El corrupto acomodamiento de algunos políticos a las circunstancias

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Yo soy yo y mi circunstancia…..

La muy famosa frase “Yo soy yo y mi circunstancia….” de uno de los más importantes pensadores españoles de la primera mitad del siglo XX, José Ortega y Gasset, con frecuencia es utilizada para expresar un cierto relativismo, o acomodamiento a las circunstancias, que raya en el cinismo. “La calle está dura”, para justificar la permanencia en cargos públicos a cualquier costo legal, moral y político, es una de las más vulgares expresiones de ese cínico acomodamiento a las circunstancias, en vez de intentar cambiarlas.

Esa interpretación contradice lo que Ortega y Gasset quiso decir. Ocurre que la reflexión completa del filósofo español era “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” para significar -todo lo contrario al acomodamiento cínico a las circunstancias que a uno le rodean- la extraordinaria capacidad de los humanos para transformar la naturaleza o circunstancias sociales, económicas y políticas que le rodean. Y se cita, como ejemplo, todo el proceso de invención e innovación tecnológica de la humanidad, incluyendo tecnología social e institucional, que ha venido transformando la naturaleza y las sociedades, en general para bien de los humanos.

El tema resulta pertinente por el reciente fallecimiento de Mariano Fiallos Oyanguren, ex Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y Presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) durante las elecciones de 1990, en que se reconoció la victoria de Violeta Barrios de Chamorro.

Fiallos Oyanguren era militante del Frente Sandinista, pero antes que actuar como militante partidario actuó como nicaragüense que sabía que del respeto al resultado de las elecciones dependía la transformación de la circunstancia la más importante, de lejos, para él y todos los nicaragüenses en ese momento: poner fin a la guerra civil. Cierto también que las elecciones se llevaron a cabo, y bajo estricta supervisión internacional, como producto del entendimiento entre los Estados Unidos y la ahora extinta Unión Soviética, que por diversas razones renunciaron a la guerra civil que ambos financiaban y apoyaban.

Gobierno sandinista y contras, bajo esas circunstancias, no tuvieron más opción que las elecciones, aunque para algunos a regañadientes. En Mariano Fiallos Oyanguren no hubo tal reticencia, y de ahí, entre otras razones, la respetabilidad con la cual ha sido recordado con motivo de su fallecimiento.

Pero el tema también es pertinente por la situación general del país. No se puede considerar como un hecho inevitable y de permanencia indefinida el régimen autoritario de Ortega. Ese régimen es la circunstancia más determinante del futuro del país. Pensar que del régimen se puede tomar solamente lo que gusta, por ejemplo la estabilidad macroeconómica y la concertación con el sector privado y los sindicatos orteguistas, y a la vez ignorar la circunstancia que las determina, que es el autoritarismo de Ortega, puede resultar una ceguera histórica.

A Mariano Fiallos le gustaba la revolución sandinista, a la cual contribuyó y fue leal, pero hubo un momento en que resultó evidente que la circunstancia más determinante de la vida de los nicaragüenses y su futuro era la guerra civil, y esa circunstancia debía ser cambiada y a su cambio contribuyó como lo hemos anotado.

Lenin decía que la política es economía concentrada. Ortega cree en eso, y por tanto cuida por sobre todas las cosas no confrontar a la élite empresarial. Pero la historia ha demostrado en todas partes que Lenin estaba equivocado, y es en la arena política que se definen los marcos de incentivos permanentes para el éxito o fracaso de la economía, de tal forma que si no se salva la política, no se salva nadie.

Ni la Contraloría puede tapar el sol con un dedo

El pasado jueves la Contraloría General de la República presentó a la Asamblea Nacional un informe de su gestión el año pasado.
Ese organismo, que cuando de los encumbrados intereses del poder gubernamental se trata, no ve, no oye, y menos habla, como ha ocurrido con tantas violaciones a la norma legal que regula las contrataciones del Estado, no pudo menos que reconocer un crecimiento espeluznante de los casos en que desde el gobierno se ha incurrido en responsabilidad administrativa, civil y penal.

En el informe mencionado, que debe ser objeto de un estudio más detallado, resulta que los casos de responsabilidad administrativa crecieron, de un año para otro, el 180%; y los casos de responsabilidad civil, el 373%, y los de responsabilidad penal casi 280%.

Que ese organismo ciego, sordo y mudo ante la corrupción gubernamental, como lo han documentado diversas investigaciones periodísticas, tenga que reconocer tan abrupto crecimiento en los casos de responsabilidad administrativa, civil y penal, es porque sencillamente el sol no se puede tapar con un dedo.

Sería bueno conocer cuáles son esos casos, y saber si entre ellos están los que han sido denunciados como vinculados a funcionarios y personas estrechamente relacionadas con los círculos más cercanos al poder político gubernamental. Mientras la Contraloría no investigue esas denuncias, es natural la suspicacia que quizá estamos otra vez ante el gran déficit de nuestro sistema judicial, en que no hay impunidad para un “roba-gallinas” pero sí para los de cuello blanco.

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