Almagro y el factor internacional

Luis Almagro

Luis Almagro

Por Héctor Mairena

Tienen razón quienes afirman que el Secretario General de la OEA, no es más que un funcionario electo, un “empleado” dicen, en un afán de descalificar el actual desempeño de Luis Almagro. El punto es que quien ejerce dicho cargo, es un mandatario, encargado de velar por el cumplimiento de los postulados constituyentes y los acuerdos de la organización, así como mantener debidamente informado de ello a los órganos correspondientes, recomendando las acciones pertinentes.

La Carta Democrática de la OEA suscrita el 11 de septiembre del 2001, el mismo día que el mundo observaba estupefacto el acto de terror en New York contra la humanidad, es uno de los pilares fundamentales para la convivencia política en paz y con democracia en el continente americano. Y en consecuencia uno de los documentos guías de la actividad de dicho foro.

Pero quienes hoy saltan contra la actividad de Luis Almagro, lo hacen para intentar deslegitimar y desautorizar su gestión, toda vez que la misma se ha caracterizado por fiscalizar y denunciar la ruptura de la institucionalidad democrática en los países americanos, como lo hizo ante la destitución de la presidenta Dima Rousseff en mayo pasado.

El medio ambiente, la paz, los Derechos Humanos y el respeto a la democracia, son en el mundo actual, temas cuya vigilancia trasciende las fronteras formales de los estados nacionales y es asumida en gran parte por instancias multilaterales. De allí la importancia de la Carta Democrática que compromete a los estados americanos a observar la división de poderes, el orden y el respeto a las instituciones democráticas, los derechos fundamentales y la libertad de expresión.

Pero regímenes como el de Maduro o el de Ortega, son alérgicos a esos postulados, y reniegan -aunque no se atreven a decirlo con todas las letras- de los acuerdos que como estados han suscrito, en este caso Venezuela y Nicaragua, en el pasado. De allí la virulenta reacción de los voceros del orteguismo y del madurismo contra Almagro, que ha denunciado la caótica situación venezolana y ya ha expresado su preocupación y atención a lo que ocurre en nuestro país.

El factor internacional siempre ha desempeñado una incidencia fundamental en la lucha por la democracia y por la paz. Para no ir muy lejos basta recordar que en los estertores del régimen somocista, el 24 de junio de 1979, la OEA lo condenó y pidió su relevo inmediato, quedando de esa manera en evidencia el aislamiento internacional de la dictadura. Años más tarde, cuando el país se desangraba en la guerra civil, el brasileño Joao Baena Soares, entonces Secretario General de la OEA, fue uno de los testigos de las negociaciones por la paz entre el gobierno de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense iniciadas en marzo de 1988.

Pero si bien es cierto el factor internacional es de un peso invaluable en los hechos políticos domésticos, también es cierto que lo decisivo es el desenvolvimiento del conflicto interno en cada nación, si bien aquel puede acicatear su solución. De tal forma que las gestiones -legítimas y legales- de Luis Almagro, contribuyen sin duda alguna a concretar lo más pronto posible una salida democrática en Venezuela, pero será la lucha de las fuerzas democrática venezolanas la decisiva para concretar esa indispensable alternativa.

Eso vale para Nicaragua. Y la conducta cada vez más errática, despótica y de desprecio de Ortega hacia los actores progresistas de la comunidad internacional, sociedad civil y gobiernos democráticos, solo evidencia ante los ojos del mundo lo que los nicaragüenses ya sabemos y hemos denunciado: el orteguismo es una dictadura. Y no tardarán en manifestar su rechazo y condena cada vez más, distintas personalidades y entidades del mundo entero. A los nicaragüenses nos toca hacer lo propio.

Del blog “La Ventana”, de Héctor Mairena

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Un comentario

  1. Que vergonzosa postura la asumida por algunos decendientes de los vende patrias que en la época de nuestro heroe Nacional SANDINO LLAMARON a los intervenciónestas, de todos los tiempos, por fortuna los nicaragüenses somos muchos que no queremos jamás en ir al frente, para rechazar de la forma que sea necesario, igual, lo volvería a hacer SANDINO señores no lo dicen.

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