Día de la Madre | Nicaragua

rosa-roja-y-rosa-blancaPor Enrique Sáenz

Hay quienes afirman que día de la madre deben ser todos los días, y es cierto. Esa capacidad ilimitada para prodigar amor, protección, comprensión, sin reparar en el sacrificio, ni la devoción diaria pueden retribuir.

Pero también es cierto que la celebración del 30 de mayo es una tradición profundamente arraigada en nuestra sociedad. Es un día especial. Día de rosas rojas. Día de rosas blancas. Día de reencuentros, abrazos y de convivencia familiar. Día de prodigar afectos. Y también día de visitas a los camposantos para acompaña a las madres que nos han dejado físicamente pero cuya mirada envuelve día a día a sus hijos desde el más allá.

No es fácil ser madre en Nicaragua. Además de los agobios biológicos de la maternidad, las madres nicaragüenses cumplen dos y hasta tres jornadas, al frente del cuido de las hijas e hijos; a cargo de dirigir o asumir las tareas del hogar; y cada vez más frecuentemente, en la calle, trabajando de sol a sol para ganar el sustento.

Nuestro saludo cariñoso y agradecido a todas las madres nicaragüenses que son ejemplo de abnegación, templos de amor y condescendiente refugio. Y nuestro saludo a las madres que más allá de nuestras fronteras, en el exilio económico, extrañan a sus hijos e hijas. Y a las madres que se quedaron aquí, añorando a sus retoños que volaron lejos en búsqueda de oportunidades.

Pero también corresponde aprovechar la ocasión para rendir homenaje a esos otros seres que también están en el corazón de la mayoría de los hogares cumpliendo una función que no siempre es visible pero cada vez es más importante. Estamos hablando de las abuelas.

Verdaderamente, el papel que desempeñan las abuelas en nuestra sociedad no ha sido valorado en su justa dimensión. Históricamente ellas han sido el cordón por el que se transmiten de generación en generación costumbres, tradiciones y creencias. Han desempeñado también un papel de apoyo a sus hijos e hijas, aunque en un plano secundario en cuanto a responsabilidades.

Sin embargo, con las nuevas realidades las abuelas han pasado a desempeñar un papel principal, en términos económicos, sociales y culturales. En la práctica, las abuelas están cumpliendo, por partida doble, el papel de madres y cabezas de familia.

Cada vez más, ante los apremios económicos de los hogares, las mujeres, tengan o no pareja, se ven obligadas a trabajar fuera de sus casas, ya sea en la economía informal o como trabajadoras en centros establecidos, para completar los ingresos de la familia. En estos casos la abuela pasa a un primer plano pues asume la crianza de los hijos de sus hijos, y las responsabilidades del hogar, mientras regresan el padre o la madre.

En Nicaragua, aproximadamente el 40% de los hogares tienen a una mujer como cabeza de familia. Esto significa que la mujer asume todas las cargas. En estos casos el papel de las abuelas es más notorio.

Pero con las migraciones, la situación se ha agravado. Los datos disponibles revelan que actualmente el mayor porcentaje de nicaragüenses que salen del país en busca de mejores oportunidades, son mujeres. En Panamá y España, por ejemplo, la gran mayoría de migrantes nicaragüenses son mujeres. Distintos estudios realizados muestran que en estos casos de mujeres migrantes, es la abuela materna la primera opción para hacerse cargo de los chavalos. La crianza y resto de responsabilidades de los hogares quedan a cargo de las abuelas. Y este papel tiene importancia económica, social y cultural. Un papel que no es todavía suficiente reconocido.

Pero más allá de las cifras, la referencia más palpable en el caso de las abuelas es el cariño, el primor y a veces hasta la alcahuetería que recibimos de ellas.

Hoy treinta de mayo, a la par de rendir homenaje a las madres nicaragüenses, rendimos también veneración a las abuelitas que ahora, con más frecuencia, son dos veces madres.

Felicidades a las madres y a las abuelas nicaragüenses.

Del blog de Enrique Sáenz

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario