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No votaré

Sergio Simpson
Sergio Simpson

Por Sergio Simpson

No representan mis intereses quienes compiten en las elecciones nicaragüenses del 6 de noviembre, somos ideológicamente antagónicos.

Ninguno es alternativa para el desarrollo del país, son continuadores del sistema caudillesco, feudal. Ejercen sus cargos practicando el poder político económico excluyente, para beneficio personal y de sus aliados.

Votar por el mal menor, es también una expresión de esa cultura complaciente con los poderosos, producto de considerar la corrupción un acto normal: Roba… pero reparte; son ladrones como los otros… no importa… nadie es perfecto… y si no roba por baboso ni dios lo quiere.

Marcar la boleta electoral nada me garantiza, cuál cambio habrá en el país? Daniel Ortega y su señora no cambiarán de concepción, no estoy de acuerdo con él y ella, por razones ya expuestas en mi libro Reflexiones críticas desde el sandinismo.

A los otros candidatos no los conozco, sólo sé que tampoco me atraen, ni programa de gobierno presentaron. Es la misma clase política, con unos cuantos nuevos rostros, donde las esposas y familiares tratan de ganarse el premio “diputadil”.

Votar por diputados sería aprobar el desempeño de la mayoría que llega a la Asamblea Nacional y al Parlamento Centroamericano, calientan asiento y engruesan, ganan bien, no se les conoce el tono y se alejan de la comunidad.

El Consejo Supremo Electoral tampoco inspira confianza.

El sistema político en Nicaragua es vergonzoso: Nepotismo, autoritarismo, servilismo, corrupción, miseria. Las mismas causas por las cuales el pueblo se ha rebelado.

Mejor sigo en las calles conversando con las personas, intercambiando criterios, buscando soluciones.

5 noviembre 2016



El crimen policial en Las Jagüitas y el Jefe Supremo

Sergio Simpson
Sergio Simpson

Por Sergio Simpson / Periodista

El asesinato de tres personas en Las Jagüitas, la investigación y el juicio, nuevamente me conduce a vincular a lapolicía danielista con la guardia somocista. Lo lamento.

Les confieso estoy influenciado al ver llorar y reclamar justicia a Yelka Ramirez, madre de dos infantes y hermana de quienes fueron balaceados y fallecieron, madre y tía respectivamente de dos menores gravemente heridos, y victima de agresión física y verbal en su estado de embarazo;  estoy indignado por la desfachatez de la fiscal Steffanie Pérez Bojorge, quien en nombre del Estado acusó a los enjuiciados.

Sin embargo no quiero escribir con la ira que me podría llevar a la animalidad, igual a quienes cometieron los asesinatos y como quienes los justifican.

Es inaudito que consideren error el crimen, tipificarlo como homicidio imprudente, luego de conocer la acusación de la Fiscalía ocultando información y evidenciando parcialidad a favor de  los indiciados.

La tropa policial estaba emboscada, dispuesta a matar con armas de guerra. No era detener un vehículo sospechoso, si hubiese sido esta la orden, debieron colocar valla, identificarse como policías, con luces y carros oficiales, y disparar sólo si los ocupantes del vehículo respondieran con balas.

Emboscarse es un acto premeditado, y es alevosía dejarle ir cuarenta y seis balazos a un vehículo que no se detiene y cuyos ocupantes no disparan. Nunca fui guardia, perdón quise decir militar o policía, pero supe en la guerra que cuando alguien se embosca, está preparado sicológicamente para matar, sin miramientos.

La institución policial nicaragüense,  volvió a ser organizada oficialmente en el partido de gobierno, responde a su Jefe Supremo que es el presidente del país y además el Secretario General del FSLN, no acata la orden de la Constitución de la Republica sino la voluntad de Daniel Ortega.

Hace algunos días les conté que vi en televisión a policías de transito, en formación antes de salir a las calles, cuando tres veces el jefe los arengó diciendo viva Daniel y ellos respondían: ¡viva, viva, viva!; y luego vi la bandera partidaria en un acto de la organización de base llamada Comité de Liderazgo Sandinista, presidido por el jefe policial.

No necesito ser sicólogo, es lógica la reacción de un policía que en la mañana lo preparan emocionalmente avivando al jefe y en la calle se enfurece frente a otros que luego le dicen que su Jefe Supremo es dictador y ladrón como los Somoza.

Es la actitud de un policía, jefe o soldado, que tiene la orden de matar sintiéndose inmune e impune bajo la protección de su Jefe Supremo, que, demostrado está, es todo poderoso y maneja la ley a su antojo y beneficio, siendo él mismo inmune e impune.

Ejemplo es su Directora General, Aminta Granera Sacasa, quien frente a la masacre en Las Jagüitas dijo que ella nada más responde al Jefe Supremo, ni siquiera a la consciencia que ella dijo muchas veces tener firme en justicia y honestidad, ya había demostrado que no acata el mandato constitucional o legal cuando aceptó continuar en el cargo, por decisión de Daniel Ortega, sabiendo que es inmoral e ilegal.

No voy a decir más, en los años noventa, escribí sobre los peligros que corría la sociedad si la policía respondiera a los intereses de la clase en el poder, si era comprada por el narcotráfico, si reprimía al pueblo que demandaba justicia social, si los jefes y oficiales honestos no se aferraban a principios constitucionales, etc.

Debido a este y otros casos reconocidos, nada más concluyo con la simbiosis: guardia somocista y policía danielista; a las evidencias me remito, comenzando por el titulo de Jefe Supremo, así le llamaban a Somoza.

La revolución sandinista

Sergio Simpson
Sergio Simpson

Por Sergio Simpson / Periodista

Del libro: Reflexiones críticas desde el sandinismo

Rosario Murillo, copresidenta de Nicaragua por derecho matrimonial conforme decisión partidaria del Secretario General del FSLN, aseguró que el país se encuentra en la segunda fase de la Revolución Popular Sandinista, enfrentando a oligarcas, somocistas y burgueses.

Para dar fuerza a sus palabras: el himno comunista La Internacional acompaña los actos oficiales y en los carteles con la foto de su marido presidente coloca la primera oración “Arriba los pobres del mundo”, referente marxista.

La revolución de los años 80 fue sustentada con base en ideario sandinista analizado desde la teoría científica marxista, según leí de Carlos Fonseca y Ricardo Morales Avilés. Sin embargo, tengo sensatas dudas de ese sandinismo y marxismo por la práctica y los resultados de aquel entonces y lo que hoy es el FSLN, revuelto en contradicciones más ideológicas que antaño: los adinerados del partido deciden más que los pobres. Para no mostrarme intransigente ni ofender a los fanáticos no afirmo que son los únicos que deciden.

No me venga con el cuento de que siempre hubo oligarcas y burgueses en el FSLN, porque es de unidad nacional, pluriclasista, plurirreligoso. Ese es un argumento manipulador y oportunista. Se afirmó que era táctico involucrar a la oligarquía, a la burguesía, en la lucha contra Somoza, aprovechar sus conflictos económicos

No dijeron pensar y vivir como ellos.

Pero, aclaro un aspecto, no creo que sean totalmente burgueses, más bien los veo en un estadio superior del feudalismo. Me remito a la valoración sobre la burguesía en el Manifiesto Comunista, redactado por Marx y Engels:

“Dondequiera que se instauró (la burguesía) echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero constante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación”.

Ahora leamos lo que la ciencia política llama oligarquía: “Es una forma de gobierno en que el poder supremo está en manos de unas pocas personas. Los escritores políticos de la antigua Grecia emplearon el término para designar la forma degenerada de aristocracia (literalmente, gobierno de los mejores). La oligarquía surgirá cuando la sucesión de un sistema aristocrático se perpetúe por transferencia sanguínea o mítica, sin que las cualidades éticas y de dirección de los mejores surjan como mérito reconocido por la comunidad. Los oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de dinero son poseedores de fuerza en la dirección política gracias a sus fuertes influencias económicas, habitualmente carentes de lucidez, reflexión y moderación”.

La mezcla contradictoria en el FSLN

Este juego de definiciones de clases e ideologías indica que el FSLN se encuentra en un estadio (alto, medio y bajo) donde convergen corrientes oligarcas, burguesas y proletarias. Pero dejemos los axiomas a los intelectuales. En el FSLN dominan los adinerados. Por tanto es necesario que los proletarios, los pobres, estén arriba en la organización decidiendo lo que quieren para su presente y futuro, y no abajo esperando dádivas de los dioses.

Ahora, específicamente, una de las corrientes tácticas en la que se dividió el FSLN en los setenta, la Tercerista, argumentó que en el triunfo de 1979 fue muy importante, relevante políticamente, la participación de las clases potentadas. Pero no sólo en la lucha contra Somoza, también fueron significativas ocupando altos cargos durante los 80, y desde los 90 para acá se volvieron más fuertes política, económica y emocionalmente por sus vínculos sanguíneos y consanguíneos en la estructura de dirección del partido.

Carlos Fonseca aseguró: “No es simplemente una cuestión de cambiar los individuos en el poder, sino de cambiar el sistema de explotación y alcanzar la victoria de las clases explotadas”. Ese es un razonamiento marxista que el Secretario General del FSLN acompaña con estipulaciones del comportamiento de una persona revolucionaria:

“Sabe que la corrección ideológica no vale nada sin una consecuente conducta práctica, pero una conducta práctica positiva es insuficiente si no está acompañada de una definición ideológica revolucionaria. Sólo (la) vinculación intensa con los trabajadores contribuye a su verdadera educación política.”

Los cooptados por el sistema capitalista

Sobre la conducta revolucionaria también es justo leer a Erich Fromm (nadie lo puede calificar de derecha). Es importante en esta “segunda fase de la revolución” reflexionar nada más los siguientes dos párrafos escritos por él:

“Las luchas por la libertad fueron sostenidas por los oprimidos, por aquellos que buscaban nuevas libertades, en oposición con los que tenían privilegios que defender. Al luchar una clase por su propia liberación del dominio ajeno creía hacerlo por la libertad humana como tal y, por consiguiente, podía invocar un ideal y expresar aquella inspiración a la libertad que se halla arraigada en todos los oprimidos.

Sin embargo, en las largas y virtualmente incesantes batallas por la libertad, las clases que en una determinada etapa habían combatido contra la opresión se alineaban junto a los enemigos de la libertad cuando ésta había sido ganada y les era preciso defender los privilegios recién adquiridos”.

Para hablar de revolución el FSLN debe erradicar el comportamiento oligarca, burgués y somocista de muchos de sus miembros y dirigentes. Dedicarse a la formación ideológica del partido con base en la teoría científica y el ideario sandinista, y así lograr armonía, consecuencia entre lo que se dice en las plazas y se actúa cotidiano. Los enemigos se encuentran dentro del FSLN y hasta lo dirigen en algún círculo de poder.

Déjense de evasivas y demagogias.

En ese 38% que votamos por el FSLN existen personas valiosas que han sido vilipendiadas y marginadas por esos enemigos de la revolución. Los infiltrados, aduladores o reconvertidos son hábiles para caer en gracia siempre. Incapaces unos de poner en riesgo los privilegios que obtuvieron en los 80 desde sus escritorios, y otros, o los mismos, acumulando capital propio cuando se dijo que era del partido, del colectivo, para financiar mediante préstamos a esos pobres combatientes que no alcanzaron en la repartidera del noventa.

Hay enemigos dentro del FSLN

Esos enemigos son quienes brincan y se ofenden cuando escuchan o leen las verdades. Son los culpables de que se deban asolear los trapos en público porque con artimañas y poder del dinero no lo permiten en la casa del partido. Son los que, reluciendo la inmoralidad que se combatía antaño, ofrecen pagarte por lealtad a ellos, cuando la lealtad es con los principios revolucionarios, con la organización que construimos arriesgando la vida unos y entregándola otros miles.

Carlos Marx y Federico Engels fueron científicos sociales, ilustres pensadores a quienes debemos estudiar. No son para levantarlos como símbolos aprovechando el descontento de la clase oprimida y manipular un ideal, un emblema, que persiste en la memoria, en la ansiedad por el pasado que pudo ser mejor de lo que fue. Es teoría que nos ayudará a salir verdaderamente de la pobreza. Es filosofía y como tal nos da sabiduría.

Desde la fundación del FSLN han transcurrido 46 años, casi medio siglo de batalla. Es hora de dejar el espectáculo circense, tradición de la politiquería a la cual, supuestamente, se combate para erradicar por ser el mal que ha empobrecido al 80% de nicaragüenses.

¡Que suban los pobres!

Pero, fundamentalmente tengamos presente, para que no nos manipulen, lo que en el Manifiesto Comunista escribieron Marx y Engels: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.” No hay variante.