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Doña Violeta y el 25 de abril

Por Enrique Sáenz

Hoy es 25 de abril. Para muchos nicaragüenses es una efemérides que pasó sin pena ni gloria. O más bien, con muchas penas y muy pocas glorias. Y es una lástima. Es una lástima porque esa fecha debería ser un referente palpitante para todos los nicaragüenses. Es la fecha en que tomó posesión doña Violeta Barrios de Chamorro, después de las elecciones realizadas el 25 de febrero de 1990. Unas elecciones que posibilitaron la pacificación de Nicaragua, después de más de 12 años de cruentas guerras, primero la insurrección armada para derrocar la dinastía somocista y después los diez años de la guerra de los años ochenta.

Esas elecciones posibilitaron también el inicio de un proceso de transición a la democracia que permitió a los nicaragüenses disfrutar, tal vez por primera vez en nuestra historia, de derechos y libertades plenas.

Por supuesto, se trató de un proceso espinoso, plagado de dificultades económicas, sociales, políticas, y de violencia, violencia en las calles y también violencia armada, porque persistieron grupos alzados en armas. A la par, la consigna de Ortega “gobernar desde abajo” se transformó en un permanente acoso al gobierno. Pero lo fundamental se logró. Ordenar la economía, regularizar las relaciones comerciales y financieras internacionales, abrir espacio a una democracia representativa, y establecer bases para un estado de derecho. Y esto igualmente hay que decirlo, también representó la instauración de un modelo económico que si bien restableció el crecimiento económico y el dinamismo del sector privado, no pudo resolver los rezagos estructurales de la economía, ni la exclusión social, ni la desigualdad.

Con todo, el proceso de transición favoreció la realización de tres procesos electorales consecutivos, la implantación y funcionamiento de una institucionalidad precaria, pero en ruta de afianzamiento, la despartidización del ejército y de la policía, así como la desconcentración del poder.

El primer golpe a este tránsito hacia una democracia cada vez más fortalecida, fue el pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Un pacto que tuvo como propósito imponer y congelar el bipartidismo, repartirse los poderes del Estado y trocar la impunidad a las raterías de Alemán y sus compinches, a cambio de reducir el porcentaje necesario para ser electo como presidente. Ese porcentaje, recordémoslo bien, se redujo del 45% al 35%. Ese pacto dinamitó el camino, institucionalizó la corrupción, la exclusión política como modalidad de ejercicio de poder, restauró el concepto del Estado como patrimonio de los grupos de poder y, fundamentalmente, allanó el camino para el retorno de Ortega al gobierno.

El gobierno de Enrique Bolaños representó un intento de retomar el camino hacia la democracia pero los caudillos, Ortega y Alemán, mostraron que su pacto era de fondo y para largo y no permitieron que Bolaños gobernara con normalidad pues lo sometieron a un acoso permanente.

Y vinieron las elecciones del 2006 con la participación de 4 fuerzas políticas, el PLC, con la candidatura de José Rizo; el Frente Sandinista con su candidato de siempre; ALN, con la candidatura de Eduardo Montealegre; y el MRS con la candidatura de Edmundo Jarquín, quien sustituyó a Herty Lewites, que falleció en circunstancias todavía pendientes de aclarar, a solo cuatro meses de las elecciones.

El Consejo Supremo Electoral proclamó la victoria de Ortega, quien obtuvo el menorr porcentaje de votos en comparación con todas las elecciones en que participó. Los pregoneros del pacto declararon y declaran que ese triunfo se debió a la división del voto liberal. Un argumento para que lo crean los lelos. Ortega fue proclamado ganador, primero porque a esas alturas ya controlaba el Consejo Supremo Electoral: todavía hoy desconocemos los resultados del 8% de los votos. Y las ganó por el famoso 35%, de lo contrario, jamás habría retornado al poder.

Así, a partir del 2007 se inició el proceso de desmantelamiento, andamio por andamio, pilar por pilar, pieza por pieza, del edificio de la democracia que se encontraba todavía a medio construir. Hasta llegar al día de hoy, diez años después de que Ortega tomara el gobierno y 27 años después que Violeta Chamorro asumiera el gobierno.

Sin Constitución. Sin leyes. Sin derecho a elegir. Sin respeto a los derechos humanos. Y sembradas las bases de una nueva dinastía.

Doña Violeta el 25 de febrero de 1990.

En este contexto, y en esta fecha es justo dedicar unas palabras a doña Violeta. Una mujer nicaragüense que salió de su casa para promover la reconciliación, implantar la paz y allanar el camino hacia la democracia. Ganó. Gobernó. Y retornó a su hogar. Sin duda una mujer ejemplar que merece el reconocimiento de todos.

Y no voy a venir ahora de fariseo a golpearme el pecho. Yo para ese tiempo estaba en la otra acera. Pero eso de ninguna manera me impide apreciar los méritos y el coraje de doña Violeta. Tampoco me impide reivindicar el valor de la democracia. Y luchar por ella.

La nación nicaragüense pudo llegar al 25 de abril en 1990. Si se pudo antes, se puede ahora. Somos mayoría. Se trata de recobrar el espíritu de 1990 para recobrar la democracia.

Del blog de Enrique Sáenz

Humberto Ortega aconseja “centrismo y concertación nacional”

Humberto Ortega
Humberto Ortega

Lo hizo una vez más, el General en retiro y ex miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, Humberto Ortega Saavedra: dar consejos políticos a su hermano, Daniel utilizando campos pagados en un diario nacional.

Años antes de que Daniel Ortega retornara a la presidencia, Humberto, le propuso ubicarse en el centro político del país y dejar la izquierda.

 

Y aunque el actual mandatario no parece haberle hecho caso en el discurso, sí ha tenido por diez años un manejo neoliberal de la economía acompañado de programas sociales que le han acarreado mucha y nueva clientela política.

Esta vez, Humberto Ortega ha defendido a su hermano negando que el país sea conducido por una dictadura totalitaria y que se esté construyendo una dinastía, como alegan los críticos del sandinismo, entre ellos antiguos compañeros de armas.

“Nuestras formas de Estado no constituyen una dictadura militar, aunque producto del particular desarrollo histórico de nuestra sociedad desde caciques-conquistas-colonia, persisten en ser más piramidal-autoritaria-centralista que democráticas y desde 1990 con la necesaria autoridad de la incipiente democracia, reaparece el estilo personalista-familiar en la presidencia, diferente a una dinastía que nadie proclama y es inviable”, escribió Ortega en el campo pagado.

Más que un juego de imágenes y palabras

El escrito del General en retiro Humberto Ortega no desaprovecha lo gráfico al ilustrar el campo pagado con una fotografía de él, de sus tiempos de la guerrilla, con Carlos Fonseca, el fundador del FSLN.

Recuerda su destitución del Ejército de Nicaragua, al que considera el “resultado de un consenso de la nación”. También critica a obispos y líderes antisandinistas.

“Resalta la deteriorada imagen de las fuerzas políticas polarizadas en la lucha por el poder con posiciones excluyentes con prelados católicos que toman partido. Situación agudizada por la ausencia de un “Plan Humanista de Nación” consensuada entre todos y por el debilitamiento del papel fundamental en la sociedad política de la institución partido-dirigente, base-colectivo-individuo”, afirma Ortega.

Y concluye con un consejo muy claro a su hermano. Le propone que luego de ganar las elecciones convoque a un diálogo de Concertación Nacional con las fuerzas del país.

“Es oportuno que el candidato electo en las elecciones en curso, impulse al asumir la presidencia en enero de 2017, un proceso de Concertación Nacional con la dirigencia económica-política social-espiritual-académica para concretar el Plan Humanista de Nación”.

La concertación le ayudaría, a Daniel Ortega “para atraer la inversión-cooperación que fortalezca la producción nacional y la macroeconomía para vencer la pobreza”. Trinchera de la Noticia.

 

Gobierno de Ortega continúa negando ingreso a religiosos

Ilustración
Ilustración

Las interrogantes respecto a la decisión de la administración orteguista de aplicar una nueva directriz (restrictiva) para permitir el ingreso de religiosos al país son varias. Entre ellas y la más importante; sí ahora considera una amenaza a los religiosos extranjeros.

Se agrega por qué Daniel Ortega ahora impide el ingreso de religiosos si solo vienen a realizar labores propias de su Orden o será que tiene información que vienen hacer campaña electoral u “otras actividades”.

 

Ortega ha denominado su gobierno cristiano, socialista y solidario, sin embargo ese slogan o consigna nadie la cree pues con hechos más bien revive nefastos recuerdos de la década de los años 80’s, cuando aplicó una confrontación directa con las iglesias, en especial la católica.

El rechazo de 41 peregrinos salvadoreños que querían visitar el Santuario de Popoyuapa, en Rivas (semanas atrás), no fue una casualidad porque ahora el gobierno se reserva el derecho de dejar ingresar o no a religiosos. Es decir aunque cumplan los requisitos, el gobierno decidirá si le ceden “un permiso especial” para ingresar.

“Esta es una violación a los derechos humanos y a la libertad religiosa. Estamos en una situación un poco difícil, una situación que nos preocupa porque ahora también son motivos religiosos, ahora ya no solo (por) motivos políticos, sino por motivos religiosos”, denunció en su momento ante el CENIDH, fray Anselmo Alberto Maliaño, superior de los frailes franciscanos en Nicaragua.

La Mesa Redonda

Comandante somocista

simon-pachanoPor Simón Pachano / Dr. en Ciencia Política

Universidad de Salamanca, España.

Tomado de El Universo de Ecuador

Con mucha razón, el exvicepresidente y escritor nicaragüense Sergio Ramírez pone en duda que aún se pueda considerar a Nicaragua como una democracia. Su inquietud surge a partir de la destitución de veintiocho diputados del Partido Liberal Independiente por parte del Consejo Supremo Electoral controlado por el Gobierno. Por sí solo, esto sería suficiente para que quede al margen de los países que pueden ser calificados como democracias en América Latina, ya que en cualquier parte del mundo (excepto en el Ecuador con su congreso de los manteles) eso se llama golpe de Estado. Pero el asunto no termina ahí, ya que no solamente se ha desalojado a la oposición del único espacio institucional en que tenía presencia, sino que además, con una serie de triquiñuelas se la ha excluido de la elección presidencial de noviembre de este año.

El presidente Daniel Ortega tiene asegurada su reelección, ya que queda prácticamente como el único candidato habilitado. En esta ocasión, en un acto de sinceramiento con la realidad vivida a lo largo de todos los años que ha ocupado la Presidencia, conforma el binomio con su esposa. Hasta ahora ella ha sido el verdadero poder y no precisamente detrás del trono, sino junto, delante o incluso sentada en él. Es difícil saber si Ortega lo hace como una forma de pagar favores (como el haber tomado partido por él y en contra de su propia hija que lo denunció por abuso sexual), o por desconfianza con personas que vayan más allá del entorno íntimo. Lo cierto es que, con estas maniobras, Ortega logrará configurar un tipo de régimen bastante especial, que mezcla características propias de las dictaduras oligárquicas centroamericanas con las formas autoritarias del socialismo real y con el folclorismo de los bolivarianos del siglo XXI.

Es un paso firme hacia la consolidación de una dinastía familiar, muy similar a la que fue derrocada con la revolución en la que participó la pareja presidencial. Con ello, hace suya la herencia del somocismo. Pero se acoge también a la línea establecida por los socialismos hereditarios de Cuba y Corea del Norte, tan parecidos a las viejas casas reales. Eso sí, hay que reconocerlo, no está solo ni es muy original en esos empeños, porque el chavismo, el kirchnerismo y el madurismo lo acompañan en esa preocupación por asegurar que la familia presidencial goce tranquila y largamente del poder político y sobre todo del económico.

Frente a todo esto –y sin hacer referencia a las denuncias de corrupción–, a la pregunta de Sergio Ramírez sobre la democracia hay que añadir otra acerca del carácter de izquierda de ese gobierno (y obviamente de los de sus amigos bolivarianos que actúan con tanto afecto familiar). Sin duda, la respuesta es negativa. De ninguna manera era este engendro el tipo de régimen por el que lucharon los sandinistas. Ellos anunciaban la democracia que nunca había existido en Nicaragua, y prometían una izquierda renovada. Ni Ramírez ni los sandinistas originales se habrán imaginado que estaban pariendo un comandante somocista.

Con Ortega, en Nicaragua hay política oficial de rehenes

el_pulso_de_la_semanaPor Edmundo Jarquín

El anuncio que se reabría el juicio a Eduardo Montealegre, subraya una de las facetas más crueles del régimen autoritario de Ortega: en Nicaragua existe una política oficial o gubernamental de rehenes, o de personas que son retenidas, en este caso bajo la Espada de Damocles de una sentencia judicial que nunca llega, para obligarle a él o a terceros a cumplir determinadas condiciones.

En la misma situación están otras casi 40 personas, algunas de ellas viviendo en el extranjero en un verdadero exilio político pues sienten la natural amenaza de que se les reactive una acusación judicial politizada que lleva casi una década. Se trata del juicio por los Certificados Negociables de Inversión (CENIS). Independientemente de la naturaleza jurídica y financiera del caso, lo que resulta evidente es que el juicio nunca se falló para tener a los involucrados sujetos a una suerte de secuestro de su libertad política, empresarial y profesional.

De la misma estirpe es que con motivo del litigio por la casa que ocupaba el Embajador de Nicaragua en Panamá, la Procuraduría General de la República haya anunciado que todavía estaban abiertas causas al ex Presidente Alemán, pese a la sentencia absolutoria que obtuvo de Ortega cuando a inicios de 2009 volvió a traicionar a la oposición, y específicamente a Eduardo Montealegre quien había sido elegido alcalde de Managua en las elecciones municipales de noviembre de 2008, y entregó al orteguismo el control de la Asamblea Nacional cuando aún estaba en minoría. Que la partidización del sistema judicial en manos de Ortega sea producto del pacto de Alemán con el mismo, no hace cambiar en absoluto nuestro juicio, ni lo ocuparemos de excusa para callar ante una imparcialidad, y denunciar que él también ha terminado de víctima de la política gubernamental de rehenes.

Los anteriores son casos, si se quiere emblemáticos, pero es la situación que estamos enfrentando los nicaragüenses en nuestra vida diaria y no solamente quienes nos atrevemos a oponernos políticamente al régimen de Ortega.

¿Quién no sabe de croquis de accidentes de tránsito que le han sido cambiados, para que tenga que gestionar como favor político lo que le corresponde en justicia?

¿Y los problemas que han enfrentado comerciantes en la Dirección de Aduanas, pese a tener resoluciones del ámbito contencioso-administrativo a su favor?

¿Y los problemas de propiedad, derecho sucesorio y contratos, que se eternizan, hasta que se resuelven apoyándose en favores políticos gestionados en altos niveles?

¿Hay acaso alguna línea que separe, prácticamente para nada, a la política partidaria gubernamental del sistema judicial, desde los niveles locales hasta la Corte Suprema de Justicia?

A propósito de la anulación de toda posibilidad de la oposición de participar en las elecciones, y de la consecuente necesidad de iniciar nuevas formas de protesta y resistencia pacífica para revertir una situación política que tendrá inmensos costos humanos, económicos y sociales, no olvidemos que perder el temor al ruido de las llaves de la celda está entre esas formas de resistencia pacífica.

La Nicaragua Linda

Sergio Ramírez: Ortega ha convertido su administración en una autocracia dinástica

Sergio Ramírez Mercado
Sergio Ramírez Mercado

El ex vicepresidente y escritor nicaragüense, Sergio Ramirez Mercado admitió al diario ABC de España que aquí la gente no sale a protestar a las calles a favor de la oposición.

Según Ramírez, el Presidente Daniel Ortega ha convertido su administración en una autocracia dinástica que ha despojado de diputaciones a la oposición, publica Adolfo Pastrán en su boletín informativo de este martes.

 

Matizó que si bien hay rechazos a estas medidas políticas, no se demuestra y existe apatía, que él interpreta como la cooptación exitosa por parte del Gobierno a través de “dádivas y beneficios”, y otra, “el temor de la gente”.

“Muchos dependen de empleos públicos. Ser empleado público y salir a protestar se paga con la destitución, y nadie puede volver a tener un trabajo en el Estado si es destituido por esta razón. Hay trámites que hay que cumplir que dependen también del favor político. Todo esto va sumando para que haya una especie de pasividad en la gente”, argumentó.

Reconoció que en 1994 se quedó solo, pero se dedicó a cultivar la base histórica sandinista y nunca dejó de ir a los barrios, “y eso es lo que le dio el trampolín para volver al poder”.

ODCA protesta por abusos en Nicaragua

LOGO ODCALa comunidad internacional continúa rechazando las arbitrariedades del presidente inconstitucional Daniel Ortega Saavedra, a quien le exigen respete las reglas de la democracia y el Estado de Derecho, así como el pluralismo político.

La Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), que reúne a una gran cantidad de partidos políticos del continente, lamentó cómo Ortega viene afectando la estabilidad política y jurídica de la nación.

“Efectivamente hemos sido informados por fuentes fidedignas que se está poniendo toda clase de dificultades al libre actuar de los sectores opositores y se estaría también eliminando la observación electoral internacional, procedimiento que ha sido respetado tradicionalmente por los países democráticos”, expresa el comunicado de ODCA.

Por otro lado, la organización extranjera dirige su comunicado directamente a Daniel Ortega, a quien le advierte que es negativo eliminar a la oposición legítima.

Mediante una sentencia de junio pasado, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) le quitó el Partido Liberal Independiente (PLI) al opositor Eduardo Montealegre, para entregárselo a Pedro Reyes.

Rechazan destitución de diputados

“Para mayor preocupación se acaban de quitar los escaños legislativos, sin ningún proceso ni justificación válidos, a diputados opositores electos en los sufragios de 2011. Desarmar a la oposición legítima implica desfigurar los pasos democráticos por los que Nicaragua ha sabido caminar, durante ya varias décadas”, le recuerda el organismo internacional a Ortega.

La oposición política en Nicaragua desde hace años le viene exigiendo cambios totales en el sistema electoral, pero Ortega en repuesta les ha cerrado los espacios políticos y jurídicos para eliminarlos de la contienda electoral.

“Debo manifestarle que la ODCA que presido está muy en desacuerdo con los cambios de las reglas del juego democrático que cree percibir en Nicaragua”, advierte Juan Carlos Latorre Carmona, presidente de esa organización.

Información del diario La Prensa y Diario Nica

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Nicaragua, otra vez ante el escrutinio del mundo

Ilustración
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Daniel Ortega está de moda. Es tendencia en las redes sociales porque hay un desborde de artículos con sólo poner su nombre pero es una lástima que las noticias no sean buenas.

Las luces se encendieron en amarillo cuando la Corte Suprema de Justicia eliminó la personería jurídica del partido PLI a Eduardo Montealegre y se lo entregó a Pedro Reyes Vallejos.

 

Pasaron a rojo cuando el Consejo Supremo Electoral despojó de su diputación a 28 diputados opositores y dejó el Parlamento con sola la voz del partido de gobierno.

Los titulares sobre estos temas han sido variados. También hay editoriales contundentes como el que publicó el influyente diario estadounidense, The New York Time.

El diario El Mundo de España le dedicó otro editorial a la situación nicaragüense y hay grandes reportajes sobre la futura pareja presidencial como el que publicó El País de España.

También se dieron en la última semana, pronunciamientos como el de la Federación de Entidades Privadas de Centroamérica, Panamá y República Dominicana y el de Human Rights Foundation.

Cuatro ex presidentes de Costa Rica, 21 latinoamericanos y un ex presidente español, también se pronunciaron en contra del probable establecimiento de una dinastía.

“Se partió en Nicaragua…la democracia”, es el título del artículo del columnista, Héctor E. Schamis, publicado en El País de este lunes.

“Nicaragua imita la deriva autoritaria del chavismo” reza el titular del editorial de El Mundo de España.

“Dinastía Ortega-Murillo, el poder en manos de una familia” tituló el Diario de las Américas al reportaje dedicado a las próximas elecciones.

“Elecciones en Nicaragua, no serán un ejercicio democrático”, señaló The New York Times en su editorial.

Hay además artículos de opinión de columnistas costarricenses, pronunciamientos  del Partido Socialista de Francia. En fin, volvemos a estar en el ojo de la tormenta.

La Mesa Redonda

Presidente Solís “preocupado” por concentración de poder en Nicaragua

luis_guillermo_solis_la_hayaEl presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, expresó preocupación por la concentración de poder en Nicaragua, un día después de que el mandatario de ese país, Daniel Ortega, revelara que su esposa, Rosario Murillo, será su compañera de fórmula para las elecciones de noviembre próximo.

“Vemos con suma preocupación la concentración del poder que se está dando en ese país, que no es un fenómeno nuevo en historia política de Nicaragua”, declaró Solís en la conferencia de prensa semanal posterior a la reunión del Consejo de Gobierno.

El gobernante costarricense comentó que la situación del país vecino “desafortunadamente ha dado un giro cuya gravedad no se puede disimular”.

“La concentración del poder en una democracia atenta contra algunos de los elementos esenciales en esta forma de gobierno que se caracteriza por elecciones libres, limpias e internacionalmente supervisadas, la división de poderes y el pluralismo”.

Una dictadura “implicaría como en otros momentos de la historia, consecuencias muy funestas tanto para nosotros (los costarricenses) como para los nicaragüenses”, afirmó Solís.

Trinchera de la Noticia

De sucesiones familiares y dinásticas “líbranos Señor”

Rosario Murillo
Rosario Murillo

La Mesa Redonda Digital

Para los que pensaron que Rosario María Murillo Zambrana ya había escrito lo mejor de su existencia en las páginas de la historia de Nicaragua, se equivocaron. Aún le falta porque hasta presidenta del país podría ser, que sin desearle un mal al Comandante Daniel Ortega, en caso de su ausencia; temporal o definitiva, ella asumiría la silla presidencial, en el nuevo mandato, que Ortega ya se saborea.

Mucho se especuló de quién podría ser el complemento de Ortega; y varios fueron mencionados, desde el actual vicepresidente Hallesleven, el presidente del COSEP José Adán Aguerri, la jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera, e incluso este martes por la mañana hasta se pensó en la diputada Alba Palacios, pues no apareció en la lista de candidatas que repetirán en el parlamento.

La verdad que lo sorprendente hubiese sido que Murillo Zambrana no resultará ser fórmula de su esposo debido a que sin tener ese nombramiento (el de vicepresidenta) ha ejercido el poder de manera férrea y sin darle cuentas a nadie. Las señales de quién manda han sido más que evidente a la hora de “compartir el poder”, desde que el FSLN volvió asumir la presidencia en 2011

Todo indica que estamos al inicio de la sucesión o mejor dicho el comienzo de un nuevo capítulo en los anales de nuestra convulsionada historia, donde el poder presidencial se designa, se hereda, se traspasa, en este caso a la esposa del mandatario.

Dirían los conocedores de la ciclos políticos que hemos tenidos (principalmente los 30 años de los conservadores o los más de 40 de la dinastía de los Somozas), que no hay precedente alguno, en relación a la ambición de poder mostrado por la familia Ortega-Murillo.

“¿Quién mejor que la compañera?”, les cuestionó Ortega a decenas de simpatizante (mayoría jóvenes acarreados en autobuses del transporte colectivo), los cuales siguieron el guión practicado para aplaudir y vitorear la aprobación que Murillo es la única “elegida” para esa alta posición gubernamental.

Murillo, quien recientemente alcanzó los 65 años de edad (nació el 22 de junio de 1951), se ha salido con la suya dentro de la jerarquía del partido, incluso ha sabido “guerrear” con la línea dura del FSLN, quienes en la década de los años 80 y 90, la mantuvieron en su posición de “compañera del comandante” y hasta era “obviada” por sus posiciones sobre temas culturales.

Muchos, incluyendo militantes antiguos, ven ahora a un Ortega pagándole favores, principalmente por la posición que tomó Murillo cuando la familia vivió uno de los episodios más dramáticos. Todavía en la memoria de nuestra generación guardamos la imagen de la Primera Dama (foto), respaldando a su esposo en aquella ocasión.

Profesora, escritora, activista y con destacada participación en casi 10 años de gobierno de su esposo Daniel, Murillo ha demostrado que es tenaz, consistente y sobretodo planificadora a fin que las cosas le resulten, tal y como ella lo desea.

De allí que ha causado muchos roces generando ausencias de la vieja y merecedora militancia del FSLN, pues se ha encargado de montar sus propias estructuras, tanto en las instituciones públicas como en los Poderes del Estado a fin de lograr sus objetivos.

Las preocupaciones son naturales y ya hay señales internas y en el exterior de que la situación en el país podría venirse a pique ya que no solo han sido constantes las reiteradas violaciones a los derechos humanos y políticos de los nicaragüenses sino que ahora nos dirigimos hacia un estilo de ejercicio del poder nunca antes visto en nuestras tierras.

Y lo peor que podría suceder, con el eventual triunfo de Ortega en noviembre, es que al presidente le ocurra algo grave y asuma Murillo, pues saldrían a flote las diferencias serias que tienen importantes cuadros ahora relegados del FSLN. Además para nadie tampoco es un secreto que un sector de los empresarios privados no comulga con la Primera Dama.

En la clandestinidad, después que se incorporó al FSLN (1969), utilizó varios seudónimos como “Gabriela” “Carolina” o “Berenice Valdemar y fue en 1976 cuando fue arrestada en Estelí (mérito que le destacó Ortega). Al ser liberada se fue al exilio en 1977. Tras residir en Panamá y Venezuela, haciendo trabajo para la causa sandinista, llegó a Costa Rica y luego 1978, comenzó a ser la pareja de Ortega Saavedra.

No se puede negar que es una mujer que se ha esforzado por llegar a donde está, incluso que tiene méritos para aspirar a la vicepresidencia, el problema es que no es sano, prudente la concentración de poder que se viene recetando la familia Ortega-Murillo, basta hojear la historia para reconocer a qué nos ha llevado la sucesión familiar primero y dinástica después. De todo esto “líbranos Señor”.

Peor aún que por su sed de poder, intereses personales y económicos estén llevando al país a una situación en la que solo el pueblo volverá a ser como se dice “el chancho de la fiesta”, ya que el matrimonio y sus hijos están bien “prepeados”.