¿A qué apuesta Ortega? | Nicaragua

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

¿A qué apuesta Ortega?, es pregunta que muchos se hacen porque en pocos días ha adoptado un conjunto de decisiones que, aparentemente, van contra la elemental lógica de no abrir, en cualquier competencia o conflicto, varios frentes.

Ha cancelado toda apariencia de juego electoral democrático,  desoyendo muchas  voces, incluyendo algunas que deberían importarle, como la Conferencia Episcopal y el COSEP.

En el inventario del estupor que provocan sus decisiones, está la expulsión de varios funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, incluyendo al politólogo Ellis Davis, lo que arriesga, según voceros del gobierno de ese país, las relaciones comerciales lo cual provocaría daños a productores y exportadores nicaragüenses.

También, lo que abre un frente en la opinión pública mexicana que le ha sido relativamente benévola, la acusación al joven estudiante mexicano de ingeniería de “simulación” para “desprestigiar a Nicaragua”, con el agravante de presentarlo después de varios días en prisión con moretones “auto infligidos”, según la versión oficial, y que tanto recuerda a la joven de Arabia Saudita que hace pocos años se atrevió a denunciar una múltiple violación, y además de haber sufrido la violación fue condenada a 200 azotes por “dañar la imagen del país”.

¿Cómo alguien, que ha tenido la capacidad para mantenerse en el poder, o vinculado al mismo, por casi 40 años, puede aparentemente cometer tantos errores en tan poco tiempo?

Hemos usado la palabra aparentemente, porque solamente en apariencia, si vemos la historia de Ortega, esos son errores según sus intenciones. Todas son decisiones que responden al cálculo de una estrategia que hasta ahora, lo que quizás explica su longevidad en el poder, le ha dado resultados: en su compulsión autoritaria, y además totalitaria, porque pretende controlarlo todo, siempre presiona para avanzar, y cuando las circunstancias le obligan a retroceder, nunca vuelve al punto de partida. Algo habrá avanzado. Siempre, siempre, dos pasos adelante y uno atrás. Pero nunca vuelva al mismo punto.

Siempre alza la parada, y después cede en lo que nunca pretendió conseguir, y se queda con lo que sí pretendía. Lo hemos visto en varias leyes, en especial en el campo económico. Nunca se le ocurrió arriesgar romper con organismos financieros internacionales, o con la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero pone la provocación a modo de señuelo y después  -a través de la “política de consenso” con el sector privado-  aparenta ceder quedándose con lo que quería, como en la ley de escáneres y otras.

Pero su jugada maestra, en eso de presionar y empujar, y luego ceder, ha sido en la combinación del juego económico y el político: en el económico ha hecho lo que le conviene, y por tanto busca, y así ha ganado espacio nacional e internacional para hacer en el político lo que no quiere, ni le conviene.

¿Tenía tanto poder Ortega cuando inició su gobierno hace casi 10 años? No.

¿Dependía tanta gente y tantas empresas y tantas instituciones, incluyendo gobiernos extranjeros, tanto, como ahora dependen de su voluntad? No.

Si eso es lo que pretende, que todos dependamos en todo de su voluntad, ¿por qué va a cambiar si esa estrategia le está dando resultados?

Entonces, la pregunta inicial de este artículo no debería ser a qué apuesta Ortega, como si estuviese arriesgando algo, sino qué pretende Ortega. Algo cederá a los Estados Unidos, algo cederá al sector privado, y mientras tanto se quedará con lo que buscaba: sin oposición electoral, sin necesidad de consultar a nadie para definir todas las candidaturas de diputados y diputadas dentro del Frente Sandinista, y sin necesidad de consultar a nadie ni hacer ningún cálculo, para seleccionar a su fórmula vicepresidencial.

Pero en el pasado esta estrategia de no entender de razones sino de correlaciones (de fuerza), ha mostrado sus límites. Algunos ya asoman. Ha puesto a Nicaragua en el radar internacional. Está provocando daños al sector privado. Tensa relaciones con otros gobiernos. Ataca, y no solamente ignora, a la Iglesia Católica, lastimando a obispos y feligresía. Miembros del FSLN ya comentan críticamente la intención dinástica, contra la que lucharon. Y ha decantado la confusión que había en cuanto a la oposición, y ahora todo el pueblo entiende quién es y no es opositor, lo que facilita la lucha por la democracia.

La Nicaragua Linda

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Un comentario

  1. No hay que darle tanta vuelta. Ortega necesita un enemigo externo para alborotar su gallinero y aglutinar sus borregos a su alrededor. Y que mejor enemigo que el imperio, su canción favorita. En las elecciones pasadas fue Costa Rica y el rio San Juan. Sus compinches.pagados no se hacen esperar y ya se ven claramente en las redes sociales. A ver hasta cuando el pueblo se traga el cuento.

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