En Honduras perdió y ganó la democracia

 

 

 

Página principal

 

 

 

 

 

 

Por Edmundo Jarquín

 

El Pulso de la Semana 

Programa de opinión de fin de semana en Radio Corporación
 

 

 

En Honduras ha perdido y ganado la democracia.

Ha perdido porque ahí hubo el 28 de junio pasado un golpe de Estado inocultable.

Ha perdido porque se ha devuelto a los militares el papel de árbitros de la política.

Ha perdido porque se ha establecido un precedente nefasto.

Ha  perdido porque pese a la enorme presión de la comunidad internacional,  no se logró revertir ese golpe de Estado, lo que implicaba la restitución del Presidente Manuel Zelaya, aunque fuese en las condiciones limitadas de tiempo y facultades que implicaba el Acuerdo Tegucigalpa-San José, alcanzado a finales de octubre.

Pero también ha ganado la democracia.

Ha ganado la democracia porque nunca había habido un activismo tan amplio, plural e intenso de la  comunidad internacional, en defensa de la democracia en un determinado país. El carácter supranacional de los derechos democráticos ha quedado fortalecido y evidenciado. Aunque Daniel Ortega diga lo contrario, ya nadie podrá alegar que la existencia o no de los derechos y garantías democráticas es un asunto interno de cada país. Y recuérdese que Daniel Ortega encabezó, desde el propio 28 de junio, la demanda por el restablecimiento de la democracia en Honduras.

Ha ganado la democracia, porque el debate que se abrió  sobre Honduras puso en evidencia que hay otras formas, un poco más sutiles que los golpes de Estado militares,  pero no menos efectivas, de matar la democracia: los casos de Presidentes elegidos democráticamente, y que una vez instalados comienzan a manipular las instituciones para ir suprimiendo los espacios democráticos. Es lo que ha ocurrido en Venezuela y está ocurriendo en Nicaragua. Es lo que se ha venido en llamar “golpes desde el Estado”, y sobre lo cual comentamos en una edición reciente de este programa.

Precisamente el activismo de Ortega y Chávez detrás de la demanda del Presidente Zelaya para ser restituido, es lo que explica el relativo fracaso de la comunidad internacional, por las siguientes dos razones.

Primero, el temor de una gran parte de la población hondureña a que Zelaya regresara a hacer en Honduras lo que Ortega y Chávez están haciendo en Nicaragua y Venezuela, explica el respaldo que tuvo el golpe de Estado y la capacidad de los golpistas de resistir la presión internacional. Sin tanto respaldo interno, no hubieran tenido la capacidad de resistencia que han tenido.

Segundo, la ambigüedad de Zelaya que penduló entre la opción insurreccional o de fuerza que impulsaban Ortega y Chávez, y la propuesta de la comunidad internacional concretada en Plan del Presidente Arias, plan que sus negociadores declararon prematuramente muerto, hizo menos fuerte y efectiva la presión internacional. Esa ambigüedad abrió a los golpistas espacios de maniobra frente a la comunidad internacional que, obviamente, querían la restitución de Zelaya, pero no que volviera triunfal del brazo de Ortega y Chávez.

En Honduras también ha ganado la democracia porque lograron tener unas elecciones bajo estándares democráticos aceptables. El más importante, porque es el piso de la democracia, que los votos fueron bien contados.

Que cada quién haga su balance, pero la realidad, que es más testaruda que el dogma, demuestra que en Honduras perdió y ganó la democracia.

Sin disimulo antidemocrático

El primero que sin ningún disimulo antidemocrático corrió a hacer su balance, antes incluso que se realizaran las elecciones, fue Daniel Ortega. Tampoco disimuló su íntima satisfacción por el fracaso en la restitución de Zelaya, que de los dientes para afuera decía apoyar, porque dijo que no se viniera después a invocar en el caso de Nicaragua la Carta Democrática Interamericana y cosas por el estilo. Es decir, dejó en evidencia su satisfacción íntima con el golpe de Estado en Honduras, porque encuentra en el mismo una licencia para hacer lo propio en Nicaragua.

Pero se equivoca Ortega

Se equivoca, en primer lugar, porque cuando los reflectores de la comunidad internacional se alejen de Honduras se pondrán sobre Nicaragua, y al amparo de su luz quedará en evidencia el “golpe desde el Estado” que Ortega está poniendo en marcha. Y golpe es golpe.

Esos reflectores ayudarán a ver que a título de participación en Nicaragua se está suprimiendo la representación, y que el saldo es que no hay ni democracia participativa ni democracia representativa, y menos la adecuada combinación de ambas que han logrado algunos países exitosos.

En segundo lugar, porque el “golpe desde el Estado” de Ortega no tiene, ni remotamente, el respaldo interno que ha tenido el golpe en Honduras.

La presión democrática de la comunidad internacional tendrá en Nicaragua un enorme apalancamiento interno. Por eso es que hemos dicho, con seguridad analítica y confianza política, que no estamos frente al inicio de un largo ciclo dictatorial de Ortega, sino frente al inicio del fin de su largo ciclo de poder   -¡30 años!-  que ha dejado una Nicaragua pobre y atrasada.

Ya el pueblo ha empezado a decir ¡Basta ya!, y lo mismo dirá la comunidad internacional en su momento.

Traicionados

La foto de un excombatiente del Frente Sandinista, esposada las manos y gritando vivas a los mártires del ataque guerrillero a San Carlos en octubre de 1977 en el cual participó, mientras era desalojado de la propiedad que, por venganza con el Padre Ernesto Cardenal, ha sido arrebatada a sus legítimos dueños, me recordó uno de los símbolos más fuertes e impactantes de la marcha del pasado 21 de noviembre.

Bajo las fotos de Sandino, Rigoberto López Pérez, Pedro Joaquín Chamorro, Camilo Ortega Saavedra, y otros mártires en la lucha por la libertad, se leía una gran manta con el rótulo: ¡Traicionados!

Así estamos todos los demócratas: ¡Traicionados....pero no doblegados!

Menos dinero en el bolsillo

Cuando quienes me escuchan y leen encuentren menos dinero en sus bolsillos, y menos comida en la mesa de sus casas, no se atareen buscando explicaciones: es, sencillamente, porque habrá más dinero en el bolsillo del gobierno, es decir, de Ortega, quien maneja el presupuesto del gobierno como caja chica personal.

Esa es la consecuencia más importante de la reforma fiscal, por lo que no deja de causar estupor que algunos de los que se dicen opositores la aprobaron, o se abstuvieron de rechazarla.

Hoy le pasan la factura al pueblo, pero eso solamente abona el día en que sea el pueblo quien pase la factura a sus hambreadores.

Lo más reciente en Opinión
 

 

 

Página principal