Días aciagos, de luto, abuso y represión para Nicaragua | opinión política

Roberto Samcam

Roberto Samcam

Por Roberto Samcam

Pensábamos escribir en el Editorial de esta semana, la tercera parte de los artículos que detallan el proceso de transformaciones que la pareja presidencial viene implementando en diferentes áreas de la vida nacional con el objetivo de cooptar todas las instituciones del estado, reconfigurarlas y cambiar las reglas del juego para beneficio de ellos, su familia, la cúpula partidaria, la casta uniformada y los aliados coyunturales y estratégicos. Sin embargo, los últimos acontecimientos obligan a posponer para la próxima semana el tercer artículo: Las transformaciones en el área económica.

Fallecimiento del Ing. Antonio Lacayo Oyanguren

El recién pasado martes 17, el país amanecía con la triste noticia del terrible accidente del helicóptero en que se transportaba el Ing. Antonio Lacayo Oyanguren junto a dos empresarios extranjeros. En dicho accidente fallecieron tanto ellos, como el piloto que comandaba la nave siniestrada. El Ing. Lacayo o Toño como acostumbraban llamarlo quienes le conocían, fue un personaje destacado en la política nacional en la época que precedió al fin de la guerra civil de los años 80’s, ya que fungió como Ministro de la Presidencia en el gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro. Le tocó la dura tarea, alabada por unos y vilipendiada por otros, de encausar al país en la senda de la desmilitarización, de la reconciliación, de la reconstrucción, de la apertura al libre mercado, de la pacificación de una nación dividida en dos pedazos irreconciliables, pero además, para complicar dicha tarea le tocó convivir bajo el mismo techo con dos lobos, uno montaraz y otro que aparentaba estar ya domeñado. El primero tratando de poner de rodillas al nuevo gobierno a través de las asonadas, lo único que ha hecho bien a través de los años, y el segundo, más pensante aunque no menos perverso, tratando de sacar el máximo de provecho a través de acuerdos y arreglos. Todos o la inmensa mayoría de los anti sandinistas criticaron en algún momento los famosos Acuerdos de Transición, pero nadie se detuvo, ni por un momento siquiera, a ponerse en los zapatos de Lacayo y ver como hacía para sortear las dentelladas de los lobos en cuestión. Arnoldo no pudo y al final se alió con uno de ellos, Bolaños igual y hasta tuvo al “otro” como asesor. Al Ing. Lacayo le tocó realmente una difícil gestión, que quizás ahora, ya muerto, muchos empiecen a reconocer.

Tuve la agradable sorpresa hace unas pocas semanas de recibir un correo suyo, en ocasión de un editorial, en el que me hacía notar la diferencia entre los tres gobiernos de la post guerra, ya que me señalaba de haberlos puesto en el mismo nivel y retándome a que conversáramos acerca de la CORNAP y la APP, que yo planteaba como un intercambio de favores con la cúpula del FSLN. Lo que más me llamó la atención fue la lealtad sin límites a doña Violeta, a su gestión y a todo cuanto se tuvo que hacer por sacar a Nicaragua de la postración heredada. Del Ing. Lacayo se han escrito tantas cuartillas y seguramente se escribirán más aun, ensalzándolo o denigrándolo, sin embargo, después de ser uno de los hombres que en nuestro país gozó de muchísimo poder, a la fecha no he oído ni leído a alguien que lo acuse de ladrón, de sinvergüenza o de haber utilizado el inmenso poder que alguna vez tuvo, para provecho personal o familiar. Cuesta ver a un político de esa magnitud, una vez fuera, dedicarse a trabajar, vivir de su trabajo y sobre todo, continuar trabajando, hasta el aciago martes 17, desde la arena empresarial, para sacar a Nicaragua del desastre institucional, económico y social en que se encuentra. A lo mejor se convirtió en una vocación, dada su experiencia de aquellos años, con los mismos actores de entonces, solo que con mucha más plata en los bolsillos. Descanse en Paz el Ing. Antonio Lacayo Oyanguren y que El Señor les brinde el consuelo necesario a sus familiares, Familia Lacayo Oyanguren, Familia Chamorro Barrios y en especial a su viuda Cristiana y sus hijos Ignacio Antonio y Cristiana María.

Brutal agresión a emigrantes cubanos

Corrían los primeros meses del gobierno de Doña Violeta B. de Chamorro, cuando por asuntos de acomodamiento con la nueva administración, la derrotada dirigencia política y la cabeza militar del país, léase los hermanos Daniel y Humberto Ortega Saavedra, sacaron casi a empellones a los asesores militares cubanos, que en un gesto de solidaridad militante con el gobierno revolucionario de entonces, habían puesto al servicio de las Fuerzas Armadas sus capacidades, conocimientos y hasta sus vidas. Un feo gesto, grosero, oportunista, artero, propio de gente mal agradecida con quienes dejaron sus hogares durante años, para cumplir los principios del internacionalismo revolucionario que les fueron inculcados y con los que crecieron como miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Dicha afrenta costó mucho tiempo para que fuese perdonada por la vieja dirigencia cubana y fue solamente con la mediación del “eterno” Hugo Chávez Frías, que las cosas volvieron a la normalidad entre los Ortega y los Castro.

25 años después, en otras circunstancias, nuevamente cubanos son expulsados de nuestro país, en forma más vergonzante, agresiva y violenta que la anterior, sin ningún ápice de sentimientos humanitarios, ni siquiera para aparentar algo del eslogan que repiten hasta el cansancio, hasta la falsedad, hasta la hipocresía, eso de que son Socialistas, Cristianos y Solidarios. Lo más vergonzoso de esta expulsión, es que los antiguos revolucionarios ahora pretenden erigirse en solícitos guardianes de la frontera sur de los Estados Unidos, sin que estos se los hayan pedido, ya que hasta la Embajada Norteamericana en Cuba pidió a los gobiernos centroamericanos un trato humanitario para los emigrantes cubanos. Ejército y Policía, en un despliegue de fuerzas desmesurado e innecesario, arremetieron violentamente contra hombres, mujeres, algunas de ellas embarazadas y niños. Pocas semanas antes, en un derroche de fariseísmo, Ortega había alabado a la Presidenta Alemana Angela Merkel, por su decisión de abrir las fronteras a quienes huían de los fanáticos criminales del fascismo islámico. Pero además, meses antes habían “coimeado” a otros emigrantes cubanos, cerca de 800, a razón de 85 dólares por cabeza, para permitirles llegar hasta Honduras. En un contrasentido sin límites, gente perteneciente a organizaciones narco terroristas sudamericanas han sido acogidas como héroes y heroínas en nuestro país, se las ha brindado asilo político y hasta han tenido el privilegio de una cedulación exprés y gratuita, algo que se le niega a los propios nacionales. Como dice el refrán, en el caso de los cubanos, uno puede ser feo pero no mal agradecido y ya van dos.

¿Navidad con reos políticos?

Cuesta creer que quien pasó preso una buena cantidad de años durante el somocismo, se convierta ahora, exactamente en el carcelero de aquella época. Alguien que sufrió cárcel, tortura, que padeció y vivió el sufrimiento de sus padres tratando de visitarlo en la prisión, soportando estos la burla de los captores, negándoselos y humillándolos, ahora reedite ese nefasto pasado, que todos pensábamos, luego de la caída de Somoza, ya había llegado a su fin. Es tanta la obsesión que tienen por el poder, que ven enemigos en cada rendija, viven paranoicos al extremo de ver en cada nicaragüense un enemigo, solo por el simple hecho de que no se postra sumiso ante ellos. Están presos en una burbuja que les impide ver la realidad del país y están llevando a Nicaragua al límite, mucho antes de lo que piensan. Primero fue la Vieja Guardia del Sandinismo exigiendo la “restitución” de los beneficios prometidos y usurpados por los de “arriba”; luego fue la Iglesia Católica y la Conferencia Episcopal a la cabeza, planteando la búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor; después fueron los retirados del ejército y del SMP reclamando los derechos conculcados y la reglamentación de la Ley 830; luego les tocó a sus propios aliados de años, pretendiendo defender los derechos de los pueblos indígenas; posteriormente fueron los pobladores de Mina El Limón reclamando derechos laborales a la empresa transnacional que explota oro y trabajadores; luego fueron los pueblos indígenas que reclaman en el Caribe Norte el retiro de miles de colonos que trafican con tierra, madera, ganado y quien sabe cuántas cosas más, beneficiando a quien sabe quiénes. Todos ellos han sido reprimidos, balaceados, ninguneados y vulgareados.

Ahora le toca a los que piden Elecciones Libres y Transparentes en Nicaragua cada Miércoles de Protesta. Y la respuesta? La misma a la que nos tiene acostumbrados el comandante desde tiempos inmemoriales: el garrote, las balas, la mentira, el chantaje, el montaje, la cárcel y la justicia al servicio de los designios de quien los puso ahí. En el colmo de la ceguera y la soberbia, pretenden amenazar con la desaforación de dos diputados que asisten a las protestas demandando el derecho de los nicaragüenses a que no se les roben sus votos: Eddie Gómez y Raúl Herrera. Quieren reeditar los viejos tiempos somocistas de tener Reos Políticos en calidad de rehenes, solo que ahora con pésimos montajes, vulgares, burdos y absurdos. Utilizando a dos pillos asalariados, indeseables confesos, han apresado a Omar Lola, concejal del PLI en Managua, cuyo único delito fue defenderse de la agresión montada por el orteguismo utilizando a pandilleros contratados por el par de indeseables confesos, quienes también fueron apresados, como para taparle el ojo al macho, utilizando las palabras de la nueva?adquisición de la bancada orteguista.

No contentos con tener a Omar Lola prisionero, sospechosamente “robaron” en su casa de habitación, llevándose únicamente la computadora y un arma corta de su propiedad, lo que presagia que un nuevo montaje se estaría fraguando. Omar Lola es el nuevo prisionero político del régimen de Ortega y si vamos a tener Navidades con Reos Políticos, estamos seguros que tendremos movilización de Navidades sin Reos Políticos. Se hizo antes con Somoza, se hará ahora con los nuevos somocistas.

Del blog de Roberto Samcam

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