Bacteria transgénica diagnostica cáncer en la orina | salud cáncer

Los investigadores han manipulado una cepa de bacteria Escherichia Coli. / CHRIS BICKEL / SCIENCE TRANSLATIONAL MEDICINE / Imagen de http://elpais.com/

Los investigadores han manipulado una cepa de bacteria Escherichia Coli. / CHRIS BICKEL / SCIENCE TRANSLATIONAL MEDICINE / Imagen de http://elpais.com/

La bacteria Escherichia coli es un ser vivo sencillo -tiene unos 4.300 genes- y vulgar -abunda en el intestino de aves y mamíferos, y por ello también en sus heces, normalmente, sin provocar mayores problemas-. Pero tras manipular convenientemente su genoma en el laboratorio es capaz de abandonar su papel (colaborar en el proceso digestivo) y asumir funciones complejas reservadas a sofisticados equipos de diagnóstico por imagen (TAC, resonancias magnéticas, tomografía por emisión de positrones) como la identificación de metástasis en el hígado de ratones. Si hay un tumor, el microorganismo lo señala con la coloración de la orina. “Han convertido las bacterias en bactodoctores”, resume el especialista en biología sintética de la Universitat de València (UV) Manuel Porcar.

Un grupo de la Universidad de California (San Diego) y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) describe en Science Translational Medicine cómo han transformado una cepa de la bacteria en una herramienta de diagnóstico viva. La misma publicación recoge el trabajo de otro equipo, formado por investigadores de la Universidad de Stanford y de Montpellier, que, a través de una estrategia diferente, ha manipulado la E. coli para que identifique la presencia de glucosuria -exceso de glucosa ligada a la diabetes- también en la orina. En ambos casos, como detalla Porcar, investigador del Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutivade la UV, el esquema empleado es el mismo:

Incorporar un número determinado de genes en la estructura de la bacteria para, primero, detectar una alteración del metabolismo sano -exceso de glucosa, un tumor- y, ante esta circunstancia, ser capaz de emitir una señal medible –normalmente con una coloración o una luminiscencia-. La metástasis en el cáncer de hígado es especialmente difícil de detectar prematuramente mediante técnicas de diagnóstico por imagen y, cuando da la cara, frecuentemente es demasiado tarde para garantizar el éxito del tratamiento. Este órgano suele ser el principal destino hacia donde se diseminan otros tumores, como el colorrectal, de mama o de páncreas. De ahí el interés de los investigadores por diseñar un mecanismo que permita la identificación temprana de las neoplasias hepáticas mediante microorganismos modificados, publica El País de España.

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