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EEUU cuestiona a gobiernos de Nicaragua y Venezuela

Roberta Jacobson
Roberta Jacobson

La embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, acusó a países como Nicaragua y Venezuela, si bien respetan las elecciones, no mantienen el “espíritu” de la democracia.

“Sabemos muy bien que las elecciones por sí solas no completan el proceso (democrático). Hemos visto en Venezuela y Nicaragua que la democracia se sigue al pie de la letra, pero no en espíritu”, dijo en el VII Foro de la Democracia Latinoamericana que se celebra en la Ciudad de México.

La funcionaria explicó que la “democracia significa continuar luchando, proteger las minorías y garantizar la transparencia y la transformación” para completar las “expectativas del ciudadano”, apuntó durante la conferencia “Participación ciudadana y fortalecimiento democrático”.

Desde el Congreso de EE.UU. se impulsa una iniciativa que busca sancionar a Nicaragua frenando préstamos hasta que el país celebre comicios justos y otra sobre Venezuela que insta a la liberación de los que se han considerado como presos políticos y al respeto de los “procesos constitucionales y democráticos”.

Dos dirigentes del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), el ex candidato presidencial Edmundo Jarquin y el ex diputado Enrique Sáenz gozarán de espacio en el centro de pensamiento Diálogo Interamericano en Washington dentro de dos semanas para presentar un libro que recién presentaron en Managua y en el que acusan a Daniel Ortega de instaurar una dictadura en el país…

Diálogo Interamericano ha confirmado que está montando un panel de discusión sobre Nicaragua, su democracia y las elecciones del 2016 en el que dicen Ortega es favorito a la relección porque la oposición esta fracturada… El evento será el 27 de octubre en la sede de Diálogo Interamericano en Washington. Radio Corporación de Nicaragua.

Presentan libro “El régimen de Ortega”

Autores presentan libro "El régimen de Ortega"
Autores presentan libro “El régimen de Ortega”

Nicaragua vive “una versión no marxista del totalitarismo”

Economistas, sociólogos, politólogo, sociedad civil, catedráticos y periodistas, llegan a la conclusión que Nicaragua está bajo un gobierno dictatorial.  “El régimen de Ortega”, es el nombre del libro que recopila una serie de hechos provocados por Daniel Ortega, desde que retornó al poder en el 2007 y que han trastocado todo principio democrático.

El libro fue presentado este lunes 03 de octubre en el Centro Cultural “Pablo Antonio Cuadra”

¿Una nueva dictadura familiar en el continente?” ahonda en el sistema político impuesto por Ortega en Nicaragua, explora las causas que permitieron el regreso del FSLN al gobierno, la contrarreforma impuesta por el Comandante y el deterioro democrático en el país.

“Lo que intentamos hacer es un análisis completo de la reversión del proceso democrático. Es una análisis con mucho rigor”, explicó Edmundo Jarquín, economista y ex candidato presidencial, quien es coordinador y coautor del libro.

Participan la investigadora Elvira Cuadra, directora del IEEPP; Julio Icaza Gallard, jurista; José Antonio Peraza, politólogo; Uriel Pineda, catedrático de Derecho; Guillermo Rothschuh, experto en temas de comunicación; y Enrique Sáenz, economista y ex diputado por el MRS.

“Es una dictadura”, afirma Jarquín, entrevistado para el programa Esta Semana, y explica que “en el mundo ha habido un gran debate sobre cómo definir a estos regímenes instalados después de la Guerra Fría” y que han deteriorado la institucionalidad democrática en aquellos países donde se han instalado. “No es una dictadura militar, porque no es producto de un golpe de Estado y el Ejército y la Policía no son una guardia pretoriana”, explica Jarquín.

El economista y ex presidente a la vice presidencia, Edmundo Jarquín destaca las características del régimen de Ortega, e identifica el sistema corporativo con los empresarios del COSEP.

Es “una versión no marxista del totalitarismo”, un modelo de gobierno en el que “unos pocos se reúnen para tomar las principales decisiones”, en referencia a la alianza de Ortega con el llamado gran capital, la cúpula empresarial que controla el Consejo Superior de la Empresa Privada, una organización que en los ochenta fue férreamente crítica del gobierno sandinista.

Mientras que el  economista y exdiputado Enrique Sáenz analiza en su ensayo esa relación de Ortega con el capital, pero también el control de las políticas económicas y el discurso oficial sobre los avances que el país ha tenido en esa materia. Sáenz asegura que el discurso oficial se contradice con la realidad.

Explica que durante el régimen de Ortega la economía no ha crecido más que con gobiernos anteriores ni el sector empresarial ha superado la informalidad que lo caracteriza. Al lado de una “alianza de cúpulas”, dice Sáenz, hay “un 88% de las empresas que están en la informalidad completa” y el crecimiento económico, “que no es superior al de gobiernos anteriores”, no es “equitativo en su distribución”.

“El 70% de las empresas manifiesta que sus ingresos están estancados o se mantuvieron igual” bajo el Gobierno de Ortega, asegura Sáenz.  Además, continúa, desde la política están “controlados sectores claves de la economía, como la distribución de combustible y la energía eléctrica (con un monopolio y contrato amarrado)”, señala el ex diputado.

Elvira Cuadra, socióloga y directora ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Publicas también da su aporte al libro “El Régimen de Ortega “ quien analiza la relación de Daniel Ortega con el Ejército y la Policía.

Según la investigadora, desde 2007, cuando Ortega regresó al poder, y hasta la fecha se ha registrado en Nicaragua “una reversión en el proceso de profesionalización” tanto en la institución militar como la Policía, proceso que se concretó con las más recientes reformas a la Constitución -que además garantizar a Ortega la posibilidad de perpetuarse en el poder-, el Código Militar -que establece cambios en el proceso de sucesión en la institución- y las reformas a la ley de la PN, que le permite a Ortega un control total de ese órgano.

“Las decisiones más importantes en el tema de defensa y seguridad quedan en la figura del Presidente, además de una relación directa entre él y la jefatura del Ejército y de la Policía”, explico Cuadra al programa Esta Semana.

“La cúpula militar mantiene una alianza estratégica con Ortega y su esposa, Rosario Murillo”, mientras que “la Policía está en una condición de subordinación a las disposiciones” de la pareja presidencial.

Cuadra advierte que las reformas impuestas por Ortega a las órganos legales que rigen a ambas instituciones, manteniendo indefinidamente a sus jefes, genera un “estancamiento en las carreras profesionales entre sus cuadros, lo que sin duda va a generar descontentos”.

El politólogo y catedrático, José Antonio Peraza,  afirmó que en 2011 no cabe que hubo fraude, de manera más metódica, pues ya el 2008 había servido de ensayo. “En 2008 el fraude se hizo a través de los CED y los CEM, en 2011, se dio desde cada JRV”,  afirma Peraza, quien aporta estos datos en el libro “El Régimen de Ortega”.

Según Peraza, el sistema electoral en Nicaragua está muy por atrás del desarrollo que tienen otros países latinoamericanos, en donde las instituciones que revisan las elecciones se caracterizan por ser apartidarias y estar más centradas en brindar un servicio profesional y técnico.

“El politólogo señala que en cualquier sociedad del mundo los partidos tienen alguna participación en el poder electoral, tienen algunas observaciones, pero aquí el control es total. Aquí no actúan bajo ningún parámetro, no fingen que son funcionarios profesionales, estamos ante un poder que no tiene credibilidad nacional e internacional, y los cambios recientes son como un show, cambiar todo para que todo quede igual o peor”.

Señala que el FSLN controla actualmente a la mayoría de los magistrados en el CSE. El poder electoral es presidido por el Magistrado sandinista, Roberto Rivas Reyes, un colaborador cercano de la pareja Ortega-Murillo. Rivas ha sido expuesto al escrutinio público, luego de que varias investigaciones periodísticas destaparan que posee lujosas propiedades tanto en Nicaragua como en Costa Rica, además de tres aviones valorados en 2.3 millones de dólares.

Agencia SNN

El régimen de Ortega

payasos_elecciones_nicaraguaPor Enrique Sáenz

Los centros de investigación y los académicos, principalmente norteamericanos, han inventado distintas expresiones para conceptualizar los regímenes políticos que han desvirtuado la democracia en el siglo XXI. Democracias imperfectas, regímenes híbridos, regímenes autoritarios, autoritarismos competitivos son algunas de las expresiones utilizadas. Un personaje de por aquí habló de populismo responsable.

Para los estudiosos, se trata de un ejercicio académico. Para los pueblos que padecen los atropellos a sus derechos no es cuestión de palabras sino de realidades y de riesgos. La propiedad, la libertad, la dignidad, el empleo, la justicia, la seguridad personal y aún el derecho a vivir en su país, o el derecho a la vida, son amenazados de manera indiscriminada por los regímenes autoritarios.

Sin embargo, definir la naturaleza de un régimen también supone adoptar una posición política. De esa definición se desprenden los objetivos, las estrategias y los planes de acción. Si un ciudadano vive, por ejemplo, en una democracia imperfecta, el desafío natural es superar las imperfecciones valiéndose de mecanismos legales e institucionales. Pero si uno enfrenta un régimen dictatorial las estrategias y las formas de lucha cambian drásticamente.

No es lo mismo enfrentar un chancho que un jabalí, aunque ambos pertenezcan, zoológicamente, a la familia de los cerdos. No es lo mismo enfrentar un gato que un tigre aunque ambos pertenezcan la familia de los felinos.

En Nicaragua, parece mentira, todavía hay quienes se niegan a aceptar que enfrentamos un régimen dictatorial. Esta resistencia no siempre es de mala fe. Hay quienes de buena fe tienen esa opinión. A pesar de la anulación de la Constitución y de las leyes, a pesar de la aniquilación de la independencia de los poderes del estado, a pesar de la confusión entre los intereses de una familia con los intereses del estado, a pesar de la cooptación de las fuerzas armadas, a pesar de la cancelación del derecho a elegir y ser electo, a pesar de la mutilación de los derechos y libertades ciudadanas, a pesar de la represión, todavía hay quienes se niegan a ver o a calificar al régimen como lo que es, un régimen dictatorial. Algunos argumentan que no hay presos políticos y hay libertad de prensa. No hay presos políticos porque no hay capturas. Los entierran en la montaña. Y no hay censura porque controlan más del 90% de los canales de televisión y de las radioemisoras.

Y esta definición es clave, es esencial, porque no habrá concertación duradera entre los grupos opositores, no habrá planes de acción conjunta o estrategias coordinadas mientras no se tenga una visión compartida sobre la naturaleza del régimen que enfrentamos.

Hasta hoy, en Nicaragua no se había desarrollado un trabajo profesional y debidamente documentado sobre la naturaleza del régimen de Ortega a partir de un balance de sus diez años en el poder.

Este es el objetivo que se propusieron siete de profesionales nicaragüenses, coordinados por el Doctor Edmundo Jarquín, en un trabajo colectivo que se concretó en el libro que lleva como título “El régimen de Ortega” y como subtítulo plantea una interrogante: Hacia una nueva dictadura familiar en el continente?

En la introducción de la publicación describen el propósito del trabajo de la manera siguiente: “Daniel Ortega ha consolidado un poder personal y familiar, como nadie antes en la historia moderna de Nicaragua, incluidos los Somoza. Ha constituido un régimen sultanístico, en que la voluntad e intereses del sultán se confunden con los del Estado… A la vez Ortega ha desperdiciado una singular oportunidad para impulsar el desarrollo económico y consolidar las posibilidades de relevo político pacífico y democrático, en el segundo país más pobre de América Latina, y uno de los que tiene menos tradición democrática…De la naturaleza del gobierno de Ortega trata este libro…”

Una de las características del grupo de autores del libro es la pluralidad política. Unos son de trayectoria liberal, otros conservadores, otros independientes, también demócratas de izquierda. El rasgo común es la visión nacional y el compromiso con la democracia. También es un grupo multidisciplinario formado por politólogos, juristas, sociólogos, economistas, periodistas. Todos son profesionales de reconocida competencia en su campo.

En los capítulos se abordan aspectos tales como el desmantelamiento del orden legal del país, el proceso de cooptación de las fuerzas armadas, se desmenuzan los fraudes electorales y la demolición del sistema electoral, se analiza la situación de los medios de comunicación y de la libertad de expresión, la represión, la impunidad y los derechos humanos. También se presenta un examen de la evolución política, económica y social del país.

Los autores agregan en la introducción:

Esperamos que el libro contribuya a entender la naturaleza del régimen que, como hemos señalado antes, forma parte de la historia del despotismo en Nicaragua y que también contribuya a un debate necesario, entre todas y todos los nicaragüenses sin excepción, para la recuperación de su interrumpida construcción democrática.

Esperemos pues, que así sea.

El libro será presentado el próximo lunes tres octubre, en el Centro Pablo Antonio Cuadra, en la librería Hispamer. La entrada es libre.

Del blog de Enrique Sáenz

La oportunidad perdida

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

La semana pasada anuncié que este lunes 3 de octubre estaríamos presentando el libro titulado “El régimen de Ortega. ¿Una nueva dictadura familiar en el continente?”. Del libro somos responsables siete coautores, de diferentes procedencias profesionales y políticas, pero con un hilo conductor que todos compartimos: explicar la naturaleza del régimen de Ortega, desde la perspectiva política y la decidida voluntad de lucha para cambiarlo.

Iremos, desde luego, a presentarlo a los diferentes departamentos del país, e inmediatamente después del acto en Managua se han organizado presentaciones en Argentina, Uruguay, Perú, Chile, México y España, y se están organizando en los países centroamericanos y en Ecuador y Venezuela, igual que en el Diálogo Interamericano en Washington, a finales de octubre.

En la introducción del libro anotamos: “Daniel Ortega ha consolidado un poder personal y familiar, como nadie antes en la historia moderna de Nicaragua, incluidos los Somoza. Ha constituido un régimen sultanístico, en que la voluntad e intereses del sultán se confunden con los del Estado… A la vez Ortega ha desperdiciado una singular oportunidad para impulsar el desarrollo económico y consolidar las posibilidades de relevo político pacífico y democrático, en el segundo país más pobre de América Latina, y uno de los que tiene menos tradición democrática…”

Quisiera, en esta ocasión, comentar una idea ampliamente desarrollada en el libro: Ortega no solamente ha cerrado los espacios democráticos, sino que ha desperdiciado una oportunidad inigualable para impulsar el desarrollo de Nicaragua.

En efecto, la información estadística más verificable demuestra que no es cierta la afirmación, tan frecuente en voceros oficiales y no oficiales del gobierno, de que se ha avanzado en la agenda económica.

Claro, sobre la base de las expectativas tan negativas que había cuando Ortega “ganó” las elecciones hace diez años, su gobierno ha avanzado la agenda económica. Pero no es el caso comparar los resultados de su gestión económica con esas expectativas negativas, o con los años 80, sino preguntarse si con las condiciones extremadamente favorables que ha tenido su gobierno los resultados podrían o no haber sido mejores. Y la respuesta es categórica: los resultados podrían haber sido mucho mejores.

Recordemos lo siguiente:

Su gobierno se inició sin déficit fiscal, y por el contrario heredó un superávit primario.

Con la drástica reducción de la deuda externa gestionada en los tres gobiernos anteriores, y por tanto el modesto pago de la misma que Ortega heredó, y los flujos de financiamiento recibidos de los organismos financieros internacionales y de Venezuela, Nicaragua ha tenido de lejos en los últimos diez años la mayor cooperación externa per cápita de América Latina y, también de lejos, una de las más altas del mundo.

Durante la mitad o más de los años en que Ortega ha gobernado, Nicaragua ha tenido un boom sincronizado, por primera vez en la historia económica del país, de los precios de todos los productos de exportación.

Y las remesas de los emigrados han crecido notablemente (más del 70%).

En esas condiciones tan extraordinariamente positivas, ¿no deberíamos haber crecido sustancialmente más, y haber removido algunos de los obstáculos estructurales al desarrollo?

Esta semana se dio a conocer el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, y Nicaragua aparece en la posición 103 de 138 países evaluados. Para que entendamos lo que eso significa, Costa Rica ocupa la posición 54, y Panamá aún mejor.

¿En 10 años, y con las condiciones tan positivas que ha tenido la economía, no es para que Nicaragua haya mejorado sustancialmente su posición en el Índice Global de Competitividad? Entonces, dónde está el éxito económico de Ortega, como bien se pregunta Enrique Sáenz, uno de los coautores del libro que mencionamos, en el capítulo que escribió.

Al ver los diferentes componentes del Índice Global de Competitividad, resulta que mientras en ambiente macroeconómico Nicaragua ocupa la posición 56, en materia de instituciones se cae a la posición 122, todo entre 138 países. Es decir, aprobados en macroeconomía, desaprobados en política, y como consecuencia desaprobados en competitividad que es uno de los motores fundamentales del crecimiento.

En definitiva, el gobierno de Ortega al ser una oportunidad perdida en la política ha sido también una oportunidad perdida en la economía.

La Nicaragua Linda