003 se realizó bajo una particular circunstancia. Dos años antes se había perpetrado el ataque terrorista de Al Qaeda en Nueva York y Washington, y ese año se había realizado la invasión de Iraq, sin autorización del Consejo de Seguridad de la máxima organización internacional. De hecho, bajo las nuevas amenazas a la paz que significa el terrorismo transfronterizo y el uso prácticamente unilateral de la fuerza, estaban conmovidos los cimientos de los mecanismos establecidos para lidiar con las amenazas a la paz y la seguridad a nivel internacional.

En ese contexto, el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan, en su discurso ante la Asamblea General anunció el establecimiento de un Grupo de Alto Nivel para que le “proporcionara una visión amplia y colectiva de la manera de avanzar hacia la solución de los problemas con que nos enfrentamos”. Al frente de ese grupo de personalidades estuvo Anand Panyarachun, entonces Primer Ministro de Tailandia.

Como entonces colaboraba con Enrique V. Iglesias, a la sazón Presidente del Banco (BID), tuve oportunidad de ocasionalmente dar seguimiento a los trabajos del Grupo de Alto Nivel. En diciembre de 2004 se entregó a Kofi A. Annan el documento “Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos”, y que según reza su subtítulo era una propuesta sobre cómo lidiar con “las amenazas, los desafíos y el cambio” en el contexto de la paz y seguridad internacional.

Como se sabe, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se estableció en 1945 para lidiar con las amenazas a la paz y la seguridad internacional que, después de las dos grandes guerras mundiales, se asociaban esencialmente a los conflictos militares y sus causas inmediatas.

Desde entonces, mucho cambió el mundo, y el informe en cuestión recogió las nuevas y críticas amenazas a la paz y la seguridad internacional. Se identificaron seis grupos de amenazas “que deben preocupar al mundo en estos días y en los próximos decenios”: guerras entre Estados; violencia dentro del Estado, con inclusión de guerras civiles, abusos en gran escala de los derechos humanos y genocidios; pobreza, enfermedades infecciosas y degradación del medio ambiente; armas nucleares, radiológicas, químicas y biológicas; terrorismo; y delincuencia transnacional organizada.

El Grupo de Alto Nivel insistió en la relación que existe entre las diversas amenazas. Y el Secretario General, al distribuir el informe, señaló que acogía totalmente el “llamamiento a la adopción de una concepción más amplia de la seguridad colectiva, que encare tanto las amenazas nuevas como las antiguas y que atienda las preocupaciones de seguridad de todos los Estados, ricos y pobres, débiles y fuertes”.

Cuando cualquier día que nos levantamos echamos una mirada al planeta (Ucrania, Oriente Medio, África Occidental, el parlamento Canadiense, actos terroristas en diversos países, catástrofes naturales, y hasta nuestros propios barrios inundados) se confirma la presencia devastadora de esas amenazas. Pero hay una, la epidemia del Ébola que demuestra una de las conclusiones del grupo de personalidades: “Nuestras investigaciones y consultas revelaron que nuestra época se caracteriza por una relación sin precedentes entre las amenazas a la paz y la seguridad internacionales y una vulnerabilidad mutua entre débiles y fuertes”.

Es esto último lo que deseo subrayar: la vulnerabilidad mutua entre débiles y fuertes. Y agregaría, la responsabilidad de los fuertes. En efecto, el Ébola -que según se informa fue identificado desde en 1976- además que ha causado miles de víctimas en países del África Occidental, ya se cobró algunas en países desarrollados y el terror a la epidemia se ha desbordado. Es obvia la vulnerabilidad mutua entre débiles y fuertes.

¿Qué hicieron los países desarrollados, los antiguos y los nuevos como China y Rusia, de gran capacidad tecnológica, para investigar y desarrollar medicamentos para enfrentar esa enfermedad? Nada.

Cuando hace 10 años se preparó y publicó el informe que comentamos, era entonces el VIH/SIDA la epidemia de alarma y, al respecto, se indicó que “la respuesta internacional al VIH/SIDA sorprendió por su lentitud y vergonzantemente sigue careciendo de recursos suficientes”. Ojalá que no ocurra ahora lo mismo con el Ébola, y dentro de 10 años no tengamos que decir, como cuando en el año 2000 el Consejo de Seguridad por primera vez examinó el VIH/SIDA como una amenaza a la paz y la seguridad, que el número anual de muertos en África debido a esa enfermedad (que había sido identificada en 1987) “superaba con creces el número de caídos en combate en todas las guerras civiles del decenio de 1990”.

La Nicaragua Linda

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