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Estado de Sitio en Nicaragua

Sergio Simpson
Sergio Simpson

Por Sergio Simpson

Casi todo el país fue militarizado el miércoles 30 de noviembre, retenes policiales bajando a pasajeros de autobuses y vehículos particulares, gendarmes agresivos violentando derechos ciudadanos, en el pueblo ofendido renaciendo el histórico rencor contra la tiranía.

El gobierno tuvo miedo a la marcha de miles de campesinos que irían a Managua a protestar pacíficamente. Es imposible no indignarse con los gobernantes represores de Nicaragua.

El presidente Daniel Ortega y su señora carecen de escrúpulos, ordenan vapulear a productores inconformes sin importarles que mueran por ejecución de las fuerzas armadas, y los ofenden llamándolos vándalos. Bandoleros como llamaban a Sandino y sus tropas de campesinos, vándalos como calificaba Somoza a los guerrilleros del FSLN.

Más de tres mil familias campesinas propietarias serán expropiadas en la cuenca Este del lago Cocibolca, donde una empresa china definió la ruta para construir un canal interoceánico y empresas turísticas exclusivas, autorizada por una concesión gubernamental que lesiona la soberanía del país.

Campesinos que en Nueva Guinea recibieron gases lagrimógenos, balas de goma, y disparos de fusil de guerra, provenientes de tropas especiales gubernamentales.

No hay derecho a protestar, el matrimonio presidencial desprecia el clamor, repudia dialogar, pretende dominar con las armas, sostener a cualquier costo su enriquecimiento y poder absoluto.

En Nicaragua sigue hablándose de heridos, prisioneros, torturados, desaparecidos, por razones políticas, con el mismo gobernante durante la guerra de los años ochenta del siglo pasado, cuando miles de campesinos se armaron contra el gobierno sandinista.

Siguen provocando la sublevación del pueblo nicaragüense, reviven sentimientos y actos libertarios. Es lamentable, repudiable seguir con el sistema dictatorial en una sociedad que tanto ha luchado por sus derechos.


Varias organizaciones políticas opositoras no significan debilidad

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

¿Está débil la oposición?

Una de las afirmaciones más frecuentes cuando se trata de evaluar la situación de Nicaragua, es la supuesta debilidad de la oposición.

Es posible que esa supuesta debilidad de la oposición se haya reforzado por la imagen del Secretario General de la OEA reuniéndose con más de una decena de representantes, del mismo número de organizaciones supuestamente opositoras.

Independientemente que muchas de las organizaciones convocadas por el Secretario General son en verdad socios subordinados de Ortega, como quedó demostrado en las votaciones del 6 de noviembre, conviene, una vez más, separar la paja del grano.

Ante las primeras embestidas autoritarias de Ortega, los opositores nos unificamos en las elecciones municipales de 2008 y literalmente aplastamos a Ortega. Perdió incluso en ciudades como Managua, León y Masaya, dónde normalmente ganaba en elecciones municipales en que la participación electoral es menor. “Fraude comprobado”, dijo el Centro Carter en un comunicado posterior, porque Ortega se robó las elecciones en más de cuarenta municipios.

Y en 2011, también nos unificamos los opositores en torno a la candidatura presidencial de Fabio Gadea Mantilla, y los resultados de esas elecciones fueron “imposibles de verificar”, según la misión de observación electoral de la Unión Europea. Hicimos una campaña con las uñas, y la misma arrancó en Sébaco en agosto de ese año con una concentración mayor, y de participación voluntaria, que las organizadas por Ortega en la Plaza la Fe cada 19 de julio. ¿O es que se nos olvida, ¡Sébaco va!?

Por esa sencilla razón, y no otra, Ortega canceló en 2016 toda posibilidad de enfrentarse al escrutinio popular. La afirmación de que no se entiende porqué Ortega canceló la participación de la oposición “porque de todas formas hubiera ganado”, no tiene soporte en la evidencia de 2008, 2011 y la abrumadora abstención del 6 de noviembre de 2016.

Por lo demás, la existencia de varias organizaciones políticas opositoras no es extraña en el panorama de otros países, toda vez que las mismas pueden constituir alianzas electorales triunfantes y gobernar con estabilidad. Basta ver América Latina, y ni qué decir de Europa. La Nueva Mayoría (antes Concertación Nacional), que gobierna en Chile, está integrada por al menos seis organizaciones diferentes; y el Frente Amplio, que también gobierna en el Uruguay, lo integran mayor número de organizaciones. Y en otros países gobiernan alianzas electorales aún más ocasionales que los casos mencionados, como en Perú y en cierta forma también Colombia, para mencionar dos casos.

Lo esencial es tener elecciones creíbles, confiables, competitivas, en que los votos se cuenten bien. Si las elecciones de 2008 y 2011 fueron ilegítimas en sus resultados, las de 2016 fueron ilegítimas en su propia naturaleza. De ahí que haga todo el sentido del mundo la demanda opositora de tener nuevas y verdaderas elecciones.

La afirmación del Presidente del COSEP de que “queremos a futuro procesos electorales que sean creíbles para todos” corre el riesgo de ser valorada como intento de legitimación de lo que es ilegítimo por su propia naturaleza. Eso, sencillamente, abriría camino a que se repitan las escenas de violencia represiva que hemos visto esta semana, salvo que el “queremos a futuro procesos electorales que sean creíbles para todos” sea una velada coincidencia con la demanda opositora que se repitan las elecciones de 2016 que, en realidad, no las hubo.


No votaré

Sergio Simpson
Sergio Simpson

Por Sergio Simpson

No representan mis intereses quienes compiten en las elecciones nicaragüenses del 6 de noviembre, somos ideológicamente antagónicos.

Ninguno es alternativa para el desarrollo del país, son continuadores del sistema caudillesco, feudal. Ejercen sus cargos practicando el poder político económico excluyente, para beneficio personal y de sus aliados.

Votar por el mal menor, es también una expresión de esa cultura complaciente con los poderosos, producto de considerar la corrupción un acto normal: Roba… pero reparte; son ladrones como los otros… no importa… nadie es perfecto… y si no roba por baboso ni dios lo quiere.

Marcar la boleta electoral nada me garantiza, cuál cambio habrá en el país? Daniel Ortega y su señora no cambiarán de concepción, no estoy de acuerdo con él y ella, por razones ya expuestas en mi libro Reflexiones críticas desde el sandinismo.

A los otros candidatos no los conozco, sólo sé que tampoco me atraen, ni programa de gobierno presentaron. Es la misma clase política, con unos cuantos nuevos rostros, donde las esposas y familiares tratan de ganarse el premio “diputadil”.

Votar por diputados sería aprobar el desempeño de la mayoría que llega a la Asamblea Nacional y al Parlamento Centroamericano, calientan asiento y engruesan, ganan bien, no se les conoce el tono y se alejan de la comunidad.

El Consejo Supremo Electoral tampoco inspira confianza.

El sistema político en Nicaragua es vergonzoso: Nepotismo, autoritarismo, servilismo, corrupción, miseria. Las mismas causas por las cuales el pueblo se ha rebelado.

Mejor sigo en las calles conversando con las personas, intercambiando criterios, buscando soluciones.

5 noviembre 2016



El salmón, los millones, el sandinismo y la dictadura

el_salmon_el_sandinismoPor Fernando López D’Alesandro

Tomado de ladiaria.com

El sandinismo se define como el gobierno de los pobres. Sin embargo, exoneró de impuestos los helicópteros, los yates y el salmón rosado, pero gravó el pollo y otros productos de consumo popular. La señal es demasiado obvia sobre los beneficios y los beneficiados. Liberar los consumos lujosos siempre fue para pocos y, siempre, esos pocos son los que gobiernan.

La cúpula dirigente nicaragüense sufrió una extraña transmutación. Aquellos muchachos que entregaron lo mejor de sí para derrocar al dictador Anastasio Somoza no tuvieron la misma entrega para devolver los bienes que ocuparon, aprobando sendas leyes a las apuradas al final del primer gobierno de Daniel Ortega para apropiarse de los patrimonios que, en todo caso, le pertenecen al pueblo. La “piñata” -así se llamó al despojo- fue un quiebre en la ética revolucionaria que no tuvo retorno. Luego todo estuvo permitido.

La victoria de la oposición liderada por Violeta Chamorro en 1990 fue, también, una victoria para la democracia instalada por el sandinismo. Los hechos, no las palabras, demostraron que las garantías y la rotación de partidos eran reales y, en consecuencia, el sandinismo, a pesar de su derrota, se fortaleció al fortalecer la democracia. La sucesión de hechos luego de la “piñata” pervirtió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y pasó a ser un grupo logrero, más cercano a la mafia que a un partido político. Como tales, gobiernos de derecha y sandinistas pactaron el reparto del poder y de las prebendas. El sistema político nicaragüense sufrió un inmenso retroceso.

Los pactos entre el ex presidente Arnoldo Alemán y Daniel Ortega habilitaron reformas que facilitaron el retorno al poder del sandinismo. La versión más simple presentó el acuerdo como necesario para que Alemán tuviera fuero parlamentario eterno y evitar así la cárcel, en tanto que el sandinismo se beneficiaba también de la impunidad y de la rebaja de los requisitos para salir electos en primera vuelta. Pero nada es tan simple ni tan torpe. La derecha no fue tonta en el pacto por el que perdió el poder, ni el sandinismo fue sagaz. Simplemente fue un acuerdo de rotación entre miembros de la misma rosca, y en el caso del gobierno actual es la familia Ortega, como nueva dinastía, la que controla los resortes desde la política y la economía.

El poder económico

Los Ortega controlan 33% de las televisoras, la mayoría de las radioemisoras, y otro tanto vale para las tierras, amén del control de la riqueza desde el gobierno. Mientras tanto el modelo -felicitado por el Fondo Monetario Internacional con frenesí tecnocrático- tiene a 80% de sus trabajadores en la informalidad. La tierra, en ese país campesino, se distribuye hacia la riqueza. El 47% de los productores posee apenas 2,6% de las tierras agropecuarias, mientras que 3% concentra la propiedad de 38,5% del total de la superficie explotable. El sandinismo sostiene y reproduce la concentración y el poder de la oligarquía terrateniente, de la cual, además, forma parte.

El núcleo duro del gobierno se apropió de las remesas venezolanas transformándose así en el principal grupo económico nicaragüense y, tal vez, de toda la región. Los datos muestran cómo Ortega y sus compinches se apropiaron de 4.400 millones de dólares de la “regalera” bolivariana, “una suma colosal para ser gestionada privadamente en una economía del tamaño de la nicaragüense”, objeta, bien, el economista Enrique Sáenz en su estudio sobre el “despilfarro” y la pérdida de oportunidades. Obviamente, los controles brillan por su ausencia, así que Nicaragua es el festival de los negocios para toda la oligarquía, tanto la vieja como su nueva versión liderada por el poder familiar y burocrático. La gestión de fondos chavistas se triangula por medio de dos empresas, Petronic y Albanisa. El presidente de la primera es el vicepresidente de la segunda y, a la vez, es el tesorero del FSLN…

Los dólares bolivarianos tuvieron sus consecuencias; la compra de políticos al mejor postor mejoró la situación “parlamentaria” del gobierno, permitió la ruptura con Alemán y copar definitivamente las instituciones. De ahí a imponer reelecciones y fraudes como el de 2008 hubo un paso que no intranquilizó a la casta gobernante. Cuando la Unión Europea y Estados Unidos cancelaron programas y ayudas en protesta contra el robo electoral de 2008, la chequera chavista compensó largamente la falta. Todo siguió y fue peor. Así llegamos a un presente maravilloso en el que la desgravación del salmón, de los yates y otros lujos responde a que la Nicaragua sandinista tiene 210 multimillonarios, una cifra que supera, larga, la de los multimillonarios de Costa Rica, Salvador, Uruguay y Panamá, el paraíso del lavado. La fortuna de los nicas “asquerosamente ricos” creció a una tasa de 11% en 2014, mientras que el promedio centroamericano fue un poco más bajo de 5%.

Una economía en la informalidad, dependiente de las remesas -que llegan tanto desde Venezuela como desde Estados Unidos-, no se diferencia en nada de la clásica república oligárquica latinoamericana. Sumado a esto, el gobierno personal y personalizado basado en una dinastía familiar cierra definitivamente el círculo del atraso. El régimen de Ortega empujó a Nicaragua hacia la premodernidad. Es, históricamente, reaccionario.

La familia es lo primero

El gobierno anuló la participación. El FSLN es una caricatura de sí mismo, y sus organismos -ya sean congresos o direcciones- responden en exclusiva a la familia del poder. El nepotismo de Ortega raya lo insólito. Su esposa es candidata a vicepresidenta y sus hijos dirigen la economía. Uno de ellos, Laureano Facundo Ortega, con ínfulas operísticas, construyó un teatro para hacerse oír y aplaudir y trajo la inversión china a cargo del misterioso señor Wang Jing para un canal inviable que hipotecó la soberanía del país, pues a pesar de que la obra no se haga, las concesiones son tan amplias que transformará a Nicaragua en una factoría china, si no lo es ya. El otro, Rafael Ortega, controla el negocio petrolero. La Distribuidora Nicaragüense de Petróleos (DNP) es administrada por su esposa Yarida Leets. No hay una gota de combustible que no termine en la cuenta bancaria familiar. El control mediático quedó para los otros críos. Juan Carlos dirige canal 8; Maurice, el 4; Daniel Edmundo, el canal 9, y Carlos Enrique, el 6. La pequeña Camila se dedica a la pasarela y dirige Nicaragua Diseña, donde opera como “arbiter moda” para la sociedad chic sandinista.

La dupla gobernante buscó no sólo el acuerdo con la oligarquía tradicional, sino con los poderes simbólicos. Los pobres, cuando reciben alguna prebenda, agradecen a dios, al comandante y a su señora. Una nueva trinidad de esta tierra que dice tener un gobierno “sandinista, cristiano y socialista”, pero que poco tiene de cada cosa. La paz con la iglesia, en concreto con el cardenal Miguel Obando y Bravo, se selló con una nueva boda religiosa de la pareja gobernante, en la que renovaron votos mientras desde el gobierno bloquean el aborto, instalan la enseñanza religiosa y desalientan el divorcio.

Obando y Bravo fue proclamado, además, “Prócer de la Reconciliación y la Paz”. El acercamiento comenzó en 2002 cuando el principal protegido del cardenal, el magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE), Roberto Rivas Reyes, fue acusado de fraudes millonarios en la Comisión de Promoción Arquidiocesana. Cuando Obando pactó con Ortega, los cargos de corrupción fueron retirados y el bueno de Rivas no sólo fue reelecto magistrado, sino además nombrado presidente del CSE, donde aún permanece haciendo el fino trabajo de mantener la pureza electoral.

La dictadura

La paradoja es que todo este sistema económico, político y simbólico se instala desde un discurso radical, pretendidamente socialista y revolucionario. En realidad, el gobierno de Ortega es una dictadura y aspira a la permanencia a base de una transformación original: imponer el unicato como si fuera revolucionario, creando una situación como si fuera de consenso, en un sistema como si fuera un socialismo que, en realidad, mantiene intacto el poder económico y político de los grupos que encontraron en Ortega, su familia y en la perversión del sandinismo la mejor manera de instalar y mantener un sistema conservador. En lo político, la compra, el chantaje y el fraude más que demostrado, para llegar en realidad al objetivo último: la instalación del partido único. Maravilla analizar cómo el discurso de Ortega mantiene el estilo revolucionario a pesar de que la infraestructura que sostiene y promueve recrea un sistema de explotación y clasista. “El pluripartidismo no es más que una manera de desintegrar a la nación. Ese es el pluripartidismo: desintegrar a la nación, confrontar a la nación, dividir a la nación, dividir a nuestros pueblos”. Y el ejemplo, obviamente, es “Cuba [que] tiene un modelo donde no se divide al pueblo […]”. Quizá esto explique la desesperación por instalar en todas las izquierdas latinoamericanas el rechazo a la democracia representativa, tal como intentaron imponer en la última reunión del Foro de San Pablo en El Salvador, sin mucha suerte pero sí con mucho ruido.

Ese es el camino de la Nicaragua sandinista. El golpe de Estado que terminó con la exclusión de los diputados opositores de la Asamblea Nacional y, por tanto, transformando el Parlamento en un órgano monocorde, no es más que el sueño del unicato hecho realidad, pero no en clave sesentista, sino para la plena satisfacción de los poderosos y los oligarcas. Un zigzag ideológico digno de un análisis mucho más profundo del que podemos siquiera esbozar aquí. ¿Estamos, entonces, ante una nueva modalidad de dominación de clase que de manera obscena se apropia de símbolos, discursos y estilos radicales para ponerlos a su servicio? Sin duda, y el unicato deriva en la dictadura.

Los compañeros del mundo

No es casual, tampoco, “la multialianza inconcebible” que pactó el sandinismo a escala planetaria. Putin y su nacionalismo ultramontano, la iglesia, tanto católica como ortodoxa, y por tercería la extrema derecha radical europea apoyada y financiada por Rusia, son poderes conservadores que sintonizan con esta izquierda bolivariana que visualiza el liberalismo, el pluralismo y la democracia representativa como anatema, y que con un discurso -sólo discurso- seudo radical, supone que puede atraer y dominar a la sociedad. Por supuesto, en esa dinámica aparecen los más extraños compañeros de camino. Así, por ejemplo, el embajador de Nicaragua en Uruguay es el italiano Maurizio Gelli, hijo de Lucio Gelli, fundador y gran maestro de la logia Propaganda Dos. El diario El Mundo lo acusó de querer lavar 1.200 millones de dólares de la fortuna paterna. Tal vez por eso la República de San Marino no aceptó sus cartas credenciales cuando el ex presidente Enrique Bolaños lo nombró cónsul.

Incluso el enemigo histórico se transforma en ayuda o cómplice. Estados Unidos decretó en setiembre la “Nica Act”, que busca sancionar al gobierno de Ortega por sus violaciones a la democracia. Si bien, por un lado, los estadounidenses hacen gala de su habitual torpeza prepotente victimizando al gobierno, ahora “agredido por el imperialismo”, no deja de llamar la atención que la “Nica Act” se haya aprobado en el Congreso a toda velocidad y de forma unánime. ¿Está preocupada la Casa Blanca por la democracia o porque ve que sus intereses en Nicaragua corren peligro? ¿Hasta qué punto la provisión de armas desde Moscú no precipitó la aprobación de sanciones debido a la pérdida de un mercado? ¿O es una advertencia para poder tener beneficios en los negociados nicaragüenses?

¿Elecciones?

El 6 de noviembre habrá elecciones en Nicaragua. Los partidos opositores están desmembrados, comprados o sin permiso para participar. Nicaragua vota pero no decide, y todos sabemos lo que va a suceder, no hay que ser un analista muy avezado.

Ortega logró transformar al sandinismo en un régimen, un sistema absolutamente articulado con control mediático y simbólico, donde el autoritarismo tomó las riendas, criminalizando la protesta, manipulando la realidad e instalando un sistema reaccionario utilizando las palabras que parieron las revoluciones. Asombroso, increíble e indecente.

Sin embargo, aún queda un tramo de la historia desde donde esa patria de poetas y revolucionarios tiene mucho para dar. Todavía hay en Nicaragua esa gente de buena madera, incorruptible, que saben y denuncian la dictadura familiar, la instalación de un totalitarismo oligárquico sin parangón.

Aquellos que han hecho de la democracia un principio y una forma de vida, del ser de izquierda una opción y del socialismo un camino no pueden quedarse callados. Liberales auténticos, creyentes en la democracia de todas las cepas y todos los rumbos, no pueden hacerse los distraídos. Callar es ser cómplice, y la complicidad nos transforma, también, en criminales. Nosotros no somos eso ni queremos esas compañías, pues Ortega y su régimen hace mucho, mucho tiempo que dejaron de ser nuestros aliados y nuestros compañeros.



Mi generación

melvin_soteloPor Melvin Sotelo

Pertenezco a la generación de adolescentes y jóvenes que luchó contra la dictadura de Somoza, que en los ochenta cargó en sus hombros la guerra. La generación que se partió en dos: mientras unos luchamos por el sueño de construir una sociedad nueva que devino en dictadura, los otros lo hacían en la Resistencia Nacional para que hubiera democracia. La generación que sufrió la división de su familia por razones políticas e ideológicas, que partió al exilio y los hijos se dispersaron en la diáspora.

La generación que durante los años ochenta gravitó en la política, a favor o en contra de la Revolución, y compartió en los años noventa la desilusión y disolución de sus proyectos; una, porque fracasó la Revolución que le dio sentido a su vida y; la otra, porque en el intento de construcción de la democracia, recorrió un camino estrecho y de corta duración, lo que impidió sus mayores frutos.

Nos han llamado la generación “destronada”, “perdida”, “fallida”, etc. posiblemente porque de los 100,000 muertos, de las decenas de miles de mutilados y de exiliados contribuimos en ambas guerras, en un alto porcentaje, y ese vacío, hoy día, es evidente. Fuimos la generación que sufrimos con más dureza el desempleo y la incertidumbre, que nos reinventamos para salir adelante. Ha sido brutal movernos entre la ilusión, el duelo y la desesperanza, pero en medio de las dificultades, hemos aprendido a adaptarnos para sobrevivir y triunfar.

Somos una generación que creció con el compromiso en su adolescencia y juventud de forjar una patria mejor, para luego enfrascarnos en resolver nuestra vida cotidiana y la de nuestros hijos. Pero también somos la generación que defiende y promueve los derechos de la mujer, de la niñez, de los indígenas, del medioambiente, de una Nicaragua rica en su diversidad, convencida que la tolerancia y la construcción de un país para todos, es lo único que puede devolvernos la esperanza.

Esta generación que ha vivido entre dictaduras y ensayo de democracia, no puede permitir que, en nuestra etapa madura, en nuestra década de los cincuenta años, se vuelva a entronizar, como pesadilla recurrente, una nueva dictadura dinástica, que nos traerá: luto, dolor, división, cárceles, sangre y sufrimiento.

Es comprensible que, en medio de tantas ilusiones y desengaños, muchos congéneres se sientan apáticos. Sin embargo, somos testigos protagónicos privilegiados con un caudal de experiencia. En nosotros se acumulan conocimientos, experiencias, resiliencia, capacidad de emprendimiento, sensibilidad social, sentido de dignidad y amor a la patria para revertir esta tendencia funesta. Tenemos todavía la fuerza, la energía y una pasión pensante para asumir el desafío y darles a nuestros hijos y nietos la patria que soñamos en la que imperen la tolerancia, la libertad y la majestuosidad de las leyes.

Invito a mi generación, a los que fuimos la tesis y la antítesis, a los que están fuera y adentro de Nicaragua a hacer la síntesis, a construir nuestra marca generacional, que será el crear en forma definitiva las fundaciones de un proyecto democrático con la sabiduría que nos dan los años, y de la mano con la generación de jóvenes, cuyo reto será la consolidación del mismo. Sobrevivimos a dos guerras, nos toca terminar con la política como continuidad de la guerra e impulsar la lucha cívica por la democracia, la paz y la prosperidad en Nicaragua.

Farsa va, farsa viene: ni canal, ni puerto de Brito

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Agencias tan serias como BCN y ProNicaragua obligadas a farsa electoral

Seguramente y como parte de la farsa electoral del próximo mes, agencias tan serias y tan profesionales como el Banco Central y ProNicaragua han sido obligadas a sumarse a la misma.

Solamente así puede entenderse el documento “Nicaragua, ¡Crezcamos Juntos! Políticas y Proyectos de Desarrollo para Potenciar la Inversión 2017-2021”, que ambas instituciones han divulgado con gran fanfarria electoral.

Para empezar, y es de los aspectos más creíbles del documento, no se asume ninguna incertidumbre electoral porque, en efecto, no la hay. Ya se sabe quién será el ganador y solamente está pendiente cuántos votos le asigna el director de la farsa (CSE), y cuántos se asignan a los supuestos partidos de oposición que se han prestado a la misma. En efecto, en la primera página del documento se da por un hecho, a propósito de las políticas y proyectos que presenta, “el siguiente período del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional 2017-2021”.

Pero antes de entrar a los proyectos de desarrollo que analizaremos después, están las políticas que se presentan sectorialmente. Y de entrada se nota que los profesionales de ambas instituciones, que son de muy destacable nivel, fueron obligados a un “saludo a la bandera” de naturaleza política-partidaria. Solamente así se explica que en el documento se confundan de manera absoluta objetivos con políticas. Como se sabe, las políticas responden al cómo (con qué medios, con qué decisiones, con qué recursos, etc) se van a alcanzar determinados objetivos. Pasemos a revisar esa confusión.

En el sector agropecuario y forestal se plantea “Desarrollar la expansión de áreas y aumento de valor agregado del tabaco, palma africana, café, cacao, pesca, carne bovina, carne porcina y sector avícola”. Ese es, obviamente, un objetivo. ¿Pero cómo se alcanzará ese objetivo? Ni una palabra.

En el sector pesca y acuicultura, otro saludo a la bandera: “Contribuir a mejorar las prácticas de manipulación e higiene”. ¿Cómo y con qué recursos? Nada.

En el sector turismo, de tanta importancia, se plantea “Hacer de la actividad productiva, agropecuaria y la Economía Familiar y Comunitaria un atractivo turístico”. Obviamente, un objetivo. ¿Se alcanzará a través del Ministerio de Economía Familiar Comunitaria, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA), con sus limitados recursos y su altísima rotación de ministros y ministras pues es más una agencia de propaganda política, que un verdadero ministerio?

Y así podríamos seguir con el sector industrial, educativo y otros (dicho sea de paso, salud no aparece del todo).

Pasemos a lo que en el documento se llaman “Proyectos prioritarios para potenciar inversiones”, y asumamos que ahí está en parte la respuesta a la incongruencia entre objetivos y políticas, pues esos proyectos de inversión de alguna forma ayudarían a alcanzar los objetivos.

Se presentan 33 proyectos, para un monto total de $5,229 millones de dólares, de los cuales 13 proyectos que suman $2,293 millones (el 43.8%) tiene financiamiento asegurado, mientras otros 20 proyectos, que representan el 56.2% del monto total, aún no tienen financiamiento. Y aquí sí está la “madre del cordero”, como se dice popularmente.

A lo largo del documento, en materia de financiamiento se indica que esos proyectos están abiertos a propuestas de financiamiento de los organismos financieros internacionales, inversión privada (nacional y extranjera) e incluso se señala la “Colocación de títulos de deuda soberana en los mercados internacionales de capital…”

Es decir, en materia de financiamiento, que en efecto responde al cómo se van a alcanzar determinados objetivos de desarrollo, el documento hace total caso omiso de que está llegando a su fin la separación que Ortega ha hecho de la política, cada vez más autoritaria y de la cual solamente él se ocupa, y la economía que deja en manos de los demás.

¿Cómo, si no cambian las cosas en materia política, se impedirá la NICA ACT, y sus consecuencias sobre el clima de inversión y la calificación de riesgo del país?

Ah, y dicho sea de paso, en todo el documento no aparecen ni el canal interoceánico, ni el puerto de Brito. Es posible que solamente sea una estrategia para desmovilizar a los que se oponen al canal, pero a muchos en la comunidad internacional les llamará la atención la elocuencia de ese silencio.

La Nicaragua Linda

Presentan libro “El régimen de Ortega”

Autores presentan libro "El régimen de Ortega"
Autores presentan libro “El régimen de Ortega”

Nicaragua vive “una versión no marxista del totalitarismo”

Economistas, sociólogos, politólogo, sociedad civil, catedráticos y periodistas, llegan a la conclusión que Nicaragua está bajo un gobierno dictatorial.  “El régimen de Ortega”, es el nombre del libro que recopila una serie de hechos provocados por Daniel Ortega, desde que retornó al poder en el 2007 y que han trastocado todo principio democrático.

El libro fue presentado este lunes 03 de octubre en el Centro Cultural “Pablo Antonio Cuadra”

¿Una nueva dictadura familiar en el continente?” ahonda en el sistema político impuesto por Ortega en Nicaragua, explora las causas que permitieron el regreso del FSLN al gobierno, la contrarreforma impuesta por el Comandante y el deterioro democrático en el país.

“Lo que intentamos hacer es un análisis completo de la reversión del proceso democrático. Es una análisis con mucho rigor”, explicó Edmundo Jarquín, economista y ex candidato presidencial, quien es coordinador y coautor del libro.

Participan la investigadora Elvira Cuadra, directora del IEEPP; Julio Icaza Gallard, jurista; José Antonio Peraza, politólogo; Uriel Pineda, catedrático de Derecho; Guillermo Rothschuh, experto en temas de comunicación; y Enrique Sáenz, economista y ex diputado por el MRS.

“Es una dictadura”, afirma Jarquín, entrevistado para el programa Esta Semana, y explica que “en el mundo ha habido un gran debate sobre cómo definir a estos regímenes instalados después de la Guerra Fría” y que han deteriorado la institucionalidad democrática en aquellos países donde se han instalado. “No es una dictadura militar, porque no es producto de un golpe de Estado y el Ejército y la Policía no son una guardia pretoriana”, explica Jarquín.

El economista y ex presidente a la vice presidencia, Edmundo Jarquín destaca las características del régimen de Ortega, e identifica el sistema corporativo con los empresarios del COSEP.

Es “una versión no marxista del totalitarismo”, un modelo de gobierno en el que “unos pocos se reúnen para tomar las principales decisiones”, en referencia a la alianza de Ortega con el llamado gran capital, la cúpula empresarial que controla el Consejo Superior de la Empresa Privada, una organización que en los ochenta fue férreamente crítica del gobierno sandinista.

Mientras que el  economista y exdiputado Enrique Sáenz analiza en su ensayo esa relación de Ortega con el capital, pero también el control de las políticas económicas y el discurso oficial sobre los avances que el país ha tenido en esa materia. Sáenz asegura que el discurso oficial se contradice con la realidad.

Explica que durante el régimen de Ortega la economía no ha crecido más que con gobiernos anteriores ni el sector empresarial ha superado la informalidad que lo caracteriza. Al lado de una “alianza de cúpulas”, dice Sáenz, hay “un 88% de las empresas que están en la informalidad completa” y el crecimiento económico, “que no es superior al de gobiernos anteriores”, no es “equitativo en su distribución”.

“El 70% de las empresas manifiesta que sus ingresos están estancados o se mantuvieron igual” bajo el Gobierno de Ortega, asegura Sáenz.  Además, continúa, desde la política están “controlados sectores claves de la economía, como la distribución de combustible y la energía eléctrica (con un monopolio y contrato amarrado)”, señala el ex diputado.

Elvira Cuadra, socióloga y directora ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Publicas también da su aporte al libro “El Régimen de Ortega “ quien analiza la relación de Daniel Ortega con el Ejército y la Policía.

Según la investigadora, desde 2007, cuando Ortega regresó al poder, y hasta la fecha se ha registrado en Nicaragua “una reversión en el proceso de profesionalización” tanto en la institución militar como la Policía, proceso que se concretó con las más recientes reformas a la Constitución -que además garantizar a Ortega la posibilidad de perpetuarse en el poder-, el Código Militar -que establece cambios en el proceso de sucesión en la institución- y las reformas a la ley de la PN, que le permite a Ortega un control total de ese órgano.

“Las decisiones más importantes en el tema de defensa y seguridad quedan en la figura del Presidente, además de una relación directa entre él y la jefatura del Ejército y de la Policía”, explico Cuadra al programa Esta Semana.

“La cúpula militar mantiene una alianza estratégica con Ortega y su esposa, Rosario Murillo”, mientras que “la Policía está en una condición de subordinación a las disposiciones” de la pareja presidencial.

Cuadra advierte que las reformas impuestas por Ortega a las órganos legales que rigen a ambas instituciones, manteniendo indefinidamente a sus jefes, genera un “estancamiento en las carreras profesionales entre sus cuadros, lo que sin duda va a generar descontentos”.

El politólogo y catedrático, José Antonio Peraza,  afirmó que en 2011 no cabe que hubo fraude, de manera más metódica, pues ya el 2008 había servido de ensayo. “En 2008 el fraude se hizo a través de los CED y los CEM, en 2011, se dio desde cada JRV”,  afirma Peraza, quien aporta estos datos en el libro “El Régimen de Ortega”.

Según Peraza, el sistema electoral en Nicaragua está muy por atrás del desarrollo que tienen otros países latinoamericanos, en donde las instituciones que revisan las elecciones se caracterizan por ser apartidarias y estar más centradas en brindar un servicio profesional y técnico.

“El politólogo señala que en cualquier sociedad del mundo los partidos tienen alguna participación en el poder electoral, tienen algunas observaciones, pero aquí el control es total. Aquí no actúan bajo ningún parámetro, no fingen que son funcionarios profesionales, estamos ante un poder que no tiene credibilidad nacional e internacional, y los cambios recientes son como un show, cambiar todo para que todo quede igual o peor”.

Señala que el FSLN controla actualmente a la mayoría de los magistrados en el CSE. El poder electoral es presidido por el Magistrado sandinista, Roberto Rivas Reyes, un colaborador cercano de la pareja Ortega-Murillo. Rivas ha sido expuesto al escrutinio público, luego de que varias investigaciones periodísticas destaparan que posee lujosas propiedades tanto en Nicaragua como en Costa Rica, además de tres aviones valorados en 2.3 millones de dólares.

Agencia SNN

¿Por qué nos debe importar si Nicaragua se convierte en una dictadura?

Del artículo de Tim Rogers en Fusión
Del artículo de Tim Rogers en Fusión

Por Tim Rogers

En el 2006 aplaudí cuando Nicaragua reeligió a Daniel Ortega como presidente.

Pero cuando comenzó a violar la constitución para ser reelegido nuevamente en el 2011, me preocupé por los nicaragüenses.

Y ahora que Ortega ha consolidado un modelo dinástico y autoritario, junto a su esposa y ahora candidata a la vicepresidencia, Rosario Murillo, siento miedo por lo que pueda pasar en Nicaragua.

 

Nicaragua es mi segundo país. Es mi musa. El país donde nació mi esposa. El lugar que me mantiene despierto durante la noche.

Pero no me tomó mucho tiempo el comenzar a desilusionarme de Ortega y de los Sandinistas una vez que volvieron al poder.

Tenía sospechas sobre Ortega desde siempre; es un político que tiene larga cola — un hombre acusado de abusar sexualmente de su propia hijastra. Pero siempre quise que los Sandinistas tuvieran una oportunidad justa de gobernar Nicaragua durante los tiempos de paz. En la década de 1980 los Sandinistas lograron implementar importantes programas sociales para mejorar la educación y la salud pública, entre otras cosas. A su vez pelearon una batalla brutal contra las guerrillas — las cuales eran financiadas, entrenadas y armadas por el Tío Sam.

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Me mudé a Nicaragua en el 2004 a los 28 años, persiguiendo los sueños románticos de la revolución que veía en los noticieros estadounidense cuando era niño. Tenía posters de Daniel Ortega, el General Augusto C. Sandino y el Comandante Cero. Una bandera rojinegra colgaba sobre mi cama.

Sólo imagina lo que los Sandinistas podrían hacer en tiempos de paz y prosperidad con un gran cheque del Tío Hugo Chávez, pensaba yo de manera inocente.

Cuando Nicaragua votó para poner a los Sandinistas en el poder otra vez en 2006 después de 16 años de “gobernar desde abajo”, yo estaba listo para darles una oportunidad. Después de todo, Ortega, el político, había respetado las reglas del juego cuando se votó para sacarlo del poder en 1990, y también cuando perdió sus intentos de reelección en 1996 y 2001. Ortega probó que los Sandinistas se podían auto-controlar y respetar el estado de derecho, al menos eso pensaba yo en aquel entonces.

Estaba equivocado, pues.

Desde que volvió a la presidencia hace casi una década, Ortega ha reestructurado de manera metódica la frágil democracia nicaragüense y ha reconstruido las leyes para apoyar sus aspiraciones de crear un sistema de un solo partido que pueda gobernar sin enfrentarse a ningún tipo de oposición.

Ortega y sus seguidores han tomado control de las cuatro poderes del Estado, implementando una política represiva de cero tolerancia para las protestas y reescribiendo la constitución para eliminar el balance de poderes.

Ortega le dió tiro de gracia la democracia plural en Nicaragua el viernes pasado cuando sus seguidores en el Consejo Supremo Electoral ordenaron la salida de 28 legisladores de la oposición y diputados suplentes en la Asamblea Nacional. Cuatro días después, Ortega nombró a su esposa como candidata a la vicepresidencia, consolidando su modelo dinástico. Ahora Ortega no tiene que lidiar con la oposición. Su campaña presidencial no tendrá rival verdadero y va a ser reelegido—o más bien proclamado presidente y que?

No parece importarle mucho a los nicaragüenses. Con la excepción de las protestas semanales que atraen a la misma gente de siempre al centro de Managua para pedir elecciones libres, los nicaragüenses no se han tomado las calles. A muchos francamente les da miedo protestar, pero muchos otros simplemente están carcomidos por la apatía o demasiado ocupados persiguiendo Pokémones. Ortega sigue siendo popular, a pesar de haber tomado el poder por la fuerza y su inhabilidad de cumplir con los megaproyectos que incluyen el canal y la refinería de petróleo.

A Estados Unidos tampoco parece importarle. Unos 30 años después de gastar más de mil millones de dólares para financiar una contrarrevolución ilegal contra el gobierno sandinista en la década de los ochenta, Estados Unidos ni siquiera parece admitir lo que está pasando en Nicaragua.

El Departamento de Estado emitió una declaración el día lunes diciendo que los Estados Unidos “se encuentra profundamente preocupado por las acciones del Gobierno de Nicaragua y de la Corte Suprema de Justicia que han cerrado los espacios democráticos previo a la realización de las elecciones presidenciales y legislativas el próximo 6 de noviembre.” Dice que “Urgimos de manera categórica al Gobierno de Nicaragua a crear un entorno más propicio para la realización de elecciones libres y justas que permitan al pueblo de Nicaragua decidir el futuro de su país.”

Pero bueno. Dos días antes, mientras Ortega estaba finalizando su plan para darle una patada a los diputados del PLI, la embajada estadounidense estaba mandando un comunicado de prensa auto-felicitándose por una exitosa conferencia de negocios que realizaron para promover y “contribuir al desarrollo económico del país”. La embajada estadounidense no podría estar más desconectada de la realidad política en Nicaragua.

Reagan debe estarse revolcando en su tumba.

Y debería. La guerra del viejo maldito en Nicaragua causó demasiado sufrimiento, muerte y la destrucción de un diminuto país que simplemente estaba intentando cambiar su historia y convertirse en el amo de su propio destino. Pero pasar de la obsesión de sacar a Ortega del poder en la década de los ochenta a mostrar indiferencia ante la tácticas anti-democráticas de Ortega hacen ver al Tío Sam como un paciente que aún no ha sido diagnosticado con amnesia.

Estados Unidos se equivocó en declararle la guerra a Nicaragua en los ochenta. Pero también se equivoca al no importarte lo que está pasando ahora. Regalar galletas y café para que los innovadores de negocios convivan mientras la democracia del país se va a la mierda nos hace recordar que las prioridades de Estados Unidos usualmente son muy diferentes a las que se presumen en público. A Washington D.C. le gusta pensar que es un ejemplo de la libertad y la democracia en el mundo, pero realmente son más interesados en promover negocios y el comercio.

Pero incluso el sector privado, que ha estado aliado con Ortega desde 2007, sabe que lo que se avecina no es bueno para los negocios. COSEP, la cámara empresarial más grande del país, publicó un comunicado el viernes por la noche expresando su preocupación por la “inestabilidad política”, el “debilitamiento de la democracia representativa”, y la “cohesión social”.

Hace dos años el presidente de COSEP me dijo en una entrevista para mi antiguo sitio web Nicaragua Dispatch que la estrategia era trabajar con Ortega para reconstruir la economía del país hasta llegar a niveles en los que la democracia podría tomar raíces. El argumento en aquel entonces era que Nicaragua era demasiado pobre para ser una democracia. Bueno, ahora es demasiado autoritaria para ser una democracia. Y tal vez demasiado anti-democrática para ser cualquier otra cosa que pobre.

El punto es que la democracia importa ahora, y siempre — incluso en Nicaragua, que nunca fue muy democrática en primer lugar.

La democracia es ruidosa e imperfecta, pero también tiende a la auto-corrección y la perseverancia. A pesar de sus muchas fallas, la democracia sigue siendo la mejor alternativa. Como dijo Winston Churchill, “La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás”.

Nicaragua está cometiendo un grave error al no luchar por su democracia joven, y permitiendo que sea reemplazada por la ambición personal de algunos cuantos. Puede que Nicaragua nunca haya practicado la democracia, pero sería un error pensar que por eso no la pueda llevar acabo.

Y el mundo se equivoca en no importarle que Nicaragua ha dejado de intentarlo.

Tomado de Fusión

El régimen de Ortega

payasos_elecciones_nicaraguaPor Enrique Sáenz

Los centros de investigación y los académicos, principalmente norteamericanos, han inventado distintas expresiones para conceptualizar los regímenes políticos que han desvirtuado la democracia en el siglo XXI. Democracias imperfectas, regímenes híbridos, regímenes autoritarios, autoritarismos competitivos son algunas de las expresiones utilizadas. Un personaje de por aquí habló de populismo responsable.

Para los estudiosos, se trata de un ejercicio académico. Para los pueblos que padecen los atropellos a sus derechos no es cuestión de palabras sino de realidades y de riesgos. La propiedad, la libertad, la dignidad, el empleo, la justicia, la seguridad personal y aún el derecho a vivir en su país, o el derecho a la vida, son amenazados de manera indiscriminada por los regímenes autoritarios.

Sin embargo, definir la naturaleza de un régimen también supone adoptar una posición política. De esa definición se desprenden los objetivos, las estrategias y los planes de acción. Si un ciudadano vive, por ejemplo, en una democracia imperfecta, el desafío natural es superar las imperfecciones valiéndose de mecanismos legales e institucionales. Pero si uno enfrenta un régimen dictatorial las estrategias y las formas de lucha cambian drásticamente.

No es lo mismo enfrentar un chancho que un jabalí, aunque ambos pertenezcan, zoológicamente, a la familia de los cerdos. No es lo mismo enfrentar un gato que un tigre aunque ambos pertenezcan la familia de los felinos.

En Nicaragua, parece mentira, todavía hay quienes se niegan a aceptar que enfrentamos un régimen dictatorial. Esta resistencia no siempre es de mala fe. Hay quienes de buena fe tienen esa opinión. A pesar de la anulación de la Constitución y de las leyes, a pesar de la aniquilación de la independencia de los poderes del estado, a pesar de la confusión entre los intereses de una familia con los intereses del estado, a pesar de la cooptación de las fuerzas armadas, a pesar de la cancelación del derecho a elegir y ser electo, a pesar de la mutilación de los derechos y libertades ciudadanas, a pesar de la represión, todavía hay quienes se niegan a ver o a calificar al régimen como lo que es, un régimen dictatorial. Algunos argumentan que no hay presos políticos y hay libertad de prensa. No hay presos políticos porque no hay capturas. Los entierran en la montaña. Y no hay censura porque controlan más del 90% de los canales de televisión y de las radioemisoras.

Y esta definición es clave, es esencial, porque no habrá concertación duradera entre los grupos opositores, no habrá planes de acción conjunta o estrategias coordinadas mientras no se tenga una visión compartida sobre la naturaleza del régimen que enfrentamos.

Hasta hoy, en Nicaragua no se había desarrollado un trabajo profesional y debidamente documentado sobre la naturaleza del régimen de Ortega a partir de un balance de sus diez años en el poder.

Este es el objetivo que se propusieron siete de profesionales nicaragüenses, coordinados por el Doctor Edmundo Jarquín, en un trabajo colectivo que se concretó en el libro que lleva como título “El régimen de Ortega” y como subtítulo plantea una interrogante: Hacia una nueva dictadura familiar en el continente?

En la introducción de la publicación describen el propósito del trabajo de la manera siguiente: “Daniel Ortega ha consolidado un poder personal y familiar, como nadie antes en la historia moderna de Nicaragua, incluidos los Somoza. Ha constituido un régimen sultanístico, en que la voluntad e intereses del sultán se confunden con los del Estado… A la vez Ortega ha desperdiciado una singular oportunidad para impulsar el desarrollo económico y consolidar las posibilidades de relevo político pacífico y democrático, en el segundo país más pobre de América Latina, y uno de los que tiene menos tradición democrática…De la naturaleza del gobierno de Ortega trata este libro…”

Una de las características del grupo de autores del libro es la pluralidad política. Unos son de trayectoria liberal, otros conservadores, otros independientes, también demócratas de izquierda. El rasgo común es la visión nacional y el compromiso con la democracia. También es un grupo multidisciplinario formado por politólogos, juristas, sociólogos, economistas, periodistas. Todos son profesionales de reconocida competencia en su campo.

En los capítulos se abordan aspectos tales como el desmantelamiento del orden legal del país, el proceso de cooptación de las fuerzas armadas, se desmenuzan los fraudes electorales y la demolición del sistema electoral, se analiza la situación de los medios de comunicación y de la libertad de expresión, la represión, la impunidad y los derechos humanos. También se presenta un examen de la evolución política, económica y social del país.

Los autores agregan en la introducción:

Esperamos que el libro contribuya a entender la naturaleza del régimen que, como hemos señalado antes, forma parte de la historia del despotismo en Nicaragua y que también contribuya a un debate necesario, entre todas y todos los nicaragüenses sin excepción, para la recuperación de su interrumpida construcción democrática.

Esperemos pues, que así sea.

El libro será presentado el próximo lunes tres octubre, en el Centro Pablo Antonio Cuadra, en la librería Hispamer. La entrada es libre.

Del blog de Enrique Sáenz

¿Por qué crecer sin democracia lo que ya crecíamos con ella?

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

Comandantes de la boca

En lo que lució una acerada defensa de la gestión económica del gobierno de Ortega, y de las sin dudas notables contribuciones que ha realizado el sector privado, en el Día del Empresario Nicaragüense el Presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) tuvo la muy ingeniosa ocurrencia de llamar “los comandantes de la boca, los combatientes de las redes sociales”, a quienes ejercemos la crítica oral y escrita en los escasísimos medios que escapan al monopolio del grupo gobernante.

Sin menoscabo que el ingenioso calificativo pareciera insinuar que al gobierno hay que enfrentarlo con medios diferentes a la crítica oral y escrita, en la parte del discurso dedicada al futuro institucional, el Presidente del organismo gremial hizo, en un ejercicio también ingenioso de crítica oral y escrita, uno de los mejores retratos del déficit democrático del gobierno de Ortega. Resulta tan encomiable y por tanto merecedora de la más amplia difusión esa parte del discurso, que la reproducimos textualmente a continuación:

“Por eso hoy le presentamos a la nación un decálogo de nuestros principios democráticos que consideramos son indispensables de cara al futuro institucional y económico del país, y que deben ser apoyados y respaldados por todas las fuerzas vivas de la nación:

I. Reafirmar que la democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico actual y futuro de Nicaragua; no podemos involucionar en los procesos y cambios democráticos que hemos venido desarrollando desde 1990.

II. Fortalecer y garantizar los elementos esenciales de la democracia representativa, en particular, se debe promover el acceso al poder y su ejercicio basado en la alternancia política; la celebración de elecciones periódicas, libres, transparentes, imparciales y con observación independiente; el régimen plural de partidos políticos; y la separación, independencia y modernización de los Poderes del Estado.

Cabe expresar en relación al tema electoral de noviembre próximo que compartimos el planteamiento de la Conferencia Episcopal.

III. Garantizar el irrestricto ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos de hacer peticiones, denuncias y hacer críticas constructivas; el derecho a concentrarse, manifestarse y movilizarse; así como garantizar la libertad de prensa. No debe haber censura ni represión política.

IV. Respetar y garantizar el derecho de propiedad privada de los bienes muebles e inmuebles; los procesos de expropiación deben ajustarse a la ley y asegurar la prohibición de la confiscación.

V. Promover y garantizar el pleno ejercicio de las actividades económicas, asegurando la igualdad de las empresas ante la ley y la libre y sana competencia; reiterando que en relación a concesiones y licitaciones deben realizarse bajo procesos transparentes y públicos.

VI. Diseñar un Estado eficiente y moderno, considerándose la reducción de la burocracia estatal no productiva que permita mejorar la funcionalidad y eficiencia en las instituciones públicas, simplificando los trámites y facilitando el desempeño de la actividad empresarial.  El Estado debe jugar un rol subsidiario al rol del sector privado.

VII. Exigir el respeto y observancia del Principio de Legalidad, que garantice que todos los funcionarios públicos actúen en estricto respeto a los principios de la Constitución y obediencia al marco regulatorio vigente.

VIII. Promover que los Gobiernos de turno adopten en sus planes las propuestas del Sector Privado para fortalecer el entorno de negocios, la productividad, la inversión y la generación de empleos.

IX. Establecer una alianza por la educación que nos permita trabajar desde la educación primaria para crear conciencia cívica e igualar oportunidades, en la educación técnica para atraer inversiones de mayor valor agregado y en la educación superior para fortalecer la investigación y desarrollo tecnológico.

X. Fortalecer el mecanismo de diálogo y consenso para desarrollar la institucionalidad económica, generar riqueza y reducción de pobreza, así como el diálogo político para fortalecer el Estado Democrático de Derecho”.

Yo no tendría absolutamente nada que agregar a ese decálogo político-institucional.

Pero teniendo en cuenta que en los nueve años previos al inicio del gobierno de Ortega (1998-2006), tuvimos una tasa promedio de crecimiento del Producto Interno Bruto del 3.87%, ligeramente superior a los nueve años de Ortega (2007-2015), que fue de 3.82%, solamente me hago una pregunta: ¿Si ya crecíamos así en democracia, por qué aceptar hacerlo con eliminación de la misma?

La Nicaragua Linda