Aunque todavía no se llegue a las calles

max_lacayoPor Max L. Lacayo

El general Julio César Avilés, jefe del Ejército de Nicaragua, ha adoptado un lema político: “Hay seguridad en el país porque los militares no están en las calles”. Esto lo hace el general para enfatizar que aquí no hay grupos armados y, por ende, no existe la necesidad de que los militares estén en las calles enfrentándolos. Según el funcionario militar esto hace a Nicaragua un Estado bien gobernado.

Lo anterior debería tener poca relación con el hecho de que este Ejército nació en las calles, si no fuera porque su estirpe es brutal y su historial engañoso.

Como lo he citado anteriormente, el presidente inconstitucional Daniel Ortega explica el génesis de su Ejército de la siguiente manera: “El Frente Sandinista fue la organización, el partido que llevó a cabo cambios revolucionarios. El pueblo tomó las armas bajo el Frente Sandinista. Luego el Ejército habría de ser constituido y fue creado por la misma gente. Por lo tanto el Ejército tuvo que ser politizado porque fue formado por los hombres y mujeres que lucharon contra la dictadura de Somoza bajo la bandera del Frente Sandinista”.

De acuerdo con la racionalización de Ortega, este Ejército existe para proteger su propio sistema de gobierno, ya sea el sandinismo del pasado o el orteguismo de hoy. Según él, en Nicaragua puede haber pluralismo con tal de que nadie pretenda alterar o represente una amenaza a su régimen. “El Ejército sandinista defenderá el sistema sandinista”, declaró Ortega en 1985. Consecuentemente el Ejército orteguista defenderá el sistema orteguista. Partido, Ejército y sistema de gobierno para Ortega todo ha sido y seguirá siendo la misma cosa.

Vale observar que la jefatura del Ejército siempre ha estado bajo generales de la máxima y absoluta confianza de Ortega. Impuestos por él mismo, ya sea cuando ha gobernado desde arriba o desde abajo. Humberto Ortega, su hermano, fue el jefe del Ejército desde 1979 hasta 1995; Joaquín Cuadra Lacayo (1995-2000); Javier Carrión McDonough (2000-2005); Omar Halleslevens (2005-2010).

Estos tres últimos fueron integrantes de la columna guerrillera “Juan José Quezada” que en 1974 asaltó la residencia del doctor José María Castillo. Invasión que culminó con el asesinato de varios conductores, celadores y del propio dueño de dicha residencia. Este asalto a civiles inocentes resultó en la toma de rehenes y la liberación de varios presos, incluyendo a Daniel Ortega, quien desde 1967 cumplía una condena por robo a bancos.

El general Avilés no es excepción a la regla, él también es un hombre absolutamente leal a Ortega. Esto le da el “privilegio” de cuidarle las armas al dictador.

Una vez que los sandinistas asumieron el poder, en 1979, muy pronto se dieron cuenta que necesitaban un Ejército grande y moderno y soldados politizados para poder imponer su voluntad, alcanzar sus ambiciosos objetivos y lograr mantenerse en el poder una vez que el entusiasmo de la victoria revolucionaria se hubiera apaciguado.

Hoy Ortega nos está prescribiendo la misma receta: un activista político a la cabeza del Ejército, la modernización y ampliación de las Fuerzas Armadas y soldados politizados, con el fin de seguir imponiendo su capricho y lograr mantenerse en el poder a medida que se acercan las elecciones municipales de este año y las generales del 2016.

A pocos engaña el general pretendiendo maquillar la realidad del Ejército. Nicaragua no está más segura, pues hay terror e incertidumbre. Aunque todavía no se llegue a las calles.

Publicado en La Prensa de Nicaragua

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