Cargos nuevos: Exclusión del debate e imposición de negociación de cúpula

Por Lilly Soto Vásquez

La elección de los nuevos cargos en las instancias estatales está marcada por la exclusión del debate y por la imposición de negociación de cúpula.

Son numerosas las solicitudes que las diferentes organizaciones de la sociedad civil han hecho a través de los medios de comunicación para que existan criterios básicos y características que deberían reunir los candidatos y candidatas para ocupar cargos públicos.

Queda en evidencia que en Nicaragua no existe ninguna legislación que permita la participación ciudadana para la postulación de personas a los cargos públicos. Tampoco existen comisiones de postulación que podrían servir de analistas y presentar a los idóneos. Lo que existe es una Comisión de la Asamblea Nacional, lo que la convierte en juez y parte.

En este sentido, Nicaragua está viviendo en la etapa de designaciones o sea, en el período medieval, en la que el rey o monarca con base en sus propios intereses designa a sus funcionarios (as) como parte de su “coto de caza”.

El discurso de la “segunda etapa de la Revolución” ha caído de manera brutal. El cambio anunciado es solamente de palabra. Los hechos evidencian lo contrario. El progreso y el avance de la ciudadanía en la toma de decisiones es una quimera.

La forma de elección con aplanadora rebota en el rechazo al clamor de una sociedad civil-aunque incipiente-pero con demandas.

Se habla de consenso, pero el consenso se ha realizado solamente en la negociación de las cúpulas tanto de partidos como en el propio Frente con sus nuevos liderazgos después de la muerte del Comandante Tomás Borge Martínez.

A esta nueva situación se agrega las nuevas disposiciones del poder de turno, desde la Presidencia, de que los miembros de la Policía y del Ejército ocupen cargos en el Estado, con anuencia de las propias instituciones.

Los grandes excluidos de la toma de decisiones para la construcción de Nicaragua son los sindicatos, los campesinos, y las asociaciones y organizaciones de la sociedad civil. O sea, que estamos asistiendo a la más insólita de las paradojas: los trabajadores y campesinos antaño elevados a fuerzas motrices de la Revolución, ahora son los excluidos y el funcionario, burócrata, oficial, técnico u operador político pasa a ocupar el lugar central.

¿Y el ciudadano o ciudadana? Muy bien, gracias.

En la era de la globalización, con alto desarrollo de las redes sociales, el ciudadano nicaragüense está viviendo en la época feudal en lo que a decisiones se refiere.

Urge profundizar el debate y elaborar indicadores nacionales para ver cómo andamos de “verdad” y no “iluminarnos” con propaganda engañosa que nos colocan en altos lugares “nominales” pero que a la hora de tomar decisiones solamente obedecemos, perdiendo criterio propio y dignidad.

Lo hecho, hecho está. Todos sabemos de quién es la responsabilidad, pero espero que estas líneas sirvan para contribuir a ese debate postergado.

Si los cargos a elegir eran 56 o más, bien podría haberse legislado para conformar esas Comisiones de postulación y abrir un debate en el que los medios, los ciudadanos, las mujeres pudieran opinar sobre los candidatos o candidatas con la finalidad de generar consenso sólido y contundente  y con ello, propiciar la armonía para vivir bien y vivir bonito.

De esta forma, las organizaciones civiles, sindicatos, campesinos, COSEP u otras organizaciones y asociaciones podrían haber impugnado a personas que no reúnen los requisitos de acuerdo a las normas y las leyes.

Pero no queremos  democratizar, nos interesa “vivir bonito” en el autoritarismo.  Urge el debate, incluso dentro del Frente.

Guatemala de la Asunción, 29 de abril de 2014

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario