Cuba, Estados Unidos y el gigante con pies de barro

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Resulta casi inevitable, en la medida que se aproxima el fin de año, hacer algunos balances del mismo.

Intento, entonces, analizar algunas de las grandes tendencias que han dominado el escenario internacional, en especial aquellas dimensiones del mismo que de alguna forma configuran nuestro entorno geopolítico y, por tanto, condicionan de manera indirecta o directa, mediata o inmediatamente, nuestro margen de acción como país.

El título de este artículo procede, como se sabe, de un relato bíblico del Antiguo Testamento, según el cual un gigante cuya corpulencia estaba forjada de oro, plata, bronce y hierro, pero tenía los pies de barro, fue pulverizado cuando una roca golpeó sus pies, se desplomó, y toda la armazón quedó convertida en pelusa que se llevó el viento. Desde entonces, la expresión se utiliza para simbolizar los poderes que, aunque en algún momento lucen casi omnipotentes, tienen vulnerabilidades que en cualquier momento asoman, y todo el poder se desmorona. Lo hemos visto en nuestra historia, y lo volveremos a ver.

Es lo que pareciera estar ocurriendo a Rusia. El año prácticamente se inició con la anexión por la fuerza de Crimea a Rusia, seguida inmediatamente del asedio a Ucrania. El Presidente ruso, Putin, parecía imparable con la materialización en el siglo XXI de la vocación imperial rusa. El orgullo recuperado de los rusos, después de la humillación del colapso de la Unión Soviética, ensanchó la base política de Putin.

La tensión entre Rusia y Occidente; la evolución en el Oriente Medio con la rápida expansión militar del llamado Estado Islámico que ha erosionado algunas fronteras que surgieron de la Primera Guerra Mundial; la continuación del estancamiento económico de Europa y Japón; la recuperación económica de los Estados Unidos que a la vez ha pasado a ser la segunda potencia petrolífera mundial, y la relativa desaceleración del crecimiento de China, fueron algunas de las principales macro tendencias geopolíticas del año.

En la encrucijada de todas ellas hay una consecuencia muy visible: el precio del petróleo ha colapsado, lo que ha colocado al borde del descalabro total a países como Venezuela y Rusia, que dependen casi totalmente del mismo para generar divisas. En el caso de Venezuela, que ha venido ejerciendo una gran influencia geopolítica regional en base al petróleo, su colapso, sobre un trasfondo de políticas económicas desastrosas, corrupción desbocada, y división y polarización política, ha incrementado el escenario de crisis e incertidumbre sobre su futuro. En Rusia, ese colapso ha potenciado el efecto de las sanciones económicas adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea por su política expansionista. Putin reconoció que hasta un tercio de la crisis se debe a esas sanciones, de las cuales se burlaba hace poco.

Hoy Putin, que recientemente imitó el periplo geopolítico del Presidente de China, país que no tiene los pies de barro de Rusia, y visitó a Cuba, Nicaragua y Sudamérica, y hasta se habló de alguna suerte de presencia naval en Nicaragua, luce impotente frente a la crisis económica y todo anticipa la rápida erosión de su base política.

En ese escenario hay que colocar el mayor cambio del entorno geopolítico hemisférico: el anuncio de transformaciones profundas en la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Soy contrario a las explicaciones unilaterales de lo que ha ocurrido: ni es una capitulación de Cuba, ni es tampoco una capitulación de Estados Unidos. Es más complejo e inciden múltiples factores, desde la inutilidad del embargo en cuanto al objetivo de cambio de régimen político en la isla, pasando por transformaciones en la opinión pública norteamericana, incluso la cubano-americana, hasta el fracaso económico del modelo cubano y el riesgo que ese fracaso se traduzca en inestabilidad política de un régimen anacrónico.

Sin muchos incentivos actuando sobre ambos gobiernos, el acercamiento que vemos hubiese sido imposible. Pero sin duda, independientemente de que el cambio que hemos visto se venía gestando hace tiempo, el momento en que se ha materializado no es separable del escenario de cambios geopolíticos más amplios, entre ellos la demanda latinoamericana para que Cuba participe en la Cumbre Hemisférica de Panamá, la decisión del gobierno panameño de invitarla, la robustez económica de Estados Unidos, y el colapso de gigantes con pies de barro como se han revelado la Rusia de Putin y la Venezuela de Maduro.

La Nicaragua Linda

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