Álvarez Montalván: Canal de Nicaragua causaría daños irremediables al Gran Lago

Dr. Emilio Álvarez Montalván

Dr. Emilio Álvarez Montalván

Análisis del politólogo, Dr. Emilio Álvarez Montalván en la presentación del libro “El Canal Interoceánico por Nicaragua. Aportes al debate.”

Cortesía de Diario Nica

La primera vez que se planteó la ventaja de usar el Río San Juan para una comunicación interoceánica fue a mediados del siglo XVI, cuando los colonos españoles, Alonso Calero y Guillermo Machuca, descubrieron el “desaguadero” del Río San Juan en el Pacífico, que en el otro extremo se conectaba con el Lago Cocibolca.

A pesar de esas ventajas, pasaron 300 años para que ese proyecto fuera tomado en cuenta. Fue durante esa época que los Estados Unidos de América, a través de su Primer Ministro en Nicaragua, señor George Squier, demostraron interés, llegando a firmar un tratado que sería rechazado por el senado norteamericano. A partir de entonces, Nicaragua firmó con los Estados Unidos al menos diez tratados con el mismo fin, sin resultados, hasta que el 14 de enero de 1914 fue firmado el tratado Chamorro-Bryan, por el cual los Estados Unidos adquirían la opción a perpetuidad de construir la ansiada ruta interoceánica. No obstante, el 14 de julio de 1970, 56 años después, fue abolido este último tratado.

En realidad, lo que los Estados Unidos buscaban era evitar que otra potencia consiguiera la opción de un canal por Nicaragua y compitiera así con el de Panamá, que estaba

bajo su dominio. El gran problema para una pequeña nación, como Nicaragua, era conseguir los medios financieros necesarios y un estudio a fondo de la viabilidad del proyecto.
Surgieron cuatro grandes problemas, que a la fecha ni se definen ni se realizan: son asuntos de geopolítica, estudios territoriales, dificultades técnicas, y financiamientos.
Además, que el canal de Panamá ya se encuentra en funcionamiento, con capacidad para atender la demanda. Sin embargo, la construcción de grandes buques contenedores superó en tamaño a los habituales, y obligó a Panamá a construir un nuevo juego de esclusas.
La exigencia de enviar barcos de mayor tonelaje, que no cabrían ni en un nuevo juego de esclusas en el canal de Panamá, puso de actualidad la construcción de un canal interoceánico con la capacidad para suplir las nuevas exigencias. Eso implicaba el posible interés de la República Popular China por un nuevo canal por Nicaragua, ya sea directa, o indirectamente, con su financiamiento, incógnita que aún no ha sido despejada.

Por otra parte, la experiencia de este tipo de obras de repercusión mundial, tanto en la seguridad como en los recursos técnicos y financieros disponibles, ha exigido que Nicaragua pierda parte de su soberanía, como sucedió con el canal de Panamá y el de Suez.
En todo caso, el actual gobierno de Nicaragua se apresuró a firmar un tratado concesionario para la construcción de un canal interoceánico a través de Nicaragua con un empresario de la República Popular China, que actuaría como gestor ante el mundo financiero internacional, comprometiéndose a informar sobre el recorrido de la ruta en el mes de diciembre de 2013, extendida ahora hasta fines del 2014.

Esa situación motivó a la Academia de Ciencias de Nicaragua la decisión de estimular el estudio a profundidad de la mencionada concesión canalera y sus implicaciones. Con ello, la Academia cumple con el primer mandato de una sociedad democrática: ser informada e informar de todos los detalles que tienen, como en este caso, una importancia fundamental, tanto nacional como internacional. Más aún, nuestra Academia le ha dado importancia muy especial a la repercusión que tendría en el sano equilibrio de nuestro medio ambiente nacional y regional.

El caso se vuelve más urgente en cuanto afectará gravemente a la mayor concentración de agua potable en el subcontinente latinoamericano.

Algo que resiente en la opinión pública y a los técnicos en la materia, como el Dr. Jaime Incer Barquero y el Profesor Salvador Montenegro, es el secreto y la urgencia con que se ha manejado hasta ahora la cuestión del canal. Pero hay otros planteamientos aún más importantes, y es lo relativo al uso mismo del territorio, para perforar y dividir en dos al país, con gran afectación irremediable del lago Cocibolca.

La vocación de nuestro país es fundamentalmente agropecuaria, porque disponemos de por lo menos un millón de manzanas de tierra fértil a lo largo de la costa del Pacífico, un reservorio de varios millones de metros cúbicos de agua para uso humano y de riego, mano de obra con preparación adecuada para trabajos en el campo, demandas de alimentos de todas partes del mundo, e incluso zonas adecuadas para el cultivo de reservas forestales.

A todo lo anterior habría que agregar los imponderables que harían innecesario un canal como el planeado: el deshielo del estrecho de Bering, los ferrocarriles transversales de Honduras y el ensanche del canal de Panamá, entre otras alternativas. Finalmente, tenemos que aprender de experiencias similares, dolorosas, y difíciles de resolver, como el caso del canal de Suez, y el de Panamá recientemente.
En tal circunstancia de muchas interrogantes, sin despejarse la labor de la Academia de Ciencias de Nicaragua de acumular y difundir la mayor cantidad de información sobre las repercusiones que tendría la concesión y el canal mismo, es invalorable. Así lo prueban la serie de foros que organizó el año pasado, en donde un panel de expertos, nacionales y extranjeros, acompañados de videos, diapositivas y mapas, ilustró de manera científica todos los asuntos que nos preocupan.

Muchos se preguntarán cual es la importancia que la Academia de Ciencias de Nicaragua participe en estosestudios. Debemos recordar que el método científico es el más importante y aplicable del saber humano, porque nos pone en el camino correcto para alcanzar la verdad, no solo razonada, sino experimentada.

Me doy cuenta, sin embargo, que el mencionado material es apenas un pico del iceberg de todo lo que debemos conocer, antes que Nicaragua se embarque, a vela desplegada, para transitar un camino que de no ser bien meditado, nos traería irremediables daños.
Este libro, acertado y oportuno, de la Academia de Ciencias de Nicaragua, aporta claridad sobre la necesidad de estudiar el tema del canal interoceánico a fondo y con responsabilidad, haciendo llegar un mensaje valioso a toda la ciudadanía, y específicamente a los tomadores de decisiones.

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