Cancelación de proyecto Tumarín era previsible pero indeseable | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

La información que ha circulado confirmando la cancelación definitiva del proyecto hidroeléctrico Tumarín, es tan indeseable como previsible.

Indeseable, porque como lo comentamos el 9 de agosto de 2008 cuando por primera vez se anunció el proyecto, “Nicaragua es el país con más potencial hidroenergético de Centroamérica, y, sin embargo, es el que en proporción a su consumo genera menos energía hidroeléctrica”.

Desde un principio dimos la bienvenida al proyecto, sobre la base de tres condiciones: primero, que cambiaría sustancial y positivamente la matriz energética de Nicaragua al pasar a depender más de recursos naturales renovables; segundo, que se garantizara el apropiado manejo del impacto socioeconómico y ambiental del proyecto; y tercero, que ayudara a bajar la tarifa eléctrica que es la más alta de Centroamérica, afectando negativamente la competitividad de la producción nicaragüense.

En lo único que se avanzó fue en la gestión, hasta dónde se sabe apropiada, de la compra de tierras y propiedades, facilitándose la relocalización de la población potencialmente afectada por el proyecto.

Pero al poco andar después del anuncio inicial, se empezaron a ver dificultades que tornaban previsible que el proyecto no se ejecutaría.

En primer lugar, el secretismo gubernamental en torno al proyecto, y la docilidad de la bancada oficialista en la Asamblea Nacional que aprobó una y otra vez el contrato de concesión sin contestar a los requerimientos de información que se le hacía desde los medios de comunicación, de algunos empresarios, y desde la oposición. Yo escribí en varias ocasiones, sin ninguna respuesta de las autoridades, cuestionando aspectos del proyecto que erosionaban sus potenciales efectos positivos.

Nunca se contestó porqué el monto de inversión por megavatio de capacidad instalada era tan alto, pese a que lo demostré comparándolo con otros proyectos hidroeléctricos en construcción en Centroamérica, y en una ocasión incluso lo comparé con los costos del proyecto Belo Monte de Brasil, casi tan grande como la hidroeléctrica Itaipú, de las más grandes del mundo después de Las Tres Gargantas de China. Obviamente, un monto de inversión que lucía sobrestimado, haría más difícil conseguir inversionistas. Esto se confirmó, cuando se hicieron públicas investigaciones de corrupción en Brasil que afectaron a empresas de ese país vinculadas al proyecto.

Tampoco se contestó, aunque obviamente estaba vinculado al monto de inversión tan alto, porqué la tarifa negociada con el proyecto era tan alta, erosionando así uno de los aspectos positivos más relevantes del mismo.

Después trascendió que el conflicto de intereses de empresas privadas vinculadas al círculo gobernante, que están en la importación de petróleo, generación de energía y distribución de la misma, también se traducía en dificultades con la empresa a cargo del proyecto Tumarín.

Todo lo anterior se tradujo en continuas prórrogas del proyecto, que aumentaban la previsibilidad en cuanto a la no realización del mismo, pese a su deseabilidad.

Esa negativa previsibilidad se volvió inminente cuando, sospechosamente, los voceros que continuamente criticaban agresivamente a quienes levantábamos  -“por ser enemigos del sector privado”-  las inquietudes en torno al proyecto, empezaron a decir que el proyecto era muy grande, la tarifa muy alta, y hasta se atrevieron a decir que el proyecto era indeseable porque los precios del petróleo estaban bajos (como si el proyecto fuese de corto plazo, y tuvieran certeza que los precios del petróleo nunca volverían a subir).

La cancelación del proyecto Tumarín obviamente abre espacio para que otros generadores realicen inversiones rentables para atender la creciente demanda de energía, pero eso no significa que el proyecto no sea deseable y necesario y un gobierno serio, sin conflictos de intereses y que piense en el desarrollo de los sectores productivos y los consumidores, lo deberá retomar en el futuro.

Hace menos de un año, en agosto de 2015, publiqué un artículo en este diario comentando las renovadas dificultades que enfrentaba el proyecto. Concluía ese artículo de una forma que vale la pena repetirla, por su pertinencia con el momento:

“Y a propósito de declaraciones de dirigentes del sector privado, sin transparencia informativa nunca sabremos cuán caro es, cuánta racionalidad tiene, y si beneficiará a Nicaragua o solamente a unos pocos, porque necesitamos que este proyecto, como otros, se haga, pero se haga bien”.

La Nicaragua Linda

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Un comentario

  1. El problema es que hay una confabulación de todos las élites pro gobiernos de la derecha encargados de desprestigiar políticas de gobiernos que pudieran apoyar a Nicaragua y eso es lo que desafortunada mente se conoce y se observa en la oposición interna de Nicaragua, por que no están interesados en que el país mejore, estos grupos de politiquerías solo piensan en sus intereses de grupos o de personas, por alcanzar el poder y hacer lo que ahora hace Maccri en Argentina, decepcionante que pase lo que paso con el Proyecto Tumarin.

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