Colombia dijo “No” a la impunidad

Álvaro Uribe

Álvaro Uribe

El mazazo resultó tremendo. Frente a todo pronóstico, el «No» superó al «Sí» en el plebiscito de Colombia. La opción contraria a los acuerdos de paz, alcanzados entre el Gobierno y las FARC, se impuso por una diferencia de poco más de sesenta mil votos. El 50,23 por ciento de los votantes no aceptó las concesiones que un 49,76 estaba dispuestos a ceder, con tal de jubilar a la guerrilla más antigua del continente.

El Presidente, Juan Manuel Santos, perdió anoche todo su capital político. La derrota frente a su gran apuesta por la paz le deja seriamente herido para los dos años que le quedan de Gobierno. La población no entendió -o entendió demasiado bien- lo que había en juego en el plebiscito. La idea de intercambiar impunidad por abandono de las armas, fue desterrada. Los colombianos quieren paz, pero no a cualquier precio.

El alcance de esta decisión coloca a Colombia en una situación en extremo delicada. El país está partido en dos. Las FARC tendrá que decidir ahora si siguen negociando la paz (como sugirieron hace unos días) o vuelven al monte.

Marginado por buena parte de los medios de comunicación, el expresidente Álvaro Uribe fue el triunfador de la noche. «La paz es ilusionante, los textos de La Habana, decepcionantes», había reiterado antes de votar. El ex presidente se manifestó a “favor de seguir negociando” y en contra de unos acuerdos hechos a medida para las Farc.

El desconcierto en el que quedó sumido el Gobierno y la comunidad internacional que había apoyado sin fisuras el proceso resulta difícil de explicar. La ONU, con sus fuerzas de paz desplegadas, la UE y EE. UU y hasta el Vaticano quedaron descolocados. Lo mismo sucedió con los que hasta última hota tenían esperanza.

Yordan Ordóñez, ex paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia(AUC), se encuentra entre los decepcionados. «Se que no es el fin de la guerra, pero es el principio del fin», resumía cuando confiaba en que triunfara el «Sí». «A los 14 años -recuerda- entré en las AUC, más como un juego, por afinidad con los soldados de mi edad que por convicción ideológica. Cuando me di cuenta, era tarde y no podía meter la reversa (marcha atrás)». Yordan logró «salir, 10 días antes de cumplir los 18». Hoy entiende que «los chicos no deberían estar en esas organizaciones. En ninguna, les roban la infancia y la vida». Ahora trabaja para «reconciliarme conmigo mismo y con los demás». Estuvo, «en muchas ocasiones en combate. ¿A cuántas personas maté? Es muy complicado saber si fuiste vos o fue el otro porque todos disparamos y yo no tuve ningún enfrentamiento cuerpo a cuerpo».

Trinchera de la Noticia

El costarricense Juan Carlos Hidalgo, Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute, publicó esta noche en su perfil de Facebook el siguiente comentario:

“He seguido muy de cerca el proceso de paz de Colombia desde que fue anunciado hace 4 años.

Durante todo este tiempo he leído de cerca sobre lo negociado en La Habana, he hablado con docenas de colombianos (incluyendo uno de los negociadores), he visto de primera mano en Colombia la maquinaria mediática del gobierno de Santos, he participado en decenas de programas de Club de Prensa | NTN24 y otros medios donde se han comentado los pormenores del acuerdo, he organizado eventos en Cato con expertos a favor y en contra de lo negociado y he leído los puntos más importantes del acuerdo, en especial los referentes a la llamada justicia transicional. Así que nadie me puede acusar de brindar una opinión desinformada.

Un fenómeno que marcó las negociaciones desde su arranque es el hecho de que los sondeos de opinión mostraban de una manera muy contundente que los colombianos querían paz, pero también rechazaban por completo otorgarle impunidad a los líderes de las FARC. Resolver este meollo llevó al presidente Santos a decir que si los colombianos querían un acuerdo con las FARC, deberían tragarse varios sapos, es decir, deberían tolerar cierto grado de inmunidad.

Sin embargo las FARC fueron muy hábiles en su negociación y lo que Santos prometió que sería un proceso de “meses” desembocó en años. Las FARC sabían muy bien que en frente tenían a un presidente vanidoso cuya mayor ambición personal era ser galardonado con un Premio Nobel de la Paz. De tal forma, dilataron las negociaciones y sacaron concesiones cada vez más leoninas. Concesiones que, un pueblo desangrado por 52 años de guerra, no pudo tolerar.

“Nadie se sienta a negociar para ir a la cárcel”, dijo alguien. Es cierto. La norma es que un acuerdo de paz involucra algún grado de inmunidad. Lo hemos visto en El Salvador, en Irlanda del Norte, y otros lugares. También es difícil pensar en inmunidad cuando hablamos de masacres, terrorismo urbano, reclutamiento de niños, secuestros, extorsión, abortos forzados de mujeres guerrilleras, etc. Muchos de estos son crímenes de lesa humanidad que en buena práctica de derechos humanos no pueden ser perdonados.

Pero el acuerdo de La Habana fue más allá de un simple perdón: le garantizaba a las FARC 26 escaños en el futuro Congreso, le otorgaba 31 frecuencias de radio, un canal de televisión y un centro de pensamiento financiado por los contribuyentes para que hicieran propaganda, establecía que la indemnización a las víctimas corría a cuenta de los contribuyentes colombianos y no de más FARC, cuyo capital se estima en $10.000 millones. Las FARC pasarían a ser el partido político mejor financiado y con una cuota de poder político significativa sin siquiera tener que obtener un solo voto a su favor.

En todo este tiempo siempre dije que la decisión final era de los colombianos. Y era una decisión que era mucho más compleja que simplemente querer paz o guerra, como lo ha querido caricaturizar la prensa extranjera. Hoy una mayoría de colombianos votó en contra de este acuerdo, pero les garantizo que ninguno votó por más guerra. Todos los colombianos que conozco que votaron por el NO son gente decente que aspiran a vivir en un país en paz, pero con justicia. Sin impunidad.

Antes de saltar a acusar a los colombianos de insensatos, guerreristas o compararlos con los votantes de Trump (el hombre de paja de nuestros tiempos), saquemos un tiempo para entender mejor las motivaciones de esa mayoría de colombianos que hoy dijo NO en las urnas”.

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2 comentarios

  1. Colombia no ha dicho, “No”
    quienes lo hicieron fue el miedo que le imprimen los que necesitan la guerra para imponer sus políticas, de dominio y explotación como el señor Uribe y otros de su linea política, exactamente como lo hizo el grupo de la Élite de poder de la década de los 90s en en Nicaragua, cuando le metían el miedo a los Nicaragüenses que si triunfaba el Sandinismo volvía la guerra, ¿Pero ahora preguntemosnos quienes buscan la guerra? y lo que se observa es que esos mismos que invocan ese mensaje son los que buscan medios de violencia para resolver según ellos el camino democrático afín a sus intereses políticos y de poder. Estos políticos no están pensando en mejorar la salud, La Educación, ni la economía para los trabajadores, sino mas bien es hacer negocios para beneficio de sus grupos y allegados a sus intereses, ¿Quienes reclaman? Los medios que han visto reducidas sus ganancias, porque no tienen acceso a la gran publicidad que le dan los grupos transaccionales etc.

  2. Bosco Santamaria

    Este proceso de paz es necesario, solo los que viven la guerra de cerca saben lo difícil que es vivir en ese escenario las peronas que votan por el no ,son los menos afectados no sufren ni sienten el dolor de perder a un ser querido y no poder trabajar en paz, me pregunto a quien beneficia la guerra?quienes se hacen mas ricos? esos niños y mujeres sin oportunidades de desarrollo fueron afectados con el no de los ingratos malos hijos de Colombia.

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