Blatter no detiene la fiesta; en Bar Au Lac sirven caviar

Nadie más puede alojarse estos días allí. Ni siquiera si dispone de los 1.000 euros -mínimo- que cuesta una de sus 120 habitaciones.

Nadie más puede alojarse estos días allí. Ni siquiera si dispone de los 1.000 euros -mínimo- que cuesta una de sus 120 habitaciones.

Zurich. Por la puerta principal del Hotel Baur au Lac el acceso es dificultoso. El tamaño de los bíceps de los miembros de seguridad y el escrutinio severo de los conserjes impiden un caminar tranquilo, posible, sin embargo, si el acceso se hace por la puerta de uno de los cinco restaurantes del jardín privado, lugares donde los miembros de la FIFA comían el jueves, después del mediodía, entre risas y bromas. Al fin y al cabo, el hotel más lujoso de Zúrich, la ciudad donde el lujo es hábito, es el cuartel general de la FIFA. Nadie más puede alojarse estos días allí. Ni siquiera si dispone de los 1.000 euros -mínimo- que cuesta una de sus 120 habitaciones.

Probaban los presidentes de algunas de las 209 Federaciones el caviar del Pavillon, una estrella Michelín donde la broma de 50 gramos sale a 368 euros, o las costillas de ternera a la brasa del Rive Gauche, 112 euros por un plato único. Terminado el postre, por el mármol del hall iban desfilando camino del Theater 11, donde a primera hora de la tarde Joseph Blatter inauguró el 65 Congreso de la FIFA. Según salían a la recepción los congresistas, una persona hacía sonar un silbato y uno de las decenas de Mercedes CLS con los cristales tintados aceleraba para recoger al señalado. Y después de ese, otro, y otro, y otro más. “Otro Mercedes, por favor”, decía el silbato. La fila de coches (el modelo más barato cuesta 66.500 euros) era inacabable, pilotados todos por chóferes con el pinganillo en la oreja, bien visible, traje y corbata impecables, cara de pocos amigos. Crónica del diario El Mundo sobre el ambiente en la sede de FIFA.

El escándalo no hace mella en elección de la FIFA

Tembloroso, titubeante, Blatter dio la bienvenida a todo el mundo y durante tres minutos habló del escándalo. Lo hizo en tercera persona, como si la cosa no fuera con él. Por supuesto, ni una mención a la petición que, en privado, le había hecho horas antes del presidente de la UEFA, Michel Platini. “Vete”, le dijo. “Nos conocemos mucho el uno al otro”, le respondió el suizo en un diálogo ideal para una secuela de El Padrino. Luego Platini, que reunió a los suyos por la mañana, anunció que las Federaciones europeas votarían por el Príncipe jordano Ali bin Al-Hussein, único rival de Blatter. Ocurre que el voto es individual y secreto, así que incluso el propio Platini admitió que, de los 54 votos europeos, él creía que “45 o 46” irían para el jordano. Serán menos si se cumplen las previsiones. Villar, presidente de la española, apoyará a Blatter. Y como él, muchos otros, que en el juego político llevado a cabo estos días en los pasillos del Baur au Lac han prometido el voto a las dos candidaturas. ¿Les suena? La elección de sede de los Juegos Olímpicos, el COI…

Hablando del COI, uno de los invitados a este Congreso es Thomas Bach, su presidente, que tomó la palabra. “En la Agenda 2020 contra la corrupción, la tolerancia cero ha sido fortalecida. Desde el COI sabemos por la experiencia de hace 15 años que la lucha puede ser exigente y muy dolorosa. Pero sabemos que no hay otra forma de recuperar la credibilidad”, dijo, quizá pensando en la elección de los Juegos Olímpicos de Salt Lake City (2002). Blatter, en su silla, no pestañeó. Crónica de Eduardo Castelao para El Mundo.

Trinchera de la Noticia

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