El crimen policial en Las Jagüitas y el Jefe Supremo | Nicaragua

Sergio Simpson

Sergio Simpson

Por Sergio Simpson / Periodista

El asesinato de tres personas en Las Jagüitas, la investigación y el juicio, nuevamente me conduce a vincular a lapolicía danielista con la guardia somocista. Lo lamento.

Les confieso estoy influenciado al ver llorar y reclamar justicia a Yelka Ramirez, madre de dos infantes y hermana de quienes fueron balaceados y fallecieron, madre y tía respectivamente de dos menores gravemente heridos, y victima de agresión física y verbal en su estado de embarazo;  estoy indignado por la desfachatez de la fiscal Steffanie Pérez Bojorge, quien en nombre del Estado acusó a los enjuiciados.

Sin embargo no quiero escribir con la ira que me podría llevar a la animalidad, igual a quienes cometieron los asesinatos y como quienes los justifican.

Es inaudito que consideren error el crimen, tipificarlo como homicidio imprudente, luego de conocer la acusación de la Fiscalía ocultando información y evidenciando parcialidad a favor de  los indiciados.

La tropa policial estaba emboscada, dispuesta a matar con armas de guerra. No era detener un vehículo sospechoso, si hubiese sido esta la orden, debieron colocar valla, identificarse como policías, con luces y carros oficiales, y disparar sólo si los ocupantes del vehículo respondieran con balas.

Emboscarse es un acto premeditado, y es alevosía dejarle ir cuarenta y seis balazos a un vehículo que no se detiene y cuyos ocupantes no disparan. Nunca fui guardia, perdón quise decir militar o policía, pero supe en la guerra que cuando alguien se embosca, está preparado sicológicamente para matar, sin miramientos.

La institución policial nicaragüense,  volvió a ser organizada oficialmente en el partido de gobierno, responde a su Jefe Supremo que es el presidente del país y además el Secretario General del FSLN, no acata la orden de la Constitución de la Republica sino la voluntad de Daniel Ortega.

Hace algunos días les conté que vi en televisión a policías de transito, en formación antes de salir a las calles, cuando tres veces el jefe los arengó diciendo viva Daniel y ellos respondían: ¡viva, viva, viva!; y luego vi la bandera partidaria en un acto de la organización de base llamada Comité de Liderazgo Sandinista, presidido por el jefe policial.

No necesito ser sicólogo, es lógica la reacción de un policía que en la mañana lo preparan emocionalmente avivando al jefe y en la calle se enfurece frente a otros que luego le dicen que su Jefe Supremo es dictador y ladrón como los Somoza.

Es la actitud de un policía, jefe o soldado, que tiene la orden de matar sintiéndose inmune e impune bajo la protección de su Jefe Supremo, que, demostrado está, es todo poderoso y maneja la ley a su antojo y beneficio, siendo él mismo inmune e impune.

Ejemplo es su Directora General, Aminta Granera Sacasa, quien frente a la masacre en Las Jagüitas dijo que ella nada más responde al Jefe Supremo, ni siquiera a la consciencia que ella dijo muchas veces tener firme en justicia y honestidad, ya había demostrado que no acata el mandato constitucional o legal cuando aceptó continuar en el cargo, por decisión de Daniel Ortega, sabiendo que es inmoral e ilegal.

No voy a decir más, en los años noventa, escribí sobre los peligros que corría la sociedad si la policía respondiera a los intereses de la clase en el poder, si era comprada por el narcotráfico, si reprimía al pueblo que demandaba justicia social, si los jefes y oficiales honestos no se aferraban a principios constitucionales, etc.

Debido a este y otros casos reconocidos, nada más concluyo con la simbiosis: guardia somocista y policía danielista; a las evidencias me remito, comenzando por el titulo de Jefe Supremo, así le llamaban a Somoza.

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