Con el no de Escocia se afianza causa de la libertad y democracia

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Desde el punto de vista internacional, las dos más importantes construcciones políticas-institucionales del siglo XX fueron, casi sin duda, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la Unión Europea (UE). Ambas tienen de alguna forma el mismo origen, las dos pavorosas guerras mundiales, ambas generadas en Europa, y la necesidad de garantizar la paz y seguridad internacionales.
En el caso de la Unión Europea, además del objetivo de la paz y seguridad, convirtiendo viejas rivalidades en las “solidaridades de hecho” de que hablaron Schuman y Monet, considerados entre los padres del proceso de unificación europea, junto con Adenauer de Alemania y De Gasperi de Italia, estaba el objetivo explícito de afianzar las causas de la democracia y la libertad, en el contexto de una economía de mercado (la salvedad hay que hacerla, pues puede haber economía de mercado sin democracia, como en China, y es la tentación de otros autoritarismos, como el de Ortega).
Pues bien, la ecuación ONU más UE, resultante en paz, seguridad y democracia, estuvo en grave riesgo con el referendo de Escocia en que, afortunadamente, un mayoría significativa optó por no separarse del Reino Unido. Si el relativamente tardío ofrecimiento del conservador Primer Ministro David Cameron del Reino Unido para mayores grados de autonomía administrativa de Escocia se hubiese anticipado, y los escoceses, abrumadoramente socialdemócratas, no desconfiaran tanto de los conservadores, no hay duda que el no al separatismo sería bastante mayor.

Pero se trata de analizar las implicancias del riesgo a que el mundo, sí, el mundo, ha estado sometido con el referendo de Escocia, en términos de los grandes valores subyacentes a la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea: la paz, la seguridad, la democracia y la libertad.

En los límites orientales de Europa, Ucrania y Siria-Iraq, están las dos mayores amenazas a la paz y la seguridad internacional. Un sí de los escoceses habría tenido graves implicancias en otros procesos de segregación -se mencionan los casos del este de Ucrania, precisamente, pero también el de Cataluña, entre varios otros- redibujándose las fronteras que surgieron de la primera y segunda guerra mundial, con enormes riesgos de conflictos y confrontación. Y qué decir de los casos de Oriente Medio, con la anarquía reinando en Libia, borradas las fronteras entre Siria e Iraq por el Estado Islámico, y donde las alianzas y preferencias -siempre de origen étnico y religioso- cambian según sea el tema en discusión.

Pero lo más grave, por sus consecuencias en toda la civilización occidental, es que la salida de Escocia del Reino Unido provocaría enormes tensiones sobre la capacidad de la Unión Europea de continuar asentando un modelo de organización social y política basada en la libertad y la democracia, como lo advertía Mario Vargas Llosa en un artículo publicado el domingo pasado en este periódico (“Las guerras del fin del mundo”). En otros países europeos las tendencias en contra de la Unión Europea van de la mano de movimientos populistas y xenófobos, generalmente de tinte facistoide como el Frente Nacional de Francia, con lo cual las amenazas son por partida doble: a la paz y seguridad, por un lado, y a la democracia y libertad, por otro.

El separatismo no es la única amenaza a la Unión Europea. También está el prolongado estancamiento económico que ha disuelto los consensos básicos en las principales sociedades europeas. Pero viendo hacia atrás, los desafíos que enfrentan los dirigentes europeos son bastante menores que aquellos que enfrentaron los que diseñaron y dieron impulso político a la Comunidad del Carbón y el Acero, primero, y la Unión Europea, después. Estos dirigentes tenían la lección de las recién pasadas guerras. Los actuales saben que están asomados al abismo y es de esperar tengan la capacidad de adoptar las políticas que recuperando la economía y el bienestar social, recuperen la ilusión y la esperanza de sus ciudadanos en el proyecto europeo. Si es así, se salvarán tanto la Unión Europea como las Naciones Unidas (difíciles de imaginar con una Europa en desintegración y conflicto), y de paso los proyectos de libertad y democracia en el mundo.

Así, a ninguna parte

En el Ministerio de Educación (MINED) se ha anunciado una nueva remoción de sus autoridades. ¿Cuántos Ministros y Ministras y Viceministros (as) de Educación y Salud han habido en 8 años de gobierno de Ortega? Estoy seguro que si, por ejemplo, se hace esa pregunta a otros miembros del Gabinete, o a alguno de los dirigentes parlamentarios del Orteguismo, se quedarán entre aturdidos y perplejos pues no sabrían contestar. Menos dar sus nombres.

El tema no es banal, al menos por dos razones. La primera es porque si en principio el cambio de personas al cargo de una institución no debiera significar cambio de políticas, es conocido que en el MINED, pese a la abundancia de evidencia teórica y empírica de que nada es más importante para el desarrollo y la equidad que la formación de capital humano, no ha existido ni existe una política educativa con una visión de largo plazo, que no sea la simple propaganda política-ideológica.

Los indicadores del sector educativo durante la gestión de Ortega, como lo ha puesto en notable evidencia el cientista social Oscar René Vargas, en su último libro (“Nicaragua cambia, todo cambia”), son francamente desastrosos.

Si lo anterior es grave, no menos grave son las causas de tan vertiginosa rotación de autoridades en ministerios que deberían ser los ojos de cualquier gobierno. Las causas son, sencillamente, mezquindades, chismerías, intrigas de poder, serruchaderas de piso y otras tantas veleidades de la política palaciega del favor y la incondicionalidad en un gobierno autoritario como el de Ortega.

Los nicaragüenses nunca hemos recibido ninguna explicación del porqué una autoridad es removida. Si fuese por ineficacia, como ciudadanos tendríamos el derecho a saber los criterios a partir de los cuales se juzga o no eficaz la gestión de determinada autoridad. Y si fuese por corrupción, lógico sería que de conformidad con las leyes se trate de establecer las consecuencias civiles y penales.

Al mismo tiempo que se anunciaba la barrida en el MINED, se conocía que una vez más los dirigentes del sector privado llevarían a sus instancias de enlace con el gobierno el caso de numerosos empresarios cuyos reclamos frente a los abusos en la Dirección General de Aduanas (DGA), no son atendidos a pesar de resoluciones administrativas y judiciales a su favor.

¿Cómo se explica esa mayúscula irregularidad? De la misma forma: las autoridades en la Dirección General de Aduanas (DGA) gozan del favor del poder, y su permanencia en el cargo es absolutamente independiente de la eficacia con la cual cumplen su función, o de los abusos que cometan desde su autoridad. Y si de paso, en el abuso de su autoridad pueden decir que están “castigando políticamente” a algunos opositores, tanto mejor, porque la política del favor para algunos es la política del castigo para otros, aunque en la voracidad del molino del poder los que hoy ganan, mañana serán las víctimas, y si no que lo digan las autoridades recién defenestradas en el Ministerio de Educación.

La Nicaragua Linda

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