Beltrán Morales, el poeta genial | Nicaragua

( Foto de Archivo ) Pablo Antonio Cuadra y Beltran Morales.  7 de Abril 1986.  Foto LA PRENSA/Jose Reyes

( Foto de Archivo ) Pablo Antonio Cuadra y Beltran Morales. 7 de Abril 1986. Foto LA PRENSA/Jose Reyes

Por José Antonio Luna / Periodista

Hace muchos años, conocí a Beltrán Morales (1945-1986), en un lugar inusitado y en un escenario digno de  guión de una película de suspenso y misterio de Alfred Hitchcock.

Me encontraba en la clínica del doctor Gustavo Tablada Zelaya cuando llegó una ambulancia con un paciente en crisis. Traían al enfermo con una camisa de fuerza y apresuradamente era conducido a una habitación porque estaba muy mal.

Tablada, quien fue llamado de urgencia para ver al enfermo me dijo: traen a Beltrán Morales. Curioso, lo seguí y vi al poeta en  la camilla con una camisa de fuerza. Los camilleros  pasaron al enfermo  a una cama. El poeta temblada y  deliraba. Ese terrible encuentro marcó mi acercamiento literario con uno de los mejores poetas de Nicaragua. Suceso doloroso ese, que  me hizo leer a más a fondo a Antonin Artaud y revivir en mi memoria mi único contacto -físico-real- con Alfonso Cortés en el Pedagógico de Managua en la década del 60’s, cuando se le rindió un homenaje; poco tiempo después falleció. Después de la muerte del poeta de Ventana  fui a León, a la casa donde vivió Rubén Darío, para ver las rejas donde tuvieron encerrado como a un león, al silencioso y pacifico Alfonso Cortés. Terrible tragedia de poeta que sufrió la represión de la ignorancia médica de la época.

En esos días  nació en mí una curiosidad morbosa por los poetas llamados “malditos” y a los que yo llamo “genios incomprendidos”.

Las décadas del 50s al 70s, fue la  época de oro de la literatura y  del periodismo escrito y radial en Nicaragua. Lo paradójico es que mientras las letras florecían la pobreza aumentaba. Como que no había congruencia entre dos realidades. Se publicaban algunas revistas y hasta existía radio Centauro, después -La Güegüense- la “Voz cultural nicaragüense” de don Salvador Cardenal.

El diario La Prensa, bajo la dirección de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, tenía una página literaria -La prensa Literaria– que manejaba el poeta Pablo Antonio Cuadra. Suplemento literario que semanalmente sorprendía a los amantes de la literatura con poesía, ensayos, cuentos etc. de autores nacionales y extranjeros… En “la Universidad de bolsillo” se leían asiduamente a Beltrán Morales, Horacio Peña, Rothschuh Tablada, Coronel Urtecho, etc…

Beltrán con su poesía tenía algo de profano y divino. Quizás sus trastornos emocionales y mentales lo dotaban de un sexto sentido para captar los efluvios misteriosos de la perversidad y la divinidad de su entorno.

Después lo vi dos veces más en circunstancias no tan literarias -mesa de tragos- pero no recibí de él ninguna agresión como se quejaban algunos amigos. Beltrán era un hombre fornido, en esos días yo era un jovencito esquelético.

Beltrán Morales, desde que despuntó como poeta, tuvo audiencia. No fue como algunos poetas, que van de padrino en padrino para hacerse visibles. Beltrán era de los que con su crítica cáustica, pero bien cimentada, se hacía respetar. No le temía a los de las llamadas “voces influyentes”.

Así funcionaba y todavia funciona la vida literaria en Nicaragua, donde “las vacas sagradas” marginan a los potenciales enemigos con frases bien aprendidas en España: “No tiene calidad”, es muy simple” o “ese poeta  no llena las expectativas”.

Beltrán –con toda y su locura- no pudo ser opacado. Pablo Antonio Cuadra, con un olfato fino para visualizar lo bueno, siempre le publicó pese a los amigos mal intencionados que adversaban en el fondo al poeta.

Algunos amigos hablan de un Beltrán irreverente, anti clerical, pro comunista. ¿Quién no era de izquierda durante la dictadura somocista?

El valor de la poesía de Beltrán está por conocerse. Todavia está relegado.

En 1975 (a sólo cuatro años del triunfo sandinista), cuando todavía no se vislumbraba un cambio en Nicaragua y los poetas y cuentistas convivían en paz relativa, publicando en La Prensa Literaria, La Revista Conservadora, Novedades; Beltrán ya era famoso en el extranjero. Ya había trascendido los corrillos literarios de Managua, Granada y León. No era solo el amigo de los dos grupos famosos: Ventana y La Generación Traicionada, era parte estos grupos  por sus vinculaciones. En esos tiempos todavia no se hablaba de las famosas generaciones por décadas. Invento de quien sabe quién que selecciona  a los poetas y cuentistas por su etapa de aparición a la palestra publica, cada diez años.

Beltrán Morales no necesitó de la revolución para ser famoso. Un gran número de los escritores conocidos actualmente son producto de ese fenómeno coyuntural -la revolución en el poder- que les facilitó y los vincula con los intelectuales famosos (García Márquez, Grass, Gelman, Cortázar etc.)  simpatizantes del proceso nicaragüense.

Sin la revolución, seguramente muchos de los ahora famosos escritores y poetas nicaragüenses no hubieran trascendido más allá de las conferencias de la universidad, los recitales de los bares y de  impresiones locales de libros.

Beltrán no es de este  grupo que usufructuó la revolución para hacerse visible como intelectual. Su calidad ya era conocida en los círculos universitarios desde antes del triunfo del 19 de julio de 1979.

A raíz del triunfo revolucionario, a Beltrán primero lo manipularon ensalzándolo, como se hizo con otros poetas como Carlos Martínez Rivas. Con el paso del tiempo fue marginado y murió en la pobreza, recluido en un sanatorio para enfermos mentales.

En una “brevísima antología a la poesía centroamericana”, Eduardo St. Parra, el antólogo de poetas centroamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo destacó junto a dos poetas nicaragüenses ya consagrados.

Los  tres autores nicaragüenses incluidos en la antología fueron: Alfonso Cortés, Carlos Martínez Rivas y Beltrán Morales. (www.revistadelauniversidad.unam.mx)

El seleccionador  de los poetas de la brevísima antología rescato lo mejor de Nicaragua:

En el mismo orden, sobra aclarar que ahora nuestro propósito tiende al rescate de incuestionables valores, mismos que no han sido muy difundidos y que deben sobrevivir a expensas de una clase directora y enemiga de la disciplina del buen hacer poético”.

“En el país de los grandes aventureros de la poesía, Beltrán Morales pareciera afirmarse cálidamente en las vicisitudes de lo cotidiano. Ha respondido, con todo, como uno de los mejores herederos del fabuloso legado lírico de sus predecesores.

Su primer libro, “Algún Sol“, fue publicado por la Editorial Universitaria de Guatemala, en 1969. Tres años después pudimos conocer “Agua regia”, poemario que ha llevado  a un crítico implacable a decir:

“Muchos libros contemporáneos, populosos y populares, desaparecerán, pero éste quedará como el busto que sobrevive a la ciudad.

 SIEMPRE VERANO

 A Carlos Martínez Rivas, en soledad

y solidaridad

Los hombres y mujeres solitarios

vistos en mesas, playas, bancos,

eran espejo y advertencia

de la otredad, el desamor mismo.

Lo advertido devino

realidad: no hay tequieros ni cópula

soñada que resistan una tumba

de espuma y chácharas marinas.

Mar, amor, ternura de arenisca,

fueron sal, zancadillas

que echó la estación

sobre nosotros. Soga en casa

de ahorcado, el verano

fue soledad, desamor mismo.

(De “Agua Regia”, 1967·1971)

 

QUÉ DESCANSADA VIDA

Antes que nada cálese un legítimo sombrero

tejido a mano. Enseguida obtenga sublimes

tarjetas postales en giras turísticas alrededor

del país realizadas en el vehículo de algún

amigo. Pare (por favor) en pintoresco rancho

de palma y pida y beba el divino néctar

de inmemoriales caciques servido en auténticas

jícaras labradas. Entable amena charla

con campesinos del lugar acerca de anécdotas

lluvia copiosas y qué tal van los frijolito .

Al mediodía balancéese en blanca hamaca bajo

palmeras verdes de casa solariega. Cierre

los ojos y enervado mas decidido déjese llevar

por el coraje: en vista de que su novia’ no 10 ama

propóngase como meta la guerra de guerrillas.

A continuación imagine inmensos corredores

y floridos balcones coloniales; nostálgico

considere que ya nunca jamás volverán.

Conténtese en fiestas y jolgorios de sabor’

popular. Tortúrese a sí mismo, violéntese, tóquese

la conciencia y piense: “pobrecitos los indios

sucios borrachos descalzos” etcétera.

Mézclelo todo en una batea condimentándolo

con abundante y apropiada caridad. Después

(si es que puede) reempújeselo de un solo trago

y verá qué rico: eso le pasa por confundir

su honrado temperamento romántico

con la lucha armada de liberación nacional.

(De “Agua Regia”, 1967-1971)

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