Chavismo ególatra, soberbio y blasfemo | Venezuela

Imagen de www.ultimasnoticias.com.vePor Silvio Avilez Gallo

El culto a la personalidad ha sido una de las características heredadas del viejo imperialismo ruso —actualmente en vías de renacer de sus cenizas— gracias  al empuje del presidente Vladimir Putin, quien desde que ocupó el cargo de Primer Ministro en 1999, durante la presidencia de Boris Yeltsin, ha ejercido el poder supremo de la Federación de Rusia. Recordemos que antes de asumir la presidencia, fue el poder tras el trono en Moscú y que durante su gestión se inició la restauración de la antigua Unión Soviética al promover la independencia y posterior anexión de Abjasia y Osetia del Sur a Rusia en 2008, a pesar de las protestas de las potencias occidentales.  Cabe mencionar que Nicaragua fue uno de los poquísimos países en reconocer de inmediato primero la independencia de las dos ex repúblicas soviéticas y luego su incorporación a la Federación de Rusia.

El actual conflicto entre Rusia y Ucrania no es sino la continuación de los esfuerzos del neo imperialismo ruso por restablecer el poderío que perdió en 1991 con el derrumbe de la Unión Soviética y del comunismo en Europa. Esta situación ha llevado al mundo casi al borde de un nuevo conflicto mundial, no obstante las protestas de las potencias occidentales y de la propias Naciones Unidas, debido en gran parte a la falta de una política enérgica y coherente del presidente Barack Obama, lo que probablemente ha alentado también el surgimiento del terrorismo fanático de ISIS en Iraq y Siria.

El escenario actual es muy diferente del que se dio durante la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962, que enfrentó a los Estados Unidos y la Unión Soviética por la proyectada instalación de proyectiles balísticos en Cuba. La firme y decidida postura del presidente John Kennedy en ese entonces ante Nikita Khrushchev forzó la retirada de la flotilla rusa y el desmantelamiento de los misiles de la isla caribeña.

Pero he aquí que Venezuela se “voló las trancas”, como se dice popularmente, al estrenar una versión chavista del Padre Nuestro, oración que millones de cristianos repiten diariamente siguiendo las indicaciones del propio Jesucristo para dirigirse al Padre Eterno. Este hecho insólito, sin precedente en la historia contemporánea, ha causado conmoción no sólo en la patria del Libertador sino en todo el mundo y ha recibido la reprobación generalizada de las autoridades religiosas, así como de los miles de millones de fieles de las distintas denominaciones cristianas del planeta.

Según publicaciones aparecidas en diferentes medios de comunicación, la versión chavista de la nueva “oración” reza así:

“Chávez nuestro  que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu legado para llevarlo a los pueblos de aquí y de allá.  Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, del delito del contrabando porque de nosotros y nosotras es la patria, la paz y la vida. Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez”.

De manera que el chavismo se ha convertido en la nueva religión oficial del Partido Socialista Unido de Venezuela, que ya cuenta con un singular “san Hugo Chávez” gracias a la “cañonizarión” decretada por el presidente Maduro en la clausura de un evento multitudinario, al finalizar el “Primer taller para el diseño de formación socialista” el pasado 1º de septiembre en Caracas.

Este nuevo e increíble dislate del designado heredero del difunto dictador, que ya anteriormente había manifestado que su guía espiritual se comunica regularmente con él a través de los trinos de un pajarito, hace temer seriamente por su estado de salud psíquica. Nicolás Maduro, lejos de hacer honor a su apellido, se manifiesta como un verdadero psicópata, como una persona inmadura que ostensiblemente tiene graves perturbaciones mentales que lo incapacitan para ejercer el cargo de presidente de un país como Venezuela, para vergüenza de todos sus conciudadanos.

A través de la historia el mundo ha conocido a individuos, que por la ambición enfermiza por el poder, se convirtieron en verdaderos azotes de la humanidad.  Basta mencionar a Adolf Hitler, Benito Mussolini, Vladimir Lenin, Iosif Stalin, Josip Broz (Tito),  Nicolae Ceausescu, Erich Honecker, Wladyslaw Gomulka, Enver Hoxha, Imre Nagy y tantos otros. Todos practicaron el culto a la personalidad en grado superlativo, como es característico de los dictadores, pero nunca, hasta hoy, nadie se atrevió a llegar a los extremos de Nicolás Maduro de crear una nueva religión y profanar una oración tan sagrada para miles de millones de cristianos, como es el Padre Nuestro.

El Diccionario de la Lengua Española define la egolatría como culto, adoración y amor excesivo de sí mismo,  en tanto que la soberbia  la describe como 1. Apetito desordenado de ser preferido a otros. 2. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias cualidades con menosprecio de los demás. La blasfemia, en tanto, se considera como palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos.

Todas estas descripciones calzan como anillo al dedo al más reciente disparate del dictador Maduro, que ciertamente pasará a la historia como un  alucinado que profanó y desfiguró el legado de Simón Bolívar, hizo gala de egolatría enfermiza, de soberbia desmesurada e injurió pública e irresponsablemente el nombre de Dios.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario